BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

domingo, 14 de noviembre de 2010

2º de Bachillerato: " Ágora" y los comienzos del cristianismo



Como introducción al estudio del Bloque de contenidos dedicado a la Filosofía Medieval, resulta recomendable ver de nuevo la película Ágora, del genial Alejandro Amenábar, que recrea la convulsa sociedad de finales del Imperio Romano, a través de la figura de la filósofa y astrónoma Hipatia.
La película, que fue tachada de "fría" por muchos criticos, es desde mi punto de vista insuperable, una verdadera obra maestra, porque refleja perfectamente la contención y serenidad que según Aristóteles, han de caracterizar la vida teorética o contemplativa del filósofo antiguo. Frente a ese ideal, casi "escultórico" del intelectual pagano, se alzaba el mundo apasionado y convulso de la nueva religión cristiana: dos mentalidades que estaban destinadas a chocar entre sí, pero también a fecundarse mutuamente, como lo demuestra el profundo pensamiento de San Agustín, que transmitirá muchos aspectos del pensamiento clásico a la posteridad.
El talento de Amenábar, sin embargo, va mucho más lejos: muestra la insignificancia de los conflictos humanos, frente a la magnitud del universo; y también introduce un personaje "nietzscheano": el esclavo Davo, que refleja muy bien el resentimiento como base de la adhesión de buena parte de las masas a la nueva religión, opuesta al aristocratismo del mundo pagano. Por último, aparece también la progresiva centralización del poder eclesiástico, que aliado con el despotismo imperial, terminaría por anular el germen revolucionario del primer cristianismo.
Es ese mismo poder el que ha hecho en nuestros días todo lo que ha podido para denigrar y echar por tierra la película de Amenábar; de manera que, cuando uno asiste a la proyección de la película (yo la vi dos veces seguidas), tiene la sensación de que el mundo que en ella se describe no se encuentra demasiado alejado del nuestro: el fanatismo vence, y la filosofía, invariablemente, sale perdiendo.
En el otro extremo de la costa africana, por la misma época en que Hipatia era asesinada, Agustín de Hipona vivía su tragedia personal, debatiéndose entre la carne y el espíritu; entre el deseo desmedido de placeres y su vocación religiosa, que le conduciría primeramente al maniqueísmo, y más tarde al catolicismo, impulsado por su madre, Mónica.

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