BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 2 de enero de 2014

1º de Bachillerato: Materialistas libertinos y escépticos: La Mothe Le Vayer y Giulio Cesare Vanini

Johnny Depp, magníficamente caracterizado, en la película The Libertine, 2004
 

 El pensamiento libertino del siglo XVII está representado sobre todo por el famoso cabinet de los hermanos Dupuy, cuyos principales miembros fueron Elie Diodati, Pierre Gassendi, Gabriel Naudé y François de la Mothe Le Vayer (1588-1672), autor de los famosos Diálogos del escéptico (1630). En ellos emprende una dura crítica al consentimiento universal sobre la existencia de Dios, defiende la superioridad del sabio frente al vulgo, valora el relativismo moral, plantea dudas frente a la inmortalidad del alma y la providencia divina, realiza un tajante divorcio entre la razón y la fe, y, finalmente, justifica el culto religioso solo desde el punto de vista político.

La Mothe Le Vayer (1588-1672)

   Le Vayer forma parte de lo que Alberto Tenenti, en su artículo "Libertinaje y herejía a mediados del siglo XVI y comienzos del XVII" (Comunicación al Coloquio de Royaumont, Annales, XVIII, nº 1, enero-febrero de 1963, pp. 75-80), denomina el libertinismo erudito.
   Tenenti distingue tres tipos básicos de libertinos:
   1º) El primero "el libertinaje antes del libertinaje", que correspondería a los "libertinos espirituales", herederos de los anabaptistas, contra los cuales escribió Calvino en 1547, quienes distinguían entre el "hombre exterior" y el "hombre interior", reduciendo a Cristo y todos los sacramentos cristianos a meros símbolos. Su principal "mártir" fue Miguel Servet; sostenían la generación espiritual, por parte de cada hombre, de Dios vivo, sin mediación de ninguna Iglesia en particular. Se ganaron el "bonito" apelativo de "acristos" y "ateos".
    2º) El segundo tipo de libertinismo, cuyo principal defensor es Jean Bodin (1529-1596), con su Diálogo de los siete sabios acerca de los secretos ocultos de las cosas sublimes, sostiene la tesis deísta: la verdad religiosa no es diferente de la verdad moral, de manera que, siendo Dios una presencia interior a todo hombre, no requiere de dogmas, ni de creencias irracionales (encarnación, virginidad, sacramentos, resurrección, etc.); esta línea sería continuada por Locke, Toland, Collins y Voltaire.
   3º) El tercer tipo de libertinos está representado por Pierre Charron (1541-1603), discípulo y amigo de Montaigne, autor del tratado De la Sagesse (1601), y es de corte escéptico. Charron alaba a aquellos espíritus fuertes que son capaces de suspender el juicio, sin obligarse ni comprometerne con ninguna opinión, ni aferrarse a ninguna idea; su divisa ha de ser: "Intus ut libet, foris ut moris est" ("interiormente, actúa como te plazca; exteriormente, como se acostumbra"), pues la duda vuelve al sujeto libre, y le hace renunciar a visiones totalizantes, situándole al margen de los dogmas religiosos e ideológicos, que vuelven a los hombres intolerantes y violentos, llevándoles a enfrentarse entre sí.. El hombre que valora Charron, está dotado de un espíritu fuerte y goza de la mayor libertad interior, pero exteriormente se adapta a las costumbres y creencias de sus conciudadanos.

Giulio Cesare Vanini, el "mártir del ateísmo" (1585-1619)

   Los libertinos del XVII sostendrán esta posición prudente, tras la condena a muerte de Giulio Cesare Vanini Toulouse, en 1619 (después de cortarle la lengua con una tenaza, ahorcar su cadaver y reducirlo a cenizas, que fueron arrojadas al viento): Así, Le Vayer, basándose en citas de innumerables autoridades clásicas: Lucrecio, Platón, Cicerón, Aristóteles, etc., va a sostener -con sagaz cinismo- que el mejor valedor de la fe cristiana es, paradójicamente, el escepticismo, pues, si se ponen en duda todas las explicaciones religiosas y filosóficas sobre la Divinidad, por su falta de fundamentación, la fe queda a resguardo de cualquier crítica, y solo se fundamenta en la voluntad misma (fideísmo); de manera que tanto aquellos que creen en diversos dioses, como aquellos que no creen, pueden convivir en armonía, sin tratar de imponerse unos a otros unas convicciones que la razón se ve incapaz de probar, y por tanto son simplemente materia de fe.
   Como Vanini, los libertinos eruditos van a tener como único "Dios" a la Naturaleza  -"reina y diosa de los mortales"- con sus leyes, y se empeñarán en buscar razones naturales para explicar todos los eventos del mundo, incuidos los milagros, predicciones, profecías, etc. La religión, o es fruto del miedo, o es un instrumento, hábilmente utilizado por los príncipes y los sacerdotes para engañar al vulgo, sometiéndolo a sus dictados, con el fin de mantener el orden dentro del Estado. Frente a todo ello, el sabio libertino, como afirma Le Vayer en su diálogo Sobre la vida privada, deberá preservar su libertad personal, adoptando una vida austera, alejada de los afanes que persigue el vulgo (honor, lucro o la actividad política); siguiendo las leyes de la naturaleza, y sintiéndose un ciudadano del mundo, pasará sus días felizmente, entregándose a los dos únicos placeres que elevan al hombre por encima de los animales: la amistad y el pensamiento (especialmente el pensamiento dedicado a investigar aquello que que más teme el vulgo ignorante: lo prohibido).

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