BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

domingo, 30 de diciembre de 2012

Música iniciática: Haydn, filósofo

   Franz Joseph Haydn compuso su Sinfonía nº 22 en mi bemol mayor (Hoboken !/22), apodada "El filósofo" (Der Philosoph) en 1764, cuando ocupaba el cargo de asistente de Kappelmeister en la corte del príncipe Nikolaus Eszterházy. Aunque la sinfonía aún muestra la forma de sonata da chiesa, en ella se prefigura el desarrollo del sinfonismo clásico. Tres movimientos tienen forma sonata (primero, segundo y cuarto), mientras que el tercero es un minueto y trío, en forma ternaria.
   El titulo de "El Filósofo" no se lo puso el propio Haydn; pero fue utilizado comúnmente, ya en vida del compositor. El nombre puede proceder del "diálogo" que se establece en el primer movimiento entre las cuerdas y el corno inglés, unido al clima reflexivo del conjunto de la obra, que recuerda la imagen de un sesudo pensador -¿Hume o Kant, por ejemplo?-, enfrascado en sus meditaciones.

 
 

 
   Pero Haydn tiene al menos otra obra "filosófica": la ópera en cuatro actos L'anima del filosofo, ossia, Orfeo ed Euridice, sobre libro de Carlo Francesco Badini, terminada en 1791, año de la muerte de Mozart. Nunca se representó en vida de Haydn, y tuvo que esperar a 1951, fecha en la que se estrenó en el Teatro della Pergola de Florencia. Estremece ver cómo Haydn escoge, al final de su vida, el mito de Orfeo, para entonar el canto del cisne de la belleza neoclásica, que veía desaparecer para siempre. Aquí tenemos la inconmensurable version de C. Bartoli y N. Harnoncourt:




jueves, 20 de diciembre de 2012

Música iniciática: Mahler, Nietzsche y Eduard von Hartmann: Sinfonías 2ª y 3ª

   



   Gustav Mahler es, sin duda, uno de los compositores "iniciáticos" por excelencia, seguramente por el carácter profundamente "filosófico" de muchas de sus obras. Entre ellas destacan dos, que son mis favoritas (junto con Das Lied von der Erde, por supuesto): la Sinfonía nº 2, en do menor "Resurrección", una monumental reflexión musical sobre la muerte y el renacimiento, y la Sinfonía nº 3 en re menor, mucho más "mundana", que contiene un impresionante texto del Also Sprach Zaratustra nietzscheano. Ambas obras, tomadas en conjunto, suponen una síntesis de muerte y vida, Thanatos y Eros, magistralmente unidos en una simbiosis sublime y única. 
   La Sinfonía nº 2 fue llamada inicialmente Totenfeier (Ritos fúnebres), y era simplemente un poema sinfónico en un movimiento, basado en un drama del poeta polaco Adam Mickiewicz. Mahler lo terminó en 1888, pero desanimado por la opinión negativa del director Hans von Bülow, aparcó el proyecto. Lo retomaría en 1894 -ya muerto von Bülow-, cuando oyó la oda Auferstehen (Resurrección) del poeta alemán Friedrich Gottlieb Klopstock.
   Mahler siempre estuvo obsesionado por la muerte, el cáracter transitorio de la belleza y la extremada fragilidad de las emociones humanas: "¿Cómo son de oscuros los cimientos en que descansa nuestra vida?" -se preguntaba en una ocasión- "¿De dónde venimos? ¿Adónde conduce nuestro camino? ¿Cuál es el objeto de nuestros afanes y nuestras penas? ¿Cómo debo entender la crueldad y la malicia que hay en la creación de un Dios Bondadoso? ¿Será la muerte quien revele por último el significado de la vida?" (Deryck Cooke, Gustav Mahler. An Introduction to His Music, Faber & Faber, 1980, p.9; Cit. en: Susanne Keegan, Alma Mahler La novia del viento, Paidós, Barcelona, 1993, p. 91)
  Para hallar una respuesta a estas dramáticas preguntas, Mahler acudió, primeramente, a Schopenhauer y a Nietzsche. Ninguno de ellos le ofreció una explicación satisfactoria: la pesimista visión del primero acerca de la incapacidad de la humanidad para librarse de las garras de unas circunstancias que están fuera de su control, y la negación del segundo de la existencia de Dios, no calmaron su necesidad de alimento espiritual, que se vio más satisfecha con la novelística de Dostoievsky.
   En junio de 1879, escribía Mahler a su amigo, el abogado Josef Steiner: "Dominan mi alma, por riguroso turno, la máxima intensidad de la vitalidad más jubilosa, y el más apasionado anhelo de muerte. (...) De una cosa estoy seguro: de que no puedo seguir así durante mucho más tiempo. Lucho como un salvaje para romper los lazos que me encadenan al repugnante e insípido pantano de esta vida, y con toda la fuerza de la desesperación, me aferro a la tristeza., mi único consuelo. Entonces, de repente, el Sol vuelve a sonreirme, y desaparece el hielo que me aprisiona el corazón, vuelvo a ver el cielo azul y las flores que se columpian al viento, y mi risa burlona se deshace en lágrimas de amor... ¡Oh, ojalá algún dios rasgara el velo de mis ojos, para que mi clara mirada pudiera penetrar en la médula de la tierra! ¡Oh, que pudiera yo contemplar esta tierra en su desnudez, tendida sin adornos ni embellecimientos ante su Creador; entonces podría yo seguir adelante y mirar de frente su genio...!
  Traducidos en términos musicales, esos intensos sentimientos se transforman en temas de imponente magnitud, que exigen de los que se disponen a escucharlos que también ellos se enfrenten con su propia mortalidad, ante la perspectiva de un Dios impredecible y temible: "Afrontemos una vez más preguntas aterradoras" -escribió Mahler sobre el quinto movimiento de su segunda sinfonía-: "Se oye una voz que clama: 'Ha llegado el fin de todas las cosas vivientes, el Juicio Final está a la vista... La tierra tiembla; los sepulcros se abren de golpe; los muertos se levantan y empiezan a andar en procesión interminable. Los grandes y pequeños de la tierra -reyes y mendigos, los justos y los malvados- todos se apresuran hacia adelante; el clamor pidiendo compasión y perdón resuena horrible en nuestros oídos."
   Atendiendo a esta tensa problemática, el programa de la obra es el siguiente: el primer movimiento representa un funeral, y busca una respuesta a la pregunta: "¿Hay vida después de la muerte?"; el segundo movimiento hace referencia a los tiempos felices de la vida, irremediablemente pasados; el tercer movimiento representa el particular descenso a los infiernos del compositor, entendido como la completa pérdida de la fe, y la consideración de la vida como un sinsentido; el quinto movimiento, en forma de gran lied, supone el renacimiento de la fe; y, finalmente, el quinto movimiento, después del regreso de las dudas del tercero y las preguntas del primero, termina con la consumación del amor divino y el renacimiento de la vida después de la muerte.
   La sinfonía nº 3, por su parte,  es un enorme fresco sonoro, que refleja diversos estados de ánimo del compositor ante la naturaleza. Se estructura en seis movimientos:
I. El despertar de pan. El verano hace su entrada.
II. Lo que me cuentan las flores del campo.
III Lo que me cuentan los animales del bosque.
IV. Lo que cuenta el hombre (la noche).
V. Lo que me cuentan las campanas de la mañana (los ángeles), y
VI. Lo que me cuenta el amor.
   Trata de explicar todo el recorrido de la vida, desde lo inconsciente a la conciencia más elevada, que se traduce en amor. En ella, como afirmaba el mismo Mahler, "la Naturaleza misma toma voz, y dice secretos tan profundos que quizá el mundo jamás ha escuchado."


Eduard von Hartmann, 1842-1906


   Personalmente, considero que el filósofo más próximo al mundo sinfónico mahleriano no es ni Schopenhauer, ni Nietzsche, ni Fechner (otro de sus referentes), sino Eduard von Hartmann: La alternancia entre pesimismo y optimismo; el carácter reflexivo y la capacidad para penetrar en los abismos del inconsciente, así como el ambiente "crepuscular" del pensamiento hartmanniano, coinciden maravillosamente bien, según yo los entiendo, con el formato y la emocionalidad que transpiran las obras mahlerianas, al menos las más extensas. (No hay que olvidar que el último libro que estaba leyendo Mahler antes de morir era ni más ni menos que Das Problem des Lebens, de von Hartmann). Y nadie debería extrañarse ante esta mezcla de influencias diversas, aparentemente incompatibles (¡Eduard von Hartmann y Nietzsche: los enemigos filosóficos par excellence!) sobre nuestro compositor; pues los artistas toman de aquí y de allá lo que les interesa de la filosofía para crear sus obras, y no reparan en la coherencia de los contenidos filosóficos mismos, o en su incompatibilidad... Ni falta que les hace: Un filosofema es para ellos meramente la "ocasión" que necesitan para desarrollar una determinada idea musical, o para que tome forma concreta un particular sentimiento.
   Iniciémonos en los misterios de la vida, la muerte y la resurrección de la mano del mago Mahler:





   Para ampliar información sobre ambas sinfonías:

Sinfonía nº 2 "Resurrección" de Gustav Mahler

Sinfonía nº 3 de Gustav Mahler


   Por lo que se refiere a la relación entre Mahler y la filosofía, resulta sumamente interesante el breve, pero jugoso, artículo de Consuelo Garví Ruiz: Dostoievski en Mahler: Una relación de luces y sombras
  Y, para terminar, ahí os dejo el himno O Mensch! de Nietzsche, base del cuarto movimiento de la tercera sinfonía. Realmente, un buen final:

Letra del cuarto Movimiento

Para Contralto
Alemán Castellano
O Mensch!
(Friedrich Nietzsche, "Also sprach Zarathustra")

O Mensch! Gib acht!
Was spricht die tiefe Mitternacht?
Ich schlief!
Aus tiefem Traum bin ich erwacht!
Die Welt ist tief!
Und tiefer als der Tag gedacht!

O Mensch! Gib acht!
Tief ist ihr Weh!
Lust tiefer noch als Herzeleid!
Weh spricht: Vergeh!
Doch alle Lust will Ewigkeit!
Will tiefe, tiefe Ewigkeit!
¡Oh, Hombre!
(Friedrich Nietzsche, "Así habló Zaratustra")

¡Oh, Hombre! ¡Presta atención!
¿Qué dice la profunda noche?
¡Yo dormía!
¡Me desperté de un sueño profundo!
¡El Mundo es profundo!
¡Y más profundo de lo que el día recuerda!

¡Oh, Hombre! ¡Presta atención!
¡Profundo es tu sufrimiento!
¡La alegría es más profunda que la pena!
El sufrir habla:¡Desaparece!
Pero toda alegría busca la eternidad,
¡Una eternidad profunda, profunda eternidad!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Filósofos y tumbas: Simbología en las sepulturas de Salmerón y Pi y Margall

   Uno de mi lugares favoritos en Madrid es el Cementerio Civil de la Necrópolis del Este, situado frente al Cementerio de la Almudena. En él, junto a líderes de izquierdas, masones, judíos, protestantes, suicidas, etc. descansan también algunos de los pensadores y escritores más importantes de nuestro país, como Julián Sanz del Río, Pío Baroja, Julián Besteiro (si mal no recuerdo), Mario Roso de Luna (el "mago de Logrosán"), Nicolás Salmerón, Francisco Pi y Margall y Xavier Zubiri. Un paseo por este solitario y algo descuidado paraje me hace pensar en el papel secundario que han tenido la filosofía y la teosofía en nuestro país, que ha relegado a los representates de estos saberes "inútiles" a un lugar marginal, incluso después de muertos.

Doble columnata "masónica" en el Cementerio Civil de Madrid



Pórtico de acceso al Cementerio Civil de Madrid



Tumba del teósofo Mario Roso de Luna (el "Mago de Logrosán")


Lápida de la tumba de Xavier Zubiri


   Mientras sepulcros como el de Zubiri no destacan apenas (salvo, paradójicamente, por la cruz que adorna su lápida, excepcional en una necrópolis llena de compases, escuadras, menorahs, y otras "hierbas heterodoxas", lo que muestra, dicho sea de paso, el carácter siempre un poco extemporáneo que tuvo el filósofo vasco-madrileño, que aquí parece un poco fuera de lugar), hay dos tumbas: las de Nicolás Salmerón y Francisco Pi y Margall, que a mi siempre me han atraído siempre especialmente, quizás porque creo haber adivinado en ambas un peculiar simbolismo, vinculado a los sistemas filosóficos que defendieron en vida ambos pensadores, y que a continuación voy a tratar de explicar.


Tumba de Nicolás Salmerón en el Cementrio Civil de Madrid

    Comenzaré por el sepulcro de Nicolás Salmerón (1837-1908), destacado filósofo y presidente de la I República en 1873. Detrás de su tumba, que se alza sobre un plinto de cinco escalones,  y que tiene una apariencia rústica -pues está formada por fragmentos de piedra que dan la sensación de estar craquelados, o a punto de romperse en pedazos-, se alza un monumental dintel clásico, formado por dos columnas y arquitrabe. Tras éste, aparece una amplia estructura, en forma de Delta o pirámide, en la que se lee la siguiente inscripción: "POR LA ELEVACIÓN DE SU PENSAMIENTO / POR LA RECTITUD INFLEXIBLE DE SU ESPÍRITU / POR LA NOBLE DIGNIDAD DE SU VIDA / NICOLÁS SALMERÓN / "DIÓ HONOR Y GLORIA A SU PAÍS Y A LA HUMANIDAD" (CLEMENCEAU) / DEJÓ EL PODER POR NO FIRMAR UNA SENTENCIA DE MUERTE" (Alude a la conocida anécdota, según la cual Salmerón abandonó la presidencia de la República, al verse enfrentado a la decisión de firmar una serie de condenas a muerte, que habían recaído sobre los sublevados del cantón de Cartagena).

Epitafio de Salmerón

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Viñeta del cómic Nicolás Salmerón de M Carmen Amate y J. M. Beltrán
  

   Salmerón, elevado al grado de catedrático de Metafísica en la Universidad Central de Madrid desde 1869, fue una de las personalidades más destacadas del krausismo español. Discípulo de Julián Sanz del Río y amigo personal de Francisco Giner de los Rios, su trayectoria intelectual se vio muy afectada, no obstante, por su empeñado compromiso político, que le restó tiempo para dedicarse plenamente a la filosofía.
   Su producción, como señala J. Luis Abellán, puede dividirse en varios períodos; pero, en general, cabe definirla como una síntesis de krausismo y positivismo (krauso-positivismo), aunque en sus escritos se detecta el típico matiz ecléctico, propio de la filosofía española de la época, pues en ellos aparecen citas de Fechner, Wundt, Spencer, Haeckel, Schopenhauer, E. von Hartmann, C. Bernard, Ahrens, V. Cousin, o de su maestro y amigo Sanz del Río, entre otros.

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Nicolás Salmerón



   La primera vez que visité la tumba de Salmerón, pensé que quizás encerraba alguna alusión a los principios filosóficos que habían orientado su pensamiento; es decir, supuse que en ella existirían pistas de aquello que Salmerón imaginaba que iba a encontrar tras su fallecimiento; algo que, desde luego, no cabe entender desde los patrones habituales de la religión católica romana, sino que requiere otras claves, de tipo filosófico. Y creo haberlas encontrado, primero en los planteamientos  masónico-krausistas sostenidos en sus primeros años por Salmerón, y luego en el peculiar monismo filosófico que adoptó en la última etapa de su vida.
   


   Empecemos por el plinto, al que se accede tras subir cinco escalones. El cinco es el símbolo del hombre, y es considerado dentro de la tradición masónica como un número misterioso, compuesto por el 2 (símbolo de todo lo dual) y el 3 símbolo de la divinidad. Representa también los cinco sentidos, las cinco extremidades y las cinco formas sensibles de la materia; en suma, la totalidad del mundo sensible.
   Topamos, seguidamente, con la tumba de Salmerón, cuya piedra fracturada parece como si fuese a abrirse en cualquier momento, para dejar paso libre al alma del prócer almeriense. A ambos lados de la misma, se alzan las dos columnas dóricas, que he reseñado antes, y que tienen un evidente simbolismo masónico, pues aluden, seguramente, a la severa diosa Minerva, y a la facultad para unificar conceptos que se refieren a un mismo objeto. En la tradición masónica, además, las columnas tienen como función conectar lo bajo con lo alto, la tierra con el cielo; y también simbolizan al hombre, pues el pedestal equivale al alma sensible (aunque en este caso falta, por tratarse de un dórico puro); el fuste se equipara a la mente o inteligencia; el hueco central de la columna tiene su reflejo en el ego o yo; el capitel simboliza la intuición, y, finalmente, el arquitrabe señala al espíritu, o principio universal de vida. Tenemos delante, en suma, un trasunto  de las majestuosas columnas Jakin y Boaz, que se erguían antaño en el vestíbulo del Templo de Salomón, y que ahora, en memoria suya, presiden la entrada de cualquier templo masónico, orientándose hacia Occidente. Su significado: "solidez y estabilidad" (Jakin) y "fuerza" (Boaz), marca los límites del mundo profano, siendo la puerta que comunica con el tiempo sagrado. Designan, en fin, las fuerzas constructivas y destructivas, sin las cuales no puede subsistir ningún ser de la naturaleza.
   El portal columnado da acceso visual al gran "Delta piramidal" que anteriormente he mencionado. También aquí existe una simbología claramente masónica, pues el triángulo simboliza el lugar donde se sitúa el Venerable Maestro, alzándose sobre la pared de Oriente, por encima del sol y la luna (la divinidad y la Naturaleza, respectivamente), representando al Gran Arquitecto del Universo.
   Este triángulo representa los tres principios arquetípicos universales, que se expresan en todos los planos de la creacion, como una fuerza que crea, otra que conserva y una tercera que destruye o transforma. Las tres ideas-fuerza citadas surgen de la unidad primordial, o mediatriz del triángulo (donde suele figurar en los templos de la masonería la letra G, o el "ojo que todo lo ve", aunque aquí, en la tumba, como es obvio, figura la inscripción conmemorativa de las virtudes del finado). El calado de este símbolo va, en todo caso, más allá, ya que representa multitud de aspectos, todos ellos igualmente sugerentes: la máxima masónica: "libertad, igualdad y fraternidad"; la tríada eterna: pasado, presente y futuro, que se unen en la Eternidad (o Dios Eterno); la "Sabiduría, Fuerza y Belleza", atributos de ese Dios; los tres reinos de la naturaleza; las tres fases de la revolución perpetua: nacimiento, vida y muerte, así como las tres propiedades de la substancia infinita: actividad, inercia y ritmo. Cabe encontrar, en fin, una alusión a la Tetraktys pitagórica, formada por el triángulo de diez puntos dispuestos en pirámide, que apuntan a la totalidad y el retorno a la unidad.
   Pero a estas referencias masónicas -más o menos obvias, para quien conoce, siquiera superficialmente, la simbología de la Orden-, hay que añadir las referencias krausistas, que también creo detectar en el monumento. No se trata de ámbitos distintos, puesto que, como es sabido, Krause fue un ferviente masón, hasta que fue expulsado de la secta (acusado de difundir sus secretos), y muchos krausistas fueron, como su maestro, masones.
   En el krausismo, como es sabido, se expresa una peculiar y compleja dialéctica "de ida y vuelta" entre lo finito (el yo) y lo infinito (Dios, o la Esencia Originaria [Urwesen]) que, a mi juicio, cabe encontrar en la disposición de la propia tumba salmeroniana: del "yo finito" (tumba de Salmerón) podemos deducir de forma analítico-subjetiva, la existencia de "cuerpo" y "mente", es decir, la Naturaleza y el Espíritu (las dos columnas que flanquean la tumba), esencias finitas que, en calidad de tales, postulan una esencia superior, infinita, fundamento de todas las esencias finitas y fuente de toda la realidad: el Ser Absoluto, o Dios, representado en este monumento por la Delta-pirámide. Adoptando ahora un punto de vista inverso, sintético-objetivo, descendemos del Ser Absoluto al hombre, y en este recorrido, contrario al anterior, partimos de la totalidad superior de Dios (el Ser Absoluto), y descendemos luego deductivamente a través de la dualidad Naturaleza-Espíritu, hasta la unidad básica del yo, encarnación del individuo humano. El hombre, como puede verse, ocupa una posición central en el krausismo, porque en él tiene lugar la unidad de la Naturaleza y el Espíritu, a través del ideal de la Alianza de la Humanidad (representada tanto por el difunto, como por todos aquellos que vienen a visitar su tumba, convocados por la llamada racional del Ser Supremo).
   Esta interpretación se amplía con los principios vagamente positivistas y psicologistas sostenidos por Salmerón en sus últimos años, algunos de los cuales tienen que ver, según yo los entiendo, con la Filosofía del Inconsciente de Eduard von Hartmann. En su "Prólogo" al libro Filosofía y Arte, de Giner de los Ríos (1878), pp. XXVI-XXVII, Salmerón afirma que nadie puede sustraerse "a la necesidad de investigar el principio real que liga la conciencia a lo inconsciente, en el marco de una "concepción monística de la realidad": es necesario "penetrar -dice- en las regiones de lo inconsciente; indagar en la composición de la psico-física la unidad indivisa de la realidad [y] rectificar el añejo dualismo que ha hecho hostiles y recíprocamente deficientes la Física y la Metafísica" (pp. XII-XIII). Es precisamente este ideario el que encontramos representado simbólicamente en su tumba, donde en la cúspide monístico-piramidal del principio real de lo inconsciente convergen las dos columnas de la Naturaleza y el Espíritu, como había mantenido von Hartmann.


Tumba de Pi y Margall en el Cementerio Civil madrileño


   Pasaré ahora a analizar la tumba de Francisco Pi y Margall (1824-1901), también Presidente de la I República, hegeliano, prodhoniano, y masón, pero ante todo, un "romántico" de pies a cabeza.
   J. F. García Casanova, en su libro Hegel y el republicanismo en la España del siglo XIX (1982), ha señalado que "con ser grande la importancia de los planteamientos políticos de Pi y Margall, aún es mayor su valor filosófico" (pág. 108). Ahora bien, la filosofía de Pi, aunque ligada al hegelianismo, defiende a la persona individual como eje de su sistema, sin que ésta sea absorbida nunca por el Espíritu Absoluto (Dios), ni por el Espíritu objetivo, bajo la forma del Estado. Como es sabido, Pi fue un anarquista filosófico, defensor del individualismo radical, y de la necesidad de construir la sociedad humana "de abajo arriba", mediante pactos federales, en vez de imponer la unidad "de arriba abajo", como hace el pensamiento reacionario.
   
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Francisco Pi y Margall (o Pi i Margall para los amigos catalanes)


   Pero aquí no nos interesa el Pi y Margal de Las Nacionalidades (al que quizás dediquemos otra entrada en el blog), sino el Pi metafísico y panteísta, que es el que creo ver reflejado en el mausoleo que rodea su tumba. 
   De nuevo cinco escalones, elevados sobre un plinto que encierra una suerte de "temenos laico", dan acceso a una recia portada, flanqueada por cuatro cuartos de círculo pétreos. Sobre un dintel con la forma de la letra PI, aparece la cabeza de un genio alado republicano, tocado con el inevitable gorro frigio. Dentro, contemplamos la lápida,con una inscripción en la que se proclaman las virtudes del político y filósofo catalán, lamentándose de que sus recomendaciones federalistas no fueran tenida en cuenta, pues habrían permitido salvar nuestras colonias. (La inscripción actual es más escueta que la que debía haberse colocado, por voluntad de los hijos de Pi, que rezaba: TRABAJADOR INFATIGABLE, LITERATO, FILÓSOFO, POLÍTICO Y ESTADISTA. OCUPÓ LOS MÁS PREEMINENTES PUESTOS Y VIVIÓ POBRE. FUE JEFE DE UN PARTIDO Y MAESTRO DE UNA ESCUELA. AMÓ LA VERDAD Y LUCHÓ POR SUS FUEROS. EL UNIVERSO ERA SU PATRIA. JOVEN DE CORAZÓN Y ENTENDIMIENTO, RECORDADLE LOS QUE LE AMÁBAIS. RESPETAD SU MEMORIA E IMITAD SU EJEMPLO. EL TRIUNFO DE SUS IDEALES ESTABLECERÁ UN DÍA LA PAZ DEL MUNDO."
   Las claves interpretativas de ested monumento se encuentran, creo, en el panteísmo hegeliano que sostenía Pi y Margall: Siguiendo a Hegel, Pi rechaza todo dualismo maniqueo, para afirmar un monismo que defiende la unidad del mundo y de la existencia del absoluto con carácter panlogista. El absoluto, Dios, es interpretado como una especie de "alma de la naturaleza", o razón, que se manifiesta en el mundo de múltiples formas, siendo la realidad el proceso de despliegue de dicha razón universal. Así, en La reacción y la revolución afirma que "Dios y el universo viven una misma vida: todo es uno", y que "Son una sola sustancia Dios y el universo" (pp. 283-290); asimismo, en Las luchas de nuestros días (1890) dice que: "los seres creados son simples modos de la substancia de Dios; Dios y el mundo son idénticos, [de modo que] la verdadera religión es el panteísmo." (p. 481)
   Ahora bien, este monismo panteísta se basa en la dialéctica entre lo finito y lo infinito, ya que ambos conceptos "lejos de ser contradictorios se implican y se contienen mutuamente. No se advierte que, como lo infinito tiende necesariamente a limitarse, tiende lo finito a universalizarse y absorberse en lo infinito" (Ibídem). De manera que lo finito no es sino lo infinito en sus determinaciones concretas, mientas que lo infinito no es más que lo finito llevado a su máxima universalidad; o, dicho de otro modo: finito e infinito, en el fondo, convergen o se concilian, son idénticos, corroborándose así el punto de partida monista. Esta dialéctica infinito-finito se plasma, por un lado, en la tensión entre unidad y variedad (multiplicidad), que recorre todo el universo, y que constituye la verdadera "ley del mundo"; y, por otro, en el hombre, que como "ser finito, camina a lo infinito por el desenvolvimiento de sus facultades y la natural energía de su espíritu." (Las luchas de nuestros días, p. 434).
   ¿Cómo se plasma este ideario en el mausoleo que se alza imponente ante nosotros? Sencillamente, con el número PI, símbolo de la relación geométrica que existe entre la circunferencia (presente en el monumento a través de los citados tres cuartos de círculo) y su diámetro. Pues, en efecto, como señala muy acertadamente José Carlos Fernández Romero en su artículo "El número PI: 3,14159 - Poder creador, conservador y destructor de la naturaleza", el número pi simboliza "la quintaesencia de nuestro universo dinámico"; es el "símbolo numérico de la energía creadora (formadora), sostenedora y destructora que rige la naturaleza en todos su planos. Es uno de los Números Sagrados (...), que expresa la irrupción del espíritu en la materia, o la cristalización en formas de lo indefinido, la relación entre lo conocido y lo desconocido (...), entre lo limitado y lo ilimitado, entre el Ser y el Existir, entre la unidad y la multiplicidad, entre lo permanente y lo efímero, lo homogéneo y lo heterogéneo". Según Fernández Romero, este número fue conocido en las escuelas esotéricas de todos los tiempos "como el número llave del Movimiento en la Naturaleza", y "símbolo de su dinamismo, que nace siempre de la contradicción entre (...) eternos pares de opuestos."
   Análogamente H. P. Blavatsky, en La Doctrina secreta, indica que "en todas las civilizaciones antiguas (...) los poderes creadores -diferenciadores y formadores-, que mantenían el orden de la naturaleza y que finalmente la llevaban a su extinción, fueron representados por este número." El número PI, en fin, y de nuevo en palabras de Fernández Romero, por su carácter, a la vez racional e irracional, "expresa el fuego primero, el pilar que sostiene íntegramente la Naturaleza, y cuyo símbolo (...) es como la Puerta de un Templo que nos permite penetrar en los Misterios de la Creación"; esos Misterios en los que esperaba quizás iniciarse nuestro político-filósofo tras su muerte.
   ¿Y qué opinaba él, personalmente, de la Parca? Oigámosle -o, más, bien, leámosle- en estos fragmentos, en los que se mezclan argumentos positivistas y panteístas, que ponen punto final a esta entrada:

   "(...) ¿Puedo descifrar lo que será [de mi espíritu] después de la muerte? (...) Las metamorfosis por que haya pasado ó pueda pasar no me las han indicado todavía hechos que yo tenga por inconcusos. Nada me dice aún ni cómo ni cuándo se desatará del cuerpo á que va unido, ni si después de libre animará otros seres ó vagará por los espacios, ni si encontrará ó no el castigo de sus faltas ó la recompensa de sus sacrificios. Se entra aquí ya en el terreno de las hipótesis, y éstas pueden ser infinitas. (Las luchas de nuestros días, p. 64)

   "Mueren los individuos, agótanse las especies, extínguensé las razas, vienen á ruina los imperios, deshácense tal vez en polvo los astros; el mundo continua viviendo. No perece jamás ni la materia de que se compone, ni la fuerza que la mantiene compacta, la disgrega ó la hace rodar en torno de conocidos ó desconocidos soles dentro de inmensas órbitas. Transfigura la muerte la materia, no la aniquila; y el mundo sin cesar se renueva por el vaivén de la muerte á la vida, de la vida á la muerte." (Ibíd., p. 369)

   "No, éste [mundo] no es para nosotros lugar de prueba ni de castigo. Nada significa que muramos. Sujetos a las condiciones generales de la vida, es natural que vayamos del nacimiento á la reproducción y de la reproducción á la muerte. Ni hay por qué la muerte nos espante. (...) La muerte es una simple metamorfosis." (Ibid. p. 413)

   Ya pocos escriben así.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Música iniciática: Julio Verne y el esoterismo: "Viaje al Centro de la Tierra" de Rick Wakeman

   Hace unos años, la iniciación de la juventud corría de la mano de dos escritores que había que leer velis nolis: Julio Verne y Emilio Salgari. De hecho, quienes me conocen saben que yo distingo dos tipos de personas: las que han leído a Julio Verne y las que no.
   Y es que, aunque las novelas de Verne venían recomendadas bajo la etiqueta de "literatura para adolescentes", hoy sabemos que se trata de obras con varios niveles de lectura, y que en su núcleo más íntimo encierran un notable contenido esotérico (sobre este punto, podéis consultar, para abrir boca los siguientes enlaces: Julio Verne y el masón Capitán Nemo - Entender al Julio Verne esotérico - Julio Verne: Essoterismo e Massoneria - Yo, Julio Verne.)
   Leyéndolas, el joven entraba en un universo peculiar que, partiendo del cientificismo del XIX, construye una "mitología contemporánea", cargada de símbolos entroncados con la tradición oculta, y dirigidos a despertar su conciencia superior. Luego, a lo largo de su vida, el joven  colocado por Verne en el umbral de la iniciación, podía continuar profundizando en ella, o no.
   Pero aquí no vamos a centrarnos en este aspecto de la obra del genial literato francés, sino en una obra musical mítica relacionada con él: el monumental y barroco homenaje que le dedicó Rick Wakeman en su álbum Journey to the Centre of the Earth (1974), uno de los hitos de la historia del rock progresivo (o, como a mí me gusta llamarlo, el rock "metafísico").




   Mientras Rick Wakeman entra en trance en esta versión en vivo de 1975, perdido entre sus teclas y tocando con los dedos todo un mundo de inquietantes armonías, la voz del narrador nos introduce en el extraño mundo de la novela, recreado musicalmente. la historia es bien conocida: el hallazgo de un misterioso manuscrito del alquimista islandés Arne Saknussemm (inspirado en el erudito del siglo XVII Arni Magnússom (1)), encontrado dentro de un incunable por el profesor alemán Otto Lidenbrock, le lleva a él y a su sobrino Axel, acompañados por el guía Hans (un trasunto simbólico de las tres almas platónicas del hombre) a acometer un "descenso a los infiernos", en el curso del cual descubrirán, más que el "centro físico de la tierra", un tesoro de valores mucho más importantes, centrados en el esfuerzo, el sacrificio y la camaradería.
 Parece como si Verne quisiese decirnos que la ciencia moderna, representada por Lidenbrock, no será nunca capaz de aproximarse al "centro" metafísico de la realidad, como sí logró hacerlo el atrevido alquimista medieval que da origen a la trama; por eso, el viaje fracasa: porque, como dice Patrick Harpur en su excelente libro El fuego secreto de los filósofos (2002) , Lidenbrock entiende el mensaje filosófico-alquímico de Saknussemm de una forma literal; y por eso la tierra termina expulsando de su seno a los exploradores por el volcan Stromboli: no eran dignos de la empresa.
  Iniciemos también nosotros, ayudados por Wakeman, un camino diferente. Descendamos al interior de nuestro corazón, y sigamos el sendero alquímico que conduce al descubrimiento de nosotros mismos... Como hizo Saknussemm. Y llevémonos este álbum,, para entonar de paso nuestras ánimas. Puede que esta vez el viaje tenga éxito.

(1) Serge Hutin, en su libro Las civlizaciones desconocidas (Plaza & Janés, Barcelona, 1980, p. 134), parece dar por segura la existencia de Saknussemm; nos dice: "Arne Saknusemm, alquista islandés del siglo XVI, consideraba Islandia como el vestigio del continente desaparecido [de Hiperbórea, o la Atlántida]. Saknussemm expresa, por otra parte, una idea bastante ciuriosa: considerando que los formidables fenómenos volcánicos que hundieron la Atlántida mezclaron caóticamente todas las tierras convulsionadas, el único emplazamiento donde habría posibilidad de encontrar ruinas atlantes sería... el centro de la Tierra. El alquimista islandés conocía, al menos así lo pretende la tradición, el camino que conducía hasta allí."

1º de Bachillerato: Falacias lógicas 2

    

http://www.lukesurl.com/comics/2009-11-13-argument.png

   Dado el interés suscitado entre el alumnado por las falacias, he decidido ampliar la información disponible en el blog con nuevos enlaces:





   Y, a continuación, un documental sobre el tema, a cargo de José Mª Mateos, Ingeniero de Telecomunicaciones, interesante (aunque la toma no es demasiado buena):



martes, 11 de diciembre de 2012

1º y 2º de Bachillerato: Martin Heidegger: Pensando lo impensable



   Capítulo de la serie "Humano, demasiado humano", producida por la BBC, en el que se aborda el pensamiento de Martin Heidegger. Aunque hace demasiado hincapié, para mi gusto, en los aspectos políticos del pensamiento del autor, constituye una introducción aceptable a su difícil y enrevesada filosofía. Divierte un poco ver al viejo Heidegger exponer con voz "de bóveda", como decía Cervantes, las principales tesis de su obra. Solo por eso ya merece la pena verlo.
   Con todo, el documental es muy simplista. No puedo estar de acuerdo con la tesis expuesta, según la cual Heidegger no dijo "nada" después del desastre que supuso el nazismo y la S. G. M. A mi entender, su crítica furibunda al mundo del Gestell y la técnica, así como su análisis del pensamiento de Nietzsche como consumación de la metafísica occidental y del ocultamiento del ser, tratan de ofrecer las claves para entender el fracaso de toda nuestra trayectoria cultural, que culminó en la destrucción bélica de Europa. Aunque, claro está, se trata de una respuesta demasiado elaborada y profunda como para que pueda verse recogida en un documental tan escueto y divulgativo como este.


lunes, 10 de diciembre de 2012

1º de Bachillerato: Lógica: La estructura del razonamiento

   Como complemento a las clases de Lógica de 1º de Bachillerato, resulta sumamente útil consultar el siguiente video, en que aparecen los principales contenidos impartidos, expuestos de una manera clara, sencilla y amena:



A las filósofas que amo (5): Emma Goldman: El enemigo público número uno

"Prefiero tener rosas en mi mesa que diamantes en mi cuello"
(Emma Goldman)

  

 http://www.berkeley.edu/news2/2012/04/Emma-Goldman410.jpg

 Emma Goldman (1869 - 1940) fue una célebre anarquista lituana de origen judío, conocida por sus manifestaciones libertarias y feministas...; y también uno de mis "amores filosóficos", al que permanezco fiel desde hace muchos años.
   Cuando contaba con 13 años, se trasladó a San Petersburgo, y luego emigró a EE.UU., tras enfrentarse con su padre, que quería casarla con solo 15 años. El ahorcamiento de cuatro anarquistas, tras participar en un motín, animó a Goldman a unirse al movimietno libertario y convertirse en revolucionaria.
   En Nueva York conoció a Alexander Berkman, convirtiéndose entonces en un pilar fundamental del movimiento anarquista estadounidense (especialmente tras estudiar los escritos de Emerson y Thoreau). Sus actividades revolucionarias le llevaron a ser encarcelada en la penitenciaria de Blackwell, donde leyó intensamente a Kropotkin y desarrolló un interés, que ya no abandonaría nunca, por la educación de los niños.
   En 1901 fue de nuevo arrestada, acusada de participar en un complot para asesinar al Presidente McKinley, aunque ella siempre negó su paricipación en estos hechos (cuando conoció al autor de los disparos, León Czolgosz, dijó: ¿Tengo yo la culpa de que un loco haga una mala interpretación de mis palabras?)
   En 1917 fue encarcelada por tercera vez, junto con Berkman, por denunciar la ley que obligaba al servicio militar en los Estados Unidos. Pacifista convencida, luchó contra el belicismo que culmaría en la P. G. M., considerándolo un síntoma del imperialismo contemporáneo. Las autoridades americanas, encabezadas por J. Edgar Hoover, decidieron entonces expulsarla del país, por considerarla "una de las mujeres más peligrosas de América" y el "enemigo público número uno de EE. UU."
   Enttre 1920 y 1922 participó en la sublevación anarquista de Kronstadt, y asistió a la deriva autoritaria del proceso revolucionario soviético, que le llevó a tomar la decisión de instalarse en Canadá.
   En 1936 apoyó al Gobierno Republicano español durante la Guerra Civil, escribiendo un encendido elogio de Durruti, tras la muerte de éste. Murió en Toronto, en 1940, aunque sus restos reposan en Chicago.
   Libros como El Anarquismo (1910) y Viviendo mi vida (1931) son maravillosos; pero aún más maravillosa es la personalidad de esta pensadora y activista, cuyas páginas aún merece la pena leer hoy en día, pues en muchos aspectos no han perdido ni un ápice de interés.
   Os presento, a continuacion, el magnífico documental Una mujer sumamente peligrosa, relativo a las andanzas de Emma:



  Y termino recomendando, como introdución a su pensamiento filosófico, el libro La palabra como arma (Ed. Malatesta, 2008), que contiene algunos de sus mejores artículos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El Círculo Filosófico de la Calle Cañizares de Madrid: Los inicios del krausismo español

La calle de Cañizares, en un
grabado de la época
  

   En 1860 tenía lugar un acontecimiento trascendental para la historia de la filosofía española: la creación del llamado "Círculo filosófico" de la calle de Cañizares, en Madrid (1), donde, bajo la presidencia de D. Manuel Ruiz de Quevedo y el impulso de D. Julián Sanz del Río, se reunieron Nicolás Salmerón, Francisco de Paula Canalejas, Tomás de Tapia, Segismundo Moret, Eduardo Chao y Francisco Giner de los Ríos. También es el año en que aparecen las principales obras de Julián Sanz del Río: El Ideal de la Humanidad para la vida, Sistema de Filosofía-Metafísica y la publicación de su tesis: La cuestión de la filosofía novísima (la primera de las obras mencionadas será condenada por la Iglesia, e incluida en el ïndice de libros prohibidos en 1865).
   Había nacido el krausismo español, corriente de pensamiento liberal y romántica, muy ligada desde el principio a los círculos masónicos, y anticlerical, aunque no anticristiana, pues todos los filósofos citados fueron siempre partidarios de lo que José Luis Abellán llama un "cristianismo racional", capaz de conjugar fe y razón, con el objetivo de crear lo que, a juicio de esta corriente era el verdadero "reino de Dios en la tierra": la convivencia de todos los seres humanos en armonía y paz: en suma, lo que Krause llamaba la "Alianza de la Humanidad".
 
Julián Sanz ddel Río (Ateneo de Madrid)
  
   Sin ser krausista, ni por supuesto masón, siempre he sentido mucha simpatía por este movimiento inaugural del pensamiento español contemporáneo. Hay  en él un intensísimo espíritu romántico e idealista que me resulta muy atrayente. Como es sabido, los krausistas no se definían a sí mismos ni como deístas, ni como panteístas, sino como pan-enteístas, es decír, defendían la inmanencia y trascendencia, a la vez, de Dios al mundo. Su mentor intelectual, el filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause (1771-1832), había sostenido que "el mundo ni está fuera de Dios ni es Dios mismo, sino que es en Dios y mediante Dios"; de manera que el mundo es considerado por los krausistas como el conjunto de manifestaciones en el tiempo y en el espacio de la esencia divina y el conocimiento del mundo es el conocimiento de esa esencia divina y de sus manifestaciones: de ahí la importancia que la Ciencia y el Arte tenían para los miembros del naciente círculo de la calle Cañizares.
   Pensaban que, gracias a una intuición superior -lo que ellos llamaban la "Vista Real"-, el Absoluto llega a ser conocido como algo que supera todo fundamento; como el ser o esencia original y primaria (Urwesen, lo infinito), de la que brotan dos esencias finitas: la Naturaleza y el Espíritu, de las cuales participa a su vez el hombre (el yo finito).
  

En la filosofía krausista, el hombre, por tanto, ocupa un lugar central, ya que en él se verifica la unidad de la Naturaleza y del Espíritu, que coinciden en la idea de la Humanidad. Las distintas formas de ésta, así como los distintos períodos por los que ha pasado, igual que los diferentes credos religiosos, son otros tantos grados de ascensión hacia Dios, cuya culminación es la "Humanidad racional", que expresa el Ideal del Bien como Ser Supremo, y la realización del "reino de Dios" en la tierra. Cada forma de asociación y cada institución alcanzada, representa una "alianza", que debe integrarse en la inmediatamente superior, para alcanzar finalmente la forma de una comunidad vital de espíritus racionales. Este el "Ideal de la Humanidad", que culmina en la Menschheitsbund, la Alianza de la Humanidad, en la que convergen armónicamente moralidad, derecho y sociabilidad. Se trata, como vemos, de una transcripción "a la Krause" de los ideales de fraternidad universal masónicos, pero sin excluir a ningún ser humano, especialmente a las mujeres (alejadas tradicionalmente en aquella época de las logias), y con una vocación de transparencia ajena al secretismo masónico (todo ello le haría a Krause experimentar las persecuciones de que fue objeto por parte de masonería, a partir de 1810, fecha en la que fue expulsado de la Orden, acusado de difundir los secretos de la "discreta" Hermandad.)
   Bellos ideales, que en muchos puntos aún esperan su realización. Por mi parte, os invito a que, cuando paséis por la calle Cañizares, recordéis por un instante, si sois amantes de la filosofía, a aquel grupo de idealistas que, animados de una pasión verdaderamente romántica, se proponían cambiar la historia del pensamiento en España. Creo que, por pequeño que sea el homenaje que les podamos rendir con nuestro "yo finito", se lo tienen merecido. ¡Que descanséis en paz y en armonía, para siempre, en el seno de vuestro querido Urwesen! Amen.

(1) En la que, dicho sea de paso, ¡parece haber fantasmas!: Hotel con fantasmas en el centro de Madrid

lunes, 26 de noviembre de 2012

1º y 2º de Bachillerato: Wittgenstein y Russell: Encuentros y desencuentros entre dos genios

   Así describe Bertrand Russell en su Autobiografia a Wittgenstein, calificándolo de genio:

   "Wittgenstein era austríaco, y su padre inmensamente rico; quería ser ingeniero y por eso se había marchado a Manchester. Allí, a raíz de sus estudios, se interesó en los principios de las matemáticas y averiguó quién se dedicaba a dicho tema. Alguien mencionó mi nombre y Wittgenstein se instaló en el Trinity. Tal vez él haya sido el ejemplo más perfecto que jamás he conocido del genio tal como uno se lo imagina tradicionalmente: apasionado, profundo, intenso y dominante. Tenía una especie de pureza que no he encontrado en nadie más, salvo en G. E. Moore. Recuerdo que una vez lo llevé a una reunón de la Sociedad Aristotélica; allí había algunas personas un tanto necias y yo las traté con cortesía. Al salir, Wittgenstein me recriminó con furia mi degradación moral por no haberle dicho a esa gente lo idiota que era. Su vida era tumultuosa, turbulenta, y su fuerza personal extraordinaria. (...) Solía visitarme cada día a medianoche y quedarse caminando de un extremo al otro de la habitación durante tres horas en agitado silencio, como una bestia enjaulada. Una vez le pregunté: "¿Estás pensado en la lógica o en tu pecados?"; "En ambos", me contestó y siguió andando. Yo no me atrevía a sugerirle que ya era hora de acostarse, pues a ambos nos parecía probable que se suicidara al salir de casa. Al terminar su primer curso en Trinity vino a verme y me preguntó: "¿Cree usted que soy un perfecto idiota?". Yo le dije: "¿Para qué quieres saberlo?". Y él me respondió: "Porque si lo soy me haré ingeniero aeronáutico, pero si no lo soy me convertiré en filósofo". Yo le dije: "Mi querido amigo, no sé si eres o no un idiota, pero si durante las vacacionesme escribes un ensayo sobre el tema filosófico que más te interese, yo lo leeré y te lo diré". Así lo hizo, y a comienzos del curso siguiente me presentó su trabajo. Nada más leer la primera frase quedé convencido de que Wittgenstein era un hombre de genio y le aseguré que bajo ningún concepto debía hacerse ingeniero aeronáutico. A principios de 1914 vino a verme, presa de una gran agitación: "Me voy a Cambridge, me marcho inmediatamente". "¿Por qué?", le pregunté. "Porque mi cñado se ha instalado en Londres y yo no soporto estar cerca suyo." De esta forma pasó el resto del invierno en el extremo norte de Noruega. En los primeros tiempos le pregunté una vez a G. E. Moore qué opinaba de Wittgenstein. "Tengo un gran concepto de él", me dijo. Le pregunté por qué y me respondió: "Porque en mis clases es el único que se muestra perplejo".
   Cuando llegó la guerra, Wittgenstein, que era muy patriota, se alistó como ofiial en el ejército austríaco. Los primeros meses aún fue posible escribirle y tener noticias suyas, pero en poco tiempo se se cortó la comunicación. Ya no supe de él hasta pasado un mes después del armisticio, cuando recibí una carta suya desde Monte Cassino contándome que algunos días después del fin de la guerra había caido prisionero de los italianos, aunque por suerte había logrado conservar el manuscrito de un libro  que por lo visto había escrito en las trincheras, y que quería que yo leyera. Wittgenstein era de la clase de hombres que cuando pensaba sobre lógica era capaz de no darse cuenta de minucias tales como bombas explotando a su alrededor. (...) Se trataba de la obra que más tarde se publicaría  con el título de Tractatus Logico-Philosophicus. Lógicamente era muy importante encontrarse con Wittgenstein para hablar personalmente de su libro, y como era mejor que el encuentro tuviera lugar en un país neutral, decidimos vernos en La Haya. Entonces surgió un problema inesperado. Antes de estallar la guerra, el padre de Wittgenstein había transferido toda su fortuna a Holanda, así que al final seguía siendo tan rico como al comienzo de la contienda. Justo en la época del armisticio, el señor Wittgenstein murió legando a su hijo el grueso de su fortuna. Éste, sin embargo, llegó a la conclusión de que el dinero es un obstáculo para el filósofo y entregó hasta el último céntimo de su fortuna a su hermano y hermanas. A raíz de esto no podía pagarse el pasaje de Viena a La Haya, y como era muy orgulloso no quiso aceptar mi dinero. Por fin se encontró una solución al problema. En Cambridge se encontraban guardados sus muebles y sus libros, y él me expresó su deseo de vendérmelos. En la tienda de muebles que los guardaba me asesoraron respecto a su valor y yo los compré al precio que me indicaron. En realidad, eran mucho más valiosos de lo que él creía, y para mí fue el mejor negocio de mi vida. Gracias a esta venta Wittgenstein pudo viajar a La Haya, y allí nos pasamos una semana discutiendo su libro línea por línea (...) (pp. 470-472)




    






























El contenido del Tractatus era tan "genial" que Wittgenstein temía no ser comprendido, ni siquiera por individuos tan talentudos como Russell o Frege. Así lo expresa en sendas cartas a Russell, fechadas el 12-06 y el 18-09, respectivamente, escritas desde el campo de concentración de Cassino, donde se encontraba prisionero:

   "(...) Me temo que nos será muy difícil llegar a entendernos. Y la leve esperanza eu me quedaba de que mi manuscrito le aportara algo, se ha desvanecido por completo. Como se imaginará, es imposible que le escriba un comentario de mi libro. Sólo podría hacerlo oralmente. Si la comprensión del libro tiene alguna importancia para usted, y si puede arreglárselas para encontrarse conmigo, por favor hágalo. Si esto fuera imposible, tenga a bien enviarme el manuscrito a Viena por un conducto seguro tan pronto como lo haya leído. Es el único ejemplar corregido que poseo, ¡y es la obra de toda mi vida! No veo el momento de verla impresa, ahora más que nunca. Es muy amargo tener que arrastrar conmigo en cautiverio la obra terminada y observar cómo la insensatez reina por doquier. Y más amargo aún es pensar que nadie la entenderá, aunque llegue a publicarse. (...) Muchos saludos, y no suponga que todo lo que no es capaz de entender es una soberana estupidez. Afectuosamente. L. Wittgenstein."

   "Estimado Russell: (...) Ya sabe usted qué difícil me resulta escribir sobre lógica. Esa es otra de las razones por las que mi libro es tan corto, y por lo tanto tan difícil. Pero nada puedo hacer.
   Ahora bien, me temo que usted no haya captado mi postulado principal, del que todo el asunto de los soportes lógicos es sólo el corolario. El punto central es la teoría de lo que puede expresarse (gesagt) -y lo que es lo mismo, de lo que puede pensarse- mediante soportes (por ejemplo, por medio del lenguaje), y lo que no puede expresarse mediante soportes, sino únicamente mostrarse (gezeigt); lo cual, a mi entender, es el problema cardinal de la filosofía.
   También he enviado mi manuscrito a Frege, quien me ha escrito hace una semana y deduzco que no ha entendido una sola palabra. Así que mi única esperanza es verlo pronto a usted y explicárselo todo, pues es muy duro no tener un alma que te comprenda."

   Cabe preguntarse: si cerebros privilegiados como los de Russell y Frege no entendieron el Tractatus, ¿puede jactarse alguien de entenderlo? Bueno, yo creo que hoy en día el contenido del libro resulta mínimente asequible para un buen número de personas, al menos parcialmente. No hay que olvidar que la manera de pensar de Wittgenstein era novedosa para su época, y en muchos aspectos trascendía el horizonte de autores como Russell y Frege, más mayores que él. Actualmente, incluso muchos alumnos de bachillerato pueden atreverse a bordear los aforismos de Wittgenstein sin sentirse tan perplejos como él ante las lecciones de Moore. De manera que no debemos perder la esperanza de llegar a comprenderlo, aunque él ya no esté vivo para alegrarse de ello.
  

Miguel Brieva: Humor y filosofía

   
   Miguel Brieva (Sevilla, 1974) es una de mis debilidades, lo confieso. Este joven humorista español se sirve de viñetas de estilo de los años 50 y 60 y textos cortos, en las que destaca el desajuste permanente entre la iconografía que utiliza, que parece sacada del antiguo TBO, y unas reflexiones que llevan el consumismo a extremos contradictorios, absurdos, macabros o irreales. En palabras del propio Brieva:

  "La fastidiosa hiper-reproducción de nuestro mundo a través de todos los soportes visuales y publicitarios, junto con el progresivo desvanecimiento de nuestra propia identidad nos hace volver los ojos con nostalgia, fetichismo o inexplicable fascinación estética hacia iconografías del pasado."
    Aunque su humor parece centrado en cuestiones políticas, Brieva extiende sus reflexiones mucho más allá, reflexionando en torno a temas independientes de la política, como la estupidez humana, o la muerte. La manera de presentar estos temas le entronca con el esperpento español.

   
   A mi entender, Brieva podría sintonizar (un tanto vagamente) con la filosofía crítica, puesto que sus tiras cómicas vapulean de manera despiadada los iconos de la sociedad mercantilista actual, poniendo de manifiesto su vacuo consumismo.

http://apuntesnovatossobreeducacionyarte.files.wordpress.com/2010/02/miguel-brieva-sin_filosofia_la_escuela_se_vacia.jpg?w=354&h=536
   
   Por lo demás, se trata de un humorista muy vinculado a la filosofía. El 18-06-2011, en la Casa Sin Fin de la Calle Pizarro, en Cáceres, presentó su exposición "Filosofía de masas", que no tenía desperdicio. Quero agradecerle desde aqu,í, además, el apoyo que prestó a los profesores de Filosofía hace años, cuando, preludiando el 15-M, luchábamos un grupo reducido de "indignados filosóficos" en la Puerta del Sol para que nuestra desciplina no fuese aún más depauperada en los Planes del Bachillerato: él se encargó de diseñar unas camisetas que hicieron época. Su humor nos hizo resistir, y levantó los ánimos, haciéndolo todo mucho más fácil. Gracias de nuevo, Miguel.
   Aquí os abro un enlace con el Blog de Miguel Brieva; dos entrevistas con él: Entrevista 1 a Miguel Brieva, Entrevista 2 a Miguel Brieva.
   Y aquí, un enlace con sus dibujos: Viñetas de Miguel Brieva. Disfrutadlos, que tienen mucha miga.

domingo, 25 de noviembre de 2012

1º de Bachillerato: No todo es lógica: Bertrand Russell y la redacción de los Principia Mathematica


  

Así relata Bertrand Russell en su Autobiografía sus inicios en la lógica matemática y las circunstancias que rodearon la redacción de los Principia Mathematica:

"En julio de 1900 se celebró en París un Congreso Internacional de Filosofía, coincidiendo con la Exposición de aquel mismo año. Whitehead y yo decidimos asistir a dicho congreso, y yo acepté una invitación para leer un ensayo allí. (...) El congreso supuso un punto crucial en mi vida intelectual, porque allí me encontré con Peano. Le conocía ya de nombre y había visto algo de su obra, pero no me había tomado la molestia de dominar su notación. En las discusiones del congreso, observé que siempre era más preciso que cualquier otro y que invariablemente se llevaba el gato al agua en cualquier discusión en que tomara parte. Al pasar los días, me dije que aquello debía obedecer a su lógica matemática. Por lo tanto, resolví pedirle todas sus obras. Me las entregó y, tan pronto como concluyó el congreso, me retiré a Fernhurst para estudiar sosegadamente cada una de las palabras escritas por él y sus discípulos. Fue claro para mí que su notación proporcionaba un instrumento de análisis lógico como el que yo buscara durante años, y que estudiándole estaba adquiriendo una nueva y poderosa técnica para la obra que deseaba realizar desde hacía mucho tiempo. (...) Fue una época de embriaguez intelectual. Mis sensaciones se asemejaban a las que se experimentan tras escalar una montaña en medio de la niebla cuando, al llegar a la cima, la niebla se desipa súbitamente y el panorama se hace visible en cuarenta millas a la redonda. Durante años me había esforzado por analizar las nociones fundamentales de las matemáticas, como los números ordinales y cardinales. De pronto, en el curso de una semanas, descubrí las que parecían ser respuestas definitivas a los problemas que habían burlado mis esfuerzos durante años. Y mientras descubría estas respuestas, iba introduciendo una nueva técnica matemática, mediante la cual esferas anteriormente abandonadas a las vaguedades de los filósofos fueron conquistadas por la precisión de fórmulas exactas. Intelectualmente, el mes de septiembre de 1900 fue el punto más elevado de mi existencia. (...) Envié a Peano un ensayo para su revista, dando cuerpo a mis nuevas ideas. A principios de octubre me puse a escribir The Principles of Mathematics, sobre los cuales ya había hecho cierto número de intentos fallidos. Las partes III, IV, V y VI del libro, tal como se publicaron fueron escritas aquel otoño. También escribí entonces las partes I, II y VII, pero tuve que rehacerlas más tarde, de modo que el libro no quedó terminado en forma definitiva hasta mayo de 1902. (...)
   "De manera bastante extraña, el final del siglo señaló el final de esta sensación de triunfo, y, a partir de aquel momento, empecé a ser asaltado simultáneamente por problemas intelectuales y emocionales que me hundieron en la más negra desesperacion que jamás he sufrido. (...) La esposa de Whitehead se estaba convirtiendo en una inválida y solía padecer intensos dolores a causa de una dolencia cardíaca. Parecía aislada de todo y de todos por muros de dolorosa agonía; el sentido de la soledad de cada alma humana me abrumó repentinamente. (...) [Entregado a la lógica] había olvidado todos los problemas más profundos y me había contentado con una inteligencia ligera y petulante. De pronto, la tierra parecía hundirse bajo mis pies, y me hallé en una esfera completamente distinta. En el curso de cinco minutos cruzaron por mi cerebro reflexiones como las siguientes: la soledad del alma humana es insoportable; nada puede penetrarla, excepto esa excelsa intensidad de la suerte de amor que han predicado los maestros religiosos; todo lo que no brote de este motivo es pernicioso o, por lo menos, inútil; se concluye de ello que la guerra es un error, que la educación de un internado es abominable, que el uso de la fuerza debe ser desaprobado y que en las relaciones humanas debe penetrarse hasta el meollo de la soledad de cada persona y dirigirse a él. (...)
   Al término de aquellos cinco minutos me había convertido en una persona completamente diferente. Durante algún tiempo me poseyó una especie de iluminación mística. Tenía la impresión de conocer los pernsamientos mas íntimos de todo aquel con quien me encontraba en la calle, y, aunque sin duda se trataba de una ilusión, me sentía realmente en más estrecho contacto que antes con todos mis amigos y muchos de mis conocidos. Habiendo sido imperialista, en aquellos cinco minutos me convertí en (...) pacifista. Habíendome preocupado durante años exclusivamente la exactitud y el análisis, me sentí rebosante de sentimientos semimísticos respecto de la belleza, profundamente interesado por los niños y con un deseo casi tan hondo como el de Buda por hallar alguna filosofía que hiiese soportable la vida humana. Me poseía una extraña agitación, que contenía un agudo dolor, pero también cierto elemento de triunfo, en virtud del hecho de que podía dominar el dolor y hacer de ello, según pensaba, una puerta de acceso a la sabiduría. La penetración mística que me imaginaba poseer se ha desvaído grandemente, y el hábito de análisis se ha reafirmado. Pero algo de lo que creí ver en aquel momento ha permanecido siempre conmigo, determinando mi actitud durante la primera guerra mundial, mi interés por los niños, mi indiferencia por las desdichas de menos monta y cierto tono emocional en todas mis relaciones humanas.
   "[Entonces] me puse a escribir la deducción lógica de las matemáticas, que posteriormente se convertiría en los Principia Mathematica. Creía que la obra estaba casi terminada cuando, en el mes de mayo, sufrí un revés intelectual casi tan severo como el revés emocional que padeciera en febrero. Cantor tenía una prueba de que no existe el número mayor, y a mí se me antojaba que el número de todas la cosas del universo debía ser el mayor posible. De acuerdo con ello, examine su prueba con alguna minuciosidad y me esforcé por aplicarla a la clase de todas las cosas que existen. Ello me llevó a considerar aquellas clases que no son miembro de sí mismas y a inquirir si la clase de tales clases es o no un miembro de sí misma. Descubrí que cada una de las respuestas lleva implícita su réplica contradictoria. Al principio supuse que podría superar fácilmente la contradicción y que probablemente habría algún error trivial en el razonamiento. Gradualmente, sin embargo, fue estando claro que no era ése el caso. (...) Resultó sobre un análisis lógico que había una afinidad con la antigua contradicción griega sobre Epiménides de Creta, quien dijo que todos los cretenses eran unos embusteros. Puede crearse una contradicción esencialmente similar a la de Epiménides, entregando a una persona una hoja de papel en la que se haya escrito: "La afirmación de la otra cara de esta hoja es falsa". La persona en cuestión da vuelta a la hoja y halla en el reverso: "La afirmación de la otra cara de esta hoja es falsa". Parecía indigno de un hombre hecho y derecho perder el tiempo en tales trivialidades, pero ¿qué hacer? Había algo erróneo, puesto que tales contradicciones eran ineluctables sobre premisas ordinarias. Trivial o no, la cuestión era un desafío. Durante la segunda mitad de 1901 supuse que la solución sería fácil, pero, al término de este tiempo, había llegado a la conclusión de que se trataba de una obra enorme. Por tanto, decidi terminar The Principles of Mathematics, dejando en suspenso la solución." (B. RUSSELL, Autobiografía, Edhasa, Barcelona, 2010, pp. 215-220)