BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

martes, 26 de junio de 2012

1º de Bachillerato: Robert Fludd y el hermetismo





   Uno de los principales representantes del hermetismo tardío fue el médico inglés Robert Fludd (1574-1637). Su obra más importante Utriusque Cosmi historia repreenta uno de los más grandes tesoros bibliográficos de este movimiento, sobre todo en lo que se refiere a su representaciones de las relaciones entre el macrocosmos (el universo) y el microcosmos (el hombre).
   Igual que Paracelso, John Dee, o nuestro Juan de Herrera, Fludd cultivó multitud de disciplinas diferentes, desde las matemáticas y la música a la alquimia y la cábala, pues todas ellas cabían dentro de la concepción hermética del saber, antes de que la dictadura cartesiana acabara con las especulaciones de los magos del Renacimiento.
   Los impresionantes, riquísimos y complejos grabados que aparecen en sus libros, nos presentan una correspondencia entre el hombre y la naturaleza: son símbolos que, igual que los mandalas tibetanos, nos invitan a la meditación filosófica; una especie de mapa gráfico en el que se describen las misteriosas conexiones entre la mente humana y la totalidad del universo. Frente a la concepción de la ciencia actual, basada en la seca especulación matemática, los diagramas fluddianos sugieren esa maravillosa mezcla de arte y ciencia que caracterizó al movimiento hermético del Renacimiento.


   Fludd, fiel al ideal renacentista de la concordatio, no veía incompatibilidad entre el cristianismo, el pensamiento filosófico pagano: y la cábala hebrea: se trataría de tres maneras de acercarse al secreto misterioso de la divinidad, mediante aproximaciones diferentes, aunque  afines, gracias al valor simbólico de los números. Así, por ejemplo, interpreta al propio Cristo como encarnación del Verbo (cristianismo), pero también como emanación de la Sephirot "sabiduría" (cábala) y del Lógos neoplatónico.
   Fiel a la concepción dualista, y a la vez armónica, del hermetismo, Fludd considera que luz y tinieblas, espíritu y materia se combinan en nuestro mundo, que surge del claroscuro producido por ambos principios. Así, obtenemos una intersección entre la "pirámide de las formas" platónica y la pirámide material terrestre, en cuyo centro sitúa Fludd al Sol, como astro mediador. 


   Igual que Paracelso, Fludd basó su cosmogonía en tres principios : luz, tenieblas y agua, base de la transmutación alquímica: sal (oscuridad material), azufre luminoso (alma) y el mercurio de los filósofos (agua espiritual), cuyas transformaciones permitirían alcanzar el secreto supremo: la obtención de la piedra filosofal: el Lapis de la sabiduría.


   El ser humano, en cuanto microcosmos, refleja el resto del universo, y por eso en él convergen todas las fuerzas del universo, que regulan tanto sus ritmos orgánicos como su vida psicológica e intelectual, con sus alternancias luminosas y tenebrosas, alegres y tristes, sanas y enfermas. 

 

   Fludd representa a Dios, igual que Nicolás de Cusa, o Giordano Bruno, como el ser absoluto “cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna”. Lo simboliza con triángulo dentro de un círculo. situando en el interior del triándulo luminoso divino las diferentes jerarquías angélicas. De la luz que emana de Dios procede la ordenación del caos del universo, en una suerte de escala jerárquica luminosa.






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