BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

viernes, 7 de febrero de 2014

2º de Bachillerato: El problema de la política en Descartes


Descartes y la Reina Cristina de Suecia
   Es difícil precisar el contenido de la teoría cartesiana sobre el problema de la política. Lo que sí parece claro es que su pensamiento político, además de ser muy conservador, se enmarca -según afirma el profesor Antonio Negri es su famoso estudio Descartes político (1970)- en los parámetros propios de las monarquías absolutas del Barroco, y se orienta a construir un orden político razonable, en el marco del desarrollo hegemónico de la burguesía dentro de la formación del Estado absoluto.
   Como es sabido, en el Discurso del método, Descartes afirma que él nunca "aprobaría en forma alguna esos caracteres ligeros e inquietos que no cesan de idear constantemente alguna nueva reforma cuando no han sido llamados a la administración de los asuntos públicos ni por su nacimiento ni por su posición social". 
   Esto le lleva a describir el mundo político en términos del absolutismo: el poder político se basa en una voluntad soberana plena, poco conocida en su majestad, que simplemente debe al propio arbitrio la capacidad de legislar. "Si veut le Roi, si veut la Loi [Si el Rey quiere, la Ley quiere]". La verdad la establece Dios del mismo modo que la ley la establece el soberano absoluto, y la validez de la ley queda confiada a la potencia que la sostiene, potencia que es incomprensible en su origen y motivación. "Dios es el que ha dictado [las leyes] en la naturaleza, tal como un rey dicta leyes en su reino. Ahora bien, no hay ninguna en particular que no podamos comprender, si nuestro espíritu se dedica a considerarla, y todas son innatas en nuestras mentes, del mismo modo que un rey imprimiría sus leyes en el corazón de todos sus súbditos, si tuviera el poder de hacerlo. En cambio, no podemos comprender la grandeza de Dios, aunque la conozcamos. Pero el hecho mismo de que la juzguemos incomprensible hace que la estimemos más; del mismo modo que un rey tiene mayor majestad cuanto menos conocido es por parte de sus súbditos, siempre que no piensen por ello que carecen de rey, y que le conozcan lo bastante como para no dudar de ello. Se os dirá que, si Dios hubiese dictado esas verdades, podría cambiarlas al igual que un rey hace sus leyes; a lo que hay que responder que sí, si su voluntad puede cambiar. - Pero yo las comprendo en tanto que eternas e inmutables.- Y no juzgo lo mismo de Dios.- Pero su voluntad es libre. Sí, pero su potencia es incomprensible; y por regla general podemos afirmar perfectamente que Dios puede hacer todo cuanto podemos comprender, pero no que no puede hacer lo que no podemos comprender; puesto que resultaría temerario pensar que nuestra imaginación tiene tanta extensión como su potencia. (AT, p. 145-146): " Y, finalmente, sentencia: "solo corresponde a los Soberanos, o a aquellos que han sido autorizados por ello para intervenir en la regulación de las costumbres de los demás." (AT V, p. 87). Como dice Negri: "El principio de obediencia al soberano absoluto está en Descartes, en todo caso, fuera de discusión" (Op. cit., p. 139) El propio Cartesio lo dice, sin ambages: "al oír que la expresión R-E-Y significa suprema potestad, la guardo en mi menoria." 
   Pero ese soberano debe estar atento, a su vez, a practicar una política razonable, que pasa por aplicar el derecho y mantener el orden y la justicia, para garantizar la paz: "Puesto que, como no hay nada más que la Justicia, que mantiene los Estados y los Imperios, por amor a ella, los primeros hombres abandonaron las grutas y los bosques para construir ciudades; sólo ella da y mantiene la libertad; en cambio, la impunidad de los culpables y la condena de los inocentes provoca la licencia que, como han observado todos los políticos, siempre fue la ruina de las Repúblicas." (AT VIII B, p. 224)
   Las leyes morales son en el mundo social, igual que las naturales en su ámbito, órdenes inescrutables en su fundamentación divina: Coincidiendo con el P. Mersenne, Descartes mantiene que "El poder real es sacrosanto, ordenado por la Divinidad, principal obra de su providencia, obra maestra de sus manos, imagen viva de su sublime majestad y proporcional a su inmensa grandeza"; por eso no está permitido criticar o violar tales leyes. El orden social está garantizado en su conjunto por la Divinidad, de manera que el sujeto tiene que respetar el orden existente y la obligación de actuar en su contexto, porque "la soberanía del monarca no es más divisible que el punto en Geometría".
   Con todo -hay que tener esto muy presente- existe un ámbito en el que el poder del Soberano absoluto no puede penetrar: el yo libre del sujeto pensante, que solo debe rendir cuentas a Dios, el ser infinito, y es, como él, libre. Como afirma Negri, aquí radica la defensa que hace Descartes de la libertad y la autonomía de la naciente burguesía, que un par de siglos después pasaría a convertirse en la clase hegemónica, en pleno proceso de construcción del Estado moderno. 
   El Cogito, pertrechado con su razón, pasará poco tiempo después a la conquista del mundo, gracias a la ciencia, la técnica y su capacidad de trabajo, capaces de someter a su voluntad el mundo entero, gracias a la mecánica, la manufactura y su capacidad de trabajo. Si de cara al exterior, Descartes pareció someterse a los dictados de las Monarquías absolutas de su época, su metafísica encerraba el "razonable proyecto" de reconstruir artificialmente el mundo, para someterlo a los dictados de la razón matemática, por parte del individuo burgués. Surgía la imagen de un mundo completamente matematizado, artificial, artesano e industrial; un horizonte en el que el individuo moderno ejercerá de manera indefinida su potencia productiva infinita. Somos, para bien o para mal, los herederos de ese proyecto.

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