BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 30 de agosto de 2012

La crisis dilucidada (y 10): El Evangelio del dinero: Network Un mundo implacable


   En 1976 Sidney Lumet dirigía una película magistral: Network, un mundo implacable, en la que denunciaba la manipulación mediática de la crisis, al tiempo que advertía contra el poder absoluto de los mercados y los medios de comunicación.
   La película está teñida de un profundo pesimismo: En ella, un famoso presentador de televisión se decide a decir en público la verdad sobre el sistema en que vivimos, regido por los negocios y el dinero; pero su mensaje es utilizado para obtener mayores cuotas de audiencia y hacer apología del propio sistema denunciado. Ahí van dos de los momentos inolvidables de esta inolvidable producción. Actual como pocas.




viernes, 24 de agosto de 2012

Viator en Menorca: La isla misteriosa

   Una de las pocas ventajas que tiene estudiar filosofía (tanto oficial como "extraoficial"), es que uno está en condiciones de disfrutar mucho más de los viajes que hace, porque posee ciertas claves de interpretación de los monumentos que quizás le falten al turista normal. Puede poner en práctica esa especie de "segunda mirada", que enriquece los lugares visitados con una serie de connotaciones que los conviere en únicos. En esta entrada quiero compartir con vosotros algunas de las reflexiones que me han venido a la mente a lo largo de mi reciente viaje por la isla de Menorca, un lugar "mágico" donde los haya, que ha dejado sobre mi retina y sobre mi inconsciente una serie de imágenes y de experiencias realmente fantásticas, cargadas de sentido "iniciático". Se trata, sin duda, de un buen lugar para "recargar las pilas" del espíritu.
   Menorca responde, sin duda, al arquetipo de "isla misteriosa", porque es quizás la más primigenia y auténtica de las Islas Baleares, constituyendo dentro del archipiélago un mundo aparte. Ya el hecho mismo de que haya estado durante bastante tiempo dominada por los ingleses, la dota de un peculiar sabor "masónico", del que dan testimonios algunas de las piezas pertenecientes a las logias de la isla, que se conservan en el Museo de Menorca; o la propia estructura del recoleto Ateneo de Mahón (sobre este particular puede consultarse el escelente artículo La masonería en Menorca , de Juan José Morales Ruiz, un verdadero experto en la materia). Tampoco conviene pasar por alto los dos obeliscos, situados estratégicamente en ambos lados de la isla, oriental (cerca del aeropuerto de Mahón, cf. última foto) y occidental (en la Plaça des Born de Ciutadella), que "vigilan" el curso del astro rey a lo largo de toda la jornada. Esta disposición no parece en absoluto casual, y seguramente encierra un significado oculto, relativo a la conexión del conjunto de la isla y de sus habitantes (por cierto, extremadamente amables) con los ritmos del cosmos.
    Personalmente -y no soy el único-, Ciutadella me gustó más que Mahón, por su carácter recoleto, y a la vez señorial, que a veces me recordaba a algunos lugares de Italia. Pero lo peculiar de esta pequeña ciudad son los extraños símbolos que aquí y allá llaman la atención del viandante a la caza de lo misterioso y oculto: Aldabas con monstruos que devoran los pensamientos de cabezas espantadas; las gárgolas de la catedral (muy restauradas), con sus calaveras y figuras demoníacas; inquietantes palacios, con obeliscos que se alzan al cielo en forma de espiral y robustos telamones en sus pórticos; tímpanos eclesiales, con vírgenes que empuñan una maza, como Hércules, para derrotar al demonio, que yace a sus pies; y sobre todo la enigmática cabeza velada de una joven que remata la clave de arco de una puerta palaciega que da a la C/ Major del Born. ¿Qué simbolizará? ¿La muerte? ¿La Justicia? ¿Isis, con el velo que cubre sus secretos?


Obelisco del siglo XIX, en la Plaça des Born





Aldaba y faz velada (¿Isis o la muerte?) en la calle Major del Born



La Virgen-Hércules combate al demonio con una maza

   Pero lo más interesante de Menorca es el contenido espiritual que me parece subyace a muchos de sus monumentos prehistóricos, y que aparece esencialmente idéntico desde los más remotos tiempos de la Antigüedad, aunque cambien sus manifestaciones externas. Así, cabe deducir de la peculiar disposición de las Necrópolis de Cala Morell o Cales Coves la existencia en este lugar sagrado de un centro iniciático. Los hombres prehistóricos -seguidos por los de época posteriores- debieron utilizar la red de grutas de la Cala Morell no solo como un cementerio, sino también como un santuario, con vistas al mar y a la estrella polar, en el que existen evidente indicios de que aquí se practicaban rituales dedicados al fuego, al aire, al agua y a la tierra-madre. Las grutas -dotadas muchas de ellas con sus respectivas taulas, símbolos del axis mundi; una suerte de "cruz primitiva", con su forma de Tau, que expresa la unión entre el cielo y la tierra, lo espiritual y lo material-, disponen sus entradas orientadas hacia la luz del día, y miran, en su mayoría, hacia el horizonte infinito del mar, marcándole el camino a aquellas almas que han renacido, tras superar las pruebas del inframundo. Cuando uno recorre estos agujeros, excavados en la roca viva, tiene la sensación de haber emprendido un auténtico "descenso a los infiernos", que se ve recompensado, finalmente, por la salida al exterior de la caverna, y la contemplación de la luz solar, cual prisionero platónico, recién liberado de sus ataduras sensibles.

  



¡La luz, al final del túnel!


La Necrópolis (¿centro iniciático?) de Cala Morell, un enclave increíble...

...no menos increíble que la necrópolis de Cales Coves, en la que
aún pueden verse algunos trogloditas contemporáneos

  
   Una sensación parecida de contacto con lo primordial, y con el misterio último de la existencia, inexplicable pero al alcance de la mano, la experimentamos junto a la conocida Naveta des Tudons -que afortunadamente visitamos cuando no había apenas más turistas que nosotros, garantizándonos así el debido sosiego-, la cual me recuerda, vista frontalmente, a una pirámide truncada, y lateralmente a una nave: la "nave de los muertos", con su popa orientada al Sol poniente, y la proa dirigida hacia el este, lugar del amanecer y símbolo de la resurrección. Más escondidas, pero igualmente impactantes, son las dos navetas, oriental y occidental de Briac-L'Argentina (que pudimos visitar únicamente gracias a la pericia de Carmen, mi "Soror mística")


"
La "nave de los muertos"...

...acoge a los vivos, después de milenios


   También merece la pena visitar las misteriosas ruinas de la aldea talayótica de Son Castlar (apenas excavadas, por lo que me pareció). Se encuentran situadas en medio de unos montecillos, rodeadas por una exuberante vegetación, que tiene algo de bosque sagrado. El recinto amurallado se dice que fue construido por la mítica raza de "gigantes" que habitó esta tierra antes de Diluvio. Antaño, el pueblo menorquín creía que esa raza de gigantes llevaba a cabo sacrificios (¿humanos?) a los dioses en sus taulas, actualmente destrozadas. Yo sólo he notado el sosiego de sus piedras, cargado, eso sí, de un significado, que se experimenta de un modo latente, y a la vez se nos escapa.
   En cualquier caso, tras atravesar un portal adintelado y recorrer sus ciclópeas murallas, formadas por piedras gigantescas, siguiendo un recorrido laberíntico, llegamos a una sala hipóstila, donde al parecer se celebraban, hasta bien entrada la época romana, rituales en torno al fuego, al vino y al sacrificio de corderos o cabritos. Existe, asimismo, un agujero misterioso en el interior del santuario, que se sumerge en las entrañas de la Tierra, en el que quizá había serpientes, o reptiles de algún tipo... Todo ello dota a este lugar de un carácter telúrico, ancestral, y de un evidente halo de insondabilidad, que elude la comprensión del hombre moderno, al tiempo que nos sumerge en los abismos de la psique inconsciente.

Recónditas "tumbas" y murallas ciclópeas en Son Catlar...
Una invitación a contactar con lo "santo" (R. Otto)

   Estos impresionantes monumentos megalíticos, así como las leyendas acerca de la "raza de gigantes" antediluviana, constructora de los talayots y las taulas, constituyen, a mi entender, símbolos, que expresan, de manera aún primitiva, pero muy clara y eficaz, el inconsciente colectivo de la humanidad, y una intuición fundamental de su destino en el plano metafísico. Así, por ejemplo, las taulas son, seguramente, representaciones esquemáticas del axis mundi, de la unión entre tierra y cielo, lo material y lo ideal-espiritual. 
   La imprescindible visita a los poblados talayóticos de Torralba d'en Salord y de Torre d'en Galmés, me confirmó en mi impresión personal de que la taulas son altares, sí, pero consagrados al Sol, y por extensión al Universo. Representan, como dije, el "axis mundi"; y en este sentido, he podido comprobar como actúan a modo de grandiosos "relojes de sol", pues suelen estar, por lo general, orientadas de este a oeste, mientras que los laterales apuntan al norte y al sur, respectivamente. Mi hijo comprobó, asimismo, que solían estar rodeadas por un recinto con doce pilares de piedra. Tienen, desde luego, conexión con el mundo egipcio y púnico: así se explicaría el hallazgo de una pequeña escultura de Imhotep (arquitecto del faraón Zoser, maestro de las ciencias secretas y médico divinizado) en la taula de Torre d'en Galmés, y otra de Tanit (Tanit y la cultura púnica) en Torralba d'en Salord). Me aventuro a suponer, además de estos vínculos egipcios y púnicos, un remedo del mundo mesopotámico en algunos aspectos de la cultura prehistórica menorquina, interpretado en clave muy primitiva; de ahí que los talayots y las navetas recuerden de lejos a zigurats o a pirámides, respectivamente, pudiendo haber actuado los primeros también como observatorios astronómicos. Todo debía ir unido en este mundo primario, estrechamente conectado con los ritmos del universo, y ajeno a las distinciones artificiales que establece el hombre contemporáneo.

  


Taulas, talayots, salas hipóstilas cargadas de secretos,
Viator saludando al Sol poniente...:
Una experiencia verdaderamente inolvidable

El supuesto relieve de la diosa Tanit en el santuario talayótico de
So Na Caçana


Torralba, Torre d'en Galmés, Talatí de Dalt, Trepucó, Torretrencada
Torrellafuda, So Na Caçana...: Todos los poblados obedecen al mismo
esquema arquitectónico y simbólico;
y sin embargo, todos son diferentes; cada uno tiene
su sabor peculiar, y una particular vivencia que ofrecernos.
 (No hay que perderse, por ejemplo, Torrellafuda,
situada en un paraje realmente "mediterráneo", donde los haya...)


   Las denominadas "salas hipóstilas", por su parte, recuerdan a lugares de reunión para sacerdotes, neófitos o iniciados, mientras que las numerosas grutas o pozos representarían el "descenso a los infiernos" del candidato a la iniciación, con su posterior "salida a la luz", habiendo renacido tras haber superado las pruebas que simbolizan la muerte ritual. Finalmente, resulta curioso observar que las taulas, una suerte de cruz primitiva (o primigenia), se encontraban presentes también en algunas casas "particulares" y en algunas cuevas de enterramiento, señal de que debían ser objeto de adoración, en su función de conectar el mundo supraceleste y el mundo terrenal inferior. 
   Los monumentos megalíticos de Menorca, además de ser posibles centros iniciáticos, implican, con gran probabilidad, una suerte de "mapa celestial", o "representación del universo", dotada al mismo tiempo de una significación metafísica y vital (como sucedería en Stonehenge, o en los monumentos del Antiguo Egipcio, según Bauval y Gilbert; de hecho, según los astrónomos, en el período prehistórico, la tala de Torralba apuntaba a Sirio). Evocarían los principales ciclos del universo, y al mismo tiempo de la vida del hombre, con su incesante nacer-morir y renacer a una vida superior. Así, las navetas simbolizarían la nave de los muertos, que atraviesa el inframundo; los talayots debieron ser observatorios (sin perjuicio de su utilización defensiva) y las taulas, en fin, con su recinto sagrado y los pilares que la rodeaban, representarían el "ªcentro u ombligo del cosmos", alrededor gira el Sol y el universo entero; finalmente, las "salas hipóstilas" serían una suerte de "cámara de reflexión", que se utilizarían en los rituales iniciáticos de los sacerdotes o chamanes de este pueblo.
   Quizás, esa mítica "raza de gigantes", a la que atribuyen los grandes monumentos megalíticos del pasado, no fuese una especie de individuos de gran tamaño físico, sino hombres de gran altura intelectual, dotados de un conocimiento superior, metafísico e iniciático, que resulta ya inaccesible a los "enanos" del presente (algo parecido a lo que sugería Newton, cuando decía que había podido realizar sus descubrimientos astronómicos y físicos porque se había alzado sobre los hombros de "gigantes", como Copérnico, Kepler o Galileo).
   Otro paraje inolvidable es la  Cova des Coloms, a la que únicamente puede accederse, tras un laberíntico recorrido, que parece no va a acabarse nunca. Allí, en medio de una garganta antediluvana, se abre ante nosotros esta "gruta-catedral", con su abertura, a la vez sobrecogedora y acogedora: es la Madre Tierra, que, a pesar de sufrir las agresiones de los graffiteros en algunas de sus paredes, todavía se nos presenta con toda la fuerza del origen. Lo más maravilloso es que nuestra llegada coincidió con la puesta del Sol y la presencia de dos jóvenes alternativos, que realizaban experimentos de sonido en el fondo de la caverna, con instrumentos que generaban una atmósfera realmente mística. ¡Gracias a vosotros, quienquiera que fuéseis!




La Catedral en la naturaleza: Cova des Coloms


   Tres lugares "mágicos", que no cabe perderse, aunque por motivos diferentes, son:
   1) El Palacete de Binisues, que recuerda enormente al mundo descrito tanto por L. Villalonga, en Bearn (una novela y una película magníficas ambas; inolvidable en esta última Fernando Rey, en el papel del viejo liberal masón, un poco "sonado", y sobrepasado por los nuevos tiempos), como por Lampedusa y Visconti en El Gatopardo:

Binisues: La belleza de lo decadente

   2) La salvaje y solitaria belleza de la costa norte, donde las fuerzas del mar, del viento y la tierra, junto con el fuego solar, nos ponen en contacto con la potencia de los cuatro elementos. Concedámosnos el placer de perdernos por los tempestuosos caminos de Binimel-là, Cala Pregoda y Cap de Cavalleria, con sus rocas atormentadas, sin olvidar la visita a los escasos restos de la ciudad romana de Sanisera (¿dónde no han llegaron los romanos?); dejémonos arrebatar, en fin, por los "démones" que, cabalgando sobre la Tramontana, parecen habitar este lugar desértico, una visión cercana al "fin del mundo".



Mi hijo Manuel, en busca del centro del laberinto

Land Art improvisado,
en la salvaje costa norte de Menorca



   3) Para finalizar, recuperar la calma, y reconciliarse con Dios (después de habernos codeado con los diablos sueltos por la costa), podemos dar un paseo por el Laberinto y Jardín Medieval de Pedreres de s`Hostal, una vivencia de lo más gratificante:


El "Hortus conclusus" medieval, un símbolo del paraíso perdido, construido como lugar central, y punto de reencuentro con lo divino, a través del orden geométrico. El folleto explicativo añade: "Alrededor de la fuente enmarcada en rosas, que simbolizan la vida y el alma, se extiende el jardín de hierbas medicinales, simbolizando la mente, a través de la comprensión de la naturaleza." 


El laberinto, omnipresente en Menorca, esta vez al lado de la figura del Tótem
(¿"gigante" prehistórico, o deidad megalítica?): una
personificación del noúmeno, el enigma eterno,
cuya solución intuimos, pero nunca llegaremos a entender


   Ni que decir tiene que estos breves apuntes no pretenden, ni de lejos, agotar las bondades de la isla; me gustaría que os sirviesen simplemente de invitación para ir a ella, no solo a bañaros en sus paradisíacas calas, sino también a tener otras experiencias menos superficiales que las habitualmente asociadas a las vacaciones veraniegas.
   Me despido con una imagen: la foto del obelisco o gnómon de Mahón; un bonito vídeo, con la canción que -¡inevitablemente!- nos acompañó a lo largo de todo el viaje, y tres referencias muy recomendables:




- Carlos GARRIDO, Menorca mágica, Olañeta Ed. Barcelona, 2012 (10ª edición).

- Guiomar EGUILLOR, Taulas, iniciación y ritual, Los Astros, 1985.

- Menorca: La isla sagrada (Año Cero-Akásico)

   [N. B.: Curiosamente, el libro de Garrido lo encontré en una libería de Mahón  el último día de mi estancia en la isla, por un auténtico fenómeno de sincronicidad junguiana. Cuando lo leí (de corrido, como merece), me encontré con una sorprendente confirmación de todo aquello que había intuido a lo largo del viaje, lo que me llevó a reafirmarme en mis interpretaciones, que os acabo de transcribir, sin bien la información que da el autor es mucho más detallada y precisa que los pobres datos que aquí he podido recoger. Creo que es la mejor guía para visitar la isla en profundidad. ¡Hacéos con el, si queréis emprender por allí la búsqueda!]

miércoles, 22 de agosto de 2012

Prometheus: El mal de la creación


   ¡PROMETHEUS! Digno nombre para una película realmente "titánica", cargada, como otras obras maestras de Ridley Scott, de connotaciones filosóficas e incluso teológicas. Una película a la que, sin embargo, le está sucediendo lo mismo que les ocurrió al comienzo a sus antecesoras Alien y Blade Runner: buena parte del público, así como los eruditos cinematográficos de turno, la están considerando un producto mediocre, carente de valor, e incluso chapucero. Quizás dentro de unos años también le pase a Prometheus lo que les ha ocurrido a estos dos filmes antológicos, y consiga colarse en la lista de los clásicos de la ciencia-ficción. Yo creo que se lo merece; pero reconozco que lo va a tener difícil, sobre todo con tales antecedentes. A la espera de ver si hay suerte, por lo que a mi respecta, voy a tratar de ofrecer algunas claves, que considero necesarias para entender la película, y enmendar en lo posible la opinión negativa que se está difundiendo sobre ella.
  Lo primero que sorprende es el título, que, como siempre sucede en los filmes de Scott, no es casual. "Prometeo" es un nombre que cala profundamente en nuestro inconsciente, porque tiene resonancias mitológicas muy intensas. Carl Gustav Jung afirmaba que los mitos son una expresión de los arquetipos fundamentales del inconsciente colectivo, y que de ellos emana un energía muy potente, que es la que explica por qué nos atraen con tanta fuerza; además, señala que el contenido de esos arquetipos puede "encarnarse" en muy diferentes historias a lo largo del tiempo; de ahí el carácter "inmortal" de la mitología. Por eso, el mito del titán Prometeo, el hijo de Jápeto que formó a los hombres a semejanza de los dioses con agua y arcilla, nos cautiva, sin duda, en las versiones clásicas de Hesíodo y Ovidio; pero también puede tener una lectura actual, "tecnológica", en el marco de una película de ciencia-ficción dotada de tanto impacto visual y emocional como esta.
   Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, Prometeo, previendo el fracaso de la revuelta, se puso al principio del lado de Zeus. Era el más sabio de su raza, puesto que Atenea le había enseñado todo tipo de conocimientos, que él había transmitido a la humanidad, tras entrar secretamente en el Olimpo y encender una antorcha con el mismísimo "fuego de los dioses" (trasunto de la inteligencia), que transmitió a los seres humanos. Esto suscitó la ira de Zeus, que observó cómo los hombres iban creciendo en sus facultades y aptitudes, y decidió vengarse, primero de Prometeo, al que encadenó en las montañas del Cáucaso, donde un voraz buitre le desgarraba las entrañas durante todo el día. Luego Zeus ofreció a los mortales la fatídica "Caja de Pandora", en la que se encerraban todos los males que podían infestar a la Humanidad, y que fue abierta por Epimeteo, el hermano tonto de Prometeo, lo que provocó que todas las enfermedades y vicios se extendieran entre los mortales, quedando dentro de la caja únicamente la Esperanza. Desde entonces, la humanidad padece una existencia llena de muerte, miseria y desgracia.
   Lo segundo que hay que tener en cuenta para aproximarse a esta película, es la hipótesis de base de la que parte, que no es otra que la "teoría del Astronauta prehistórico", sostenida, entre otros, por Erich von Däniken (en sus libros Recuerdos del futuro, Regreso a las estrellas y El oro de los dioses) y Zecharia Sitchin (en su serie Crónicas de la Tierra, especialmente El 12º planeta). Esta hipótesis o teoría para-científica, mucho más difundida de lo que se piensa (1), sostiene que los seres humanos son el producto de un experimento genético llevado a cabo por una raza extraterrestre de "gigantes", que en la prehistoria más remota visitaron nuestro planeta. Ambos autores argumentan que la citada visita aparece citada en muchas leyendas antiguas, y se encuentra plasmada en numerosos restos  arqueológicos dispersos por los cinco continentes.
   Los motivos de la supuesta "creación", sin embargo, difieren: Sitchin, basándose en su peculiar interpretación de ciertas tablillas sumerias, piensa que esos extraterrestres (los Annunaki o Nefilim, como se los llama en la Bíblia) crearon a los seres humanos para que trabajasen como esclavos en sus minas, cuya posesión se disputaron luego los "dioses" en terribles guerras fratricidas, que recoge la mitología; Von Däniken, por su parte, mantiene dos versiones diferentes de la historia: una "optimista", según la cual estos seres crearon a los hombres para que, al desarrollarnos tecnológicamente, pudiésemos preguntarnos por nuestro origen y contactar con ellos, ampliando así nuestra conciencia; y otra, más "pesimista", en la que sugiere que los dioses mantenían un largo conflicto bélico entre ellos, y una nave perdida, perteneciente a uno de los bandos en liza, llegó a la tierra, donde crearon a los seres humanos mediante ingeniería genética, para así poseer unos futuros "aliados" en sus batallas.
   Increíblemente, esta "hipótesis" paracientífica está siendo considerada por muchos como una alternativa a la polémica entre el Creacionismo y el Evolucionismo darwiniano: La vida sería fruto de la evolución; pero el curso de esta se habría visto "acelerado" por unos "creadores", o "ingenieros" extraterrestres, que habrían intervenido en el caso del origen del hombre, ya que de otro modo -dicen los que mantienen esta "teoría"- no cabe explicar la enorme rapidez del proceso de hominización.



   Con estos presupuestos, centrémonos ahora a la película de Scott que, a mi entender, parte de la siguiente pregunta: "¿Qué pasaría si la hipótesis del Astronauta Prehistórico fuese cierta?" La contestación que ofrece Ridley a este interrogante a través de sus geniales imágenes cinematográficas (porque no olvidemos que las reflexiones de un cineasta, como las de cualquier otro artista, son más gráficas que conceptuales) es, cuando menos, estremecedora.
   En las primeras secuencias del film, vemos una panorámica de la Tierra, en sus primeros estadios geológicos, con un ambiente prebiótico. Una nave colosal sobrevuela el planeta, y luego se aleja, dejando a uno de sus tripulantes abandonado -o "exiliado"- en él.  Asumiendo su condena, como si fuese una suerte de "Sócrates galáctico", el extraterrestre se suicida, ingiriendo el contenido de un extraño frasco que contiene un brebaje negro (una especie de cicuta), que altera su composción genética, y cae en el cauce de un río, donde su material genético se mezcla con los elementos que contiene el agua, dando lugar a los primeros procesos de la vida.
   Pasan millones de años, y la sigiente escena nos muestra a una pareja de arqueólogos que han logrado reunir diversos testimonios, pertenecientes a civilizaciones diferentes, que parecen apuntar a la existencia de una lejana constelación, de la que provendrían los "dioses" responsables de la creación de los seres humanos, y a los que, muy significativamente, los protagonistas dan el nombre de los "ingenieros". 
   La empresa Weyland (una multinacional, que ya aparecía en Alien), financia una expedición estelar, para averiguar si realmente existen esos "creadores" del género humano. La tripulación de la nave, llamada Prometheus, está formada por los dos arqueólogos mencionados, varios científicos (aparte de los pilotos, claro está) y el atildado androide David. Luego se descubrirá que en la nave también viaja oculto el propio Weyland, un anciano magnate de las finanzas y de la tecnología más avanzada, que desea responder a la cuestión de cuál es el origen del hombre, y averiguar, de paso, qué le espera tras la muerte (pues supone que quienes han "creado" al hombre deberán saber más cosas sobre el Más Allá que nosotros).
   Al llegar al planeta, se encuentran con una misteriosa construcción "piramidal", presidida por un gigantesc busto, que recuerda a los Moai de la Isla de Pascua, o a la supuesta "esfinge" que algunos creyeron localizar sobre la superficie marciana. Tras penetrar en el recinto, descubren, asimismo,un inquietante "retablo", en el que aparecen figuras demoníacas (que, por cierto, recuerdan a Alien, por lo que quizás representen el modelo del ser que estaban intentando crear los extraterrestres en sus laboratorios), así como una gran cantidad de ánforas y muchos cadáveres de los "ingenieros", que parecen haber muerto mientras huían de algo. Recogen muestras genéticas de los cadáveres, y comprueban que -¡como no!- coinciden prácticamente al cien por cien con el genoma humano.
   Hasta aquí, como vemos, todo parece coincidir con la hipótesis del astronauta prehistórico que antes mencionaba. Cabe suponer que la cabeza monumental representaría al líder de los extraterrestes, o a un dios (dotado de rasgos semejantes a ellos, igual que los dioses griegos se parecen a los hombres); y éstos habrían elegido el planeta Tierra como prisión, o lugar de exilio, para aquellos que, igual que el mítico Prometeo, hubiesen tenido la osadía de rebelarse contra la autoridad de ese lider, o poner en duda el poder del su dios. Al optar por el sucidio, el extraterrestre del comienzo de la película habría dado origen a la raza humana, que tendría así un componente terrestre y otro "titánico" (¿la inteligencia?), procedente del extraterrestre "rebelde", castigado por sus superiores, los "dioses-ingenieros". (En clave religiosa, también podría interpretarse al personaje del alienígena suicida como un´"ángel caído", una especie de Satán, que se había alzado contra su Señor; no olvidemos que la propia actriz protagonista, Noomi Rapace, afirma que rodando la película "tuvo sueños muy extraños sobre Dios, el demonio y ángeles negros" [Cinemanía, agosto 2012, p. 59].)
   Jacques Monod, en su libro El azar y la necesidad, mantenía que la vida y el ser humano han surgido por azar en la Tierra; y es esto, precisamente, lo que nos está sugiriendo la película, aunque desde un punto de vista que habría escandalizado al bueno de Monod: El hombre no ha sido creado a propósito, como creen los protagonistas de la película, sino que surgió de forma casual, por un azar fatídico, tras el suicidio del líder rebelde extraterreste del comienzo. Nuestros orígenes, por tanto, no obedecerían a un premeditado plan divino, organizado por un espíritu superior, sino que serían absolutamente fortuitos... y están lastrados por un elenco de fatales consecuencias, como luego se verá.
   Lo que Scott parece estarnos diciendo es que la hipótesis del origen extraterrestre de la vida y de la humanidad no explica nada, ni ofrece una alternativa creíble a la polémica entre creacionismo y evolucionismo; pues, como dice la protagonista de la película: "Si estos "ingenieros" nos han creado, ¿quién les creó a ellos?" Se trata de una especie de versión galáctica de la 5º vía tomista para demostrar la existencia de Dios, lo que explica por qué nuestra arqueóloga permanece fiel a su fe cristiana hasta el final: Esos "dioses" no son, ni pueden ser Dios, ya que, si Este existe, se encuentra en otra "dimensión", una dimensión estrictamente espiritual, que "no es de este mundo", ni pertenece a este universo material, por lo que buscarlo entre las estrellas es completamente absurdo. La ciencia, por muchas naves que emplee, y por muy poderosas que sean, nunca resolverá el misterio de la Creación utiizando procedimientos físicos.
   El problema es que la capacidad de crear inteligencia también se la transmitieron los dioses al hombre, tras el acto suicida de nuestro extraterrestre prometeico. Y así, el androide David, sofisticada creación humana, también va adoptando a lo largo de la película una actitud cada vez más independiente, curiosa y desafiante, frente a sus creadores terrícolas. De manera que se decide a experimentar por sí mismo, y tras descifrar el contenido de la escritura seudo-cuneiforme que hay sobre las paredes del recinto, recoge una de las ánforas misteriosas y la lleva a la nave, haciendo que uno de los arqueólogos se infecte con su contenido. Una verdadera "chiquillada" -¿o habría que verla, más bien, como una "rebelión contra el padre"-, que todos pagarán caro; porque lo que encierra el anfora es precisamente el oscuro brebaje negro que vimos tragarse al comienzo a nuestro progenitor extraterrestre, y que no es otra cosa que una peligrosa arma bioquímica, capaz de hibridar el material genético de diversos seres, y que estaba destinada posiblemente a ser empleada en las guerras de esta raza de seres, que, al comienzo de la película tenían el rango de "dioses", y que, a medida que avanza el film, se nos van mostrando cada vez más  como auténticos "demonios"... (o, mejor, como "demasiado humanos", porque son tan violentos, celosos y vengativos como sus descendientes terrestres; de hecho, en algunos momentos parece, incluso, como si los extraterrestres que habitaban el planeta hubiesen sido una especie de "soldados", o algún tipo casta guerrera, pues no parecen pertenecer a las altas jerarquías de su raza).
   Las malignas "travesuras" de David-Epimeteo hacen, pues, que, la "Caja de Pandora" genética quede abierta, y el mal se extienda por la nave. El joven arqueólogo mantiene relaciones sexuales con su pareja, que también queda contaminada, y varios miembros de la tripulación perecen, cuando entran en contacto con las ánforas que han quedado en el recinto. Afortunadamente, la arqueóloga logra librarse de la fatal semilla que tiene en su seno, mediante una cruel operación quirúrgica, y expulsa un peligroso aborto híbrido, que desde ese momento anda suelto por la nave, y que reaparecerá por sorpresa al final de la película.
   Ahora ya sabemos por qué los extraterrestres murieron cuando huían: trataban de eludir el "arma letal" que ellos mismos habían creado, y que se les había escapado de las manos. Scott hace gala de ese lúcido pesimismo que revelan otras de sus producciones: Los habitantes del espacio exterior, si los hay, no son probablemente ni mejores, ni peores que nosotros; nada parece indicar que el universo vaya a estar poblado por afables ETs, sino que puede estar lleno de criaturas capaces de hacer tanto o más mal que el hombre (idea que coincide, por lo demás, con algunas declaraciones admonitorias del mismísimo S. Hawking relativas a un posible contacto fatal con una posible inteligencia foránea). Todo parece ir mal, en suma, en una Creación en la que, de un extremo al otro del universo, domina la lucha darwiniana por la supervivencia).
   Pero hay más: David, en su vagabundeo por el recinto, ha descubierto una nave, cargada con una enorme cantidad de ánforas, y en la que queda un extraterrestre vivo, aunque hibernado; asimismo, descubre un mapa espacial, que indica que el objetivo de la nave era la Tierra. Parece claro que los "dioses" habían averiguado que los hombres son los descendientes de ese rebelde "Prometeo" del comienzo, y se disponían a aniquilarlos, a fin de conseguir que su semilla desapareciese para siempre. Sin embargo, cuando la expedición se disponía a partir, se produjo un problema con el letal experimento genético, que acabó con toda la tripulación... salvo con uno. Cabe concluir, por tanto, que la humanidad no sólo surgió por azar, sino que también se salvó de la aniquilación por otro azar, que puso fuera de combate a los miembros de la raza que había decidido acabar con nuestra especie. Y lo destacable en toda esta historia es que, por decirlo vulgarmente, el hombre "ni pincha, ni corta", sino que se nos muestra como un simple títere en manos de fuerzas que se le escapan, y que, además, no son moralmente superiores, sino mezquinas y crueles; unas fuerzas que "van a lo suyo", sin importarles el eventual sufrimiento que pudiesen causar en seres técnicamente inferiores (igual que nosotros sentimos una completa indiferencia por el insecto al que espachurramos sin contemplaciones).
   David vuelve a la nave, y conduce a su "creador", Weyland, a que visite, a su vez, a su creador extraterrestre. Pero, una vez despierto, cuando David le traduce las preguntas de su amo sobre la vida y la muerte, el humanoide reacciona violentamente, al darse cuenta de hasta qué punto se ha perfeccionado la inteligencia humana, que ha sido capaz de llegar a descubrirles, gracias a sus avances tecnológicos: El "fuego de la inteligencia", regalado a los hombres por el rebelde Prometeo, se ha vuelto extremadamente peligroso.
   Tras acabar con Weyland (quien expira, como buen materialista, creyendo que tras la muerte "no hay nada"), el astronauta humanoide destroza a David (aunque no consigue cortocircuitarlo por completo), y se deshace a golpes de la arqueóloga, retomando el control de su nave, con el evidente propósito de terminar la misión que tenían encomendada hace milenios: acabar con la Tierra.
   A partir de aquí, la película se acelera, y pierde intensidad intelectual, para convertirse en la típica pirotecnia de acción a la que nos tiene acostumbrados el cine más reciente: La heroica intervención de los tripulantes de la Prometheus logra con su sacrifio destruir la nave extraterrestre, pero no a su terco tripulante, que persigue a la joven arqeóloga, aunque esta logra matarlo in extremis, haciendo que el hibrido que nació de sus entrañas (que entretanto ha alcanzado un tamaño similar al de un Kraken) lo atrape y devore. El horroroso resultado de la combinación genómica entre el liquidito negro de marras, el código genético humano y el del extraterreste es... Alien, un verdadero símbolo del mal en su versión más fría, fuerte e inteligente: un demonio en estado puro.


  

  
   Pero de esto ya no se entera nuestra protagonista, porque, ayudada por los restos de David (reducido ahora a una cómica cabeza parlante), tripula otra de las naves que hay en la base planetaria, y emprende de nuevo el "regreso a las estrellas", en busca de una respuesta para todas esas preguntas que han quedado en el aire: ¿Por qué querían destruirnos los "ingenieros"? ¿Quién les creó a ellos? ¿Existe algún tipo de Dios, mejor que los calamitosos "dioses" recién descubiertos?; y si es así, ¿dónde se encuentra?
   La película tiene, como he dicho antes, un trasfondo fuertemente pesimista, que recuerda, en cierto sentido, al pensamiento gnóstico, para el cual, el Dios creador del Antiguo Testamento es el genuino "Príncipe del Mal", que ha encerrado al hombre en este universo material, para que ignore sus orígenes espirituales, y asegurarse de que nunca sepa la verdad, ni se rebele contra él.
 También parece como si el hombre fuese, no la última, pero si una de las criaturas más ínfimas del universo, condenada a no saber nada sobre su procedencia y su destino (pues no hay que olvidar que los protagonistas de Prometheus no saben que los ingenieros les crearon sin proponérselo, y creen hasta el fin que su aparición sobre la Tierra obedeció a algún propósito). Cabe concluir, en definitiva, que el ser humano no importa mucho; es prescindible, está sometido a poderes -casi todos maléficos, y alguno positivo- que lo trascienden, y lo único que le pertenece propiamente es ese "espíritu" -vamos a llamarlo así-, que le lleva a no resignarse nunca, a seguir buscando nuevas respuestas, y, sobre todo, a combatir incansablemente un mal, del que él mismo está también infectado.
   Resulta clara, por otra parte, la crítica que dirige Scott, una vez más, a una razón instrumental que, liberada de cualquier control ético, conduce inevitablemente a la destrucción. En la "Era de los Titanes" -como llamó E. Jünger a nuestra época, caracterizada por el despliegue desencadenado de la técnica-, es la razón técnico-manipulativa la que preside todas las acciones de corporaciones como Weyland, que se muestran capaces de sacrificar toda la tripulación de la Nostromo, para incorporar a un belicoso monstruo a su división de armamento; pero también parece ser el tipo de racionalidad que predomina en todo el universo, pues es ella la que conduce a los extraterrestres de Prometheus a construir el terrible arsenal bioquímico, del que ellos mismos serán  las primeras víctimas. Es, asimismo, dicha razón la que ha producido los repelentes androides Ash y David, esos robots que, campando por sus respetos, acaban por poner siempre en peligro la vida de sus creadores humanos. El deseo de venganza que anida en la mente de los extraterrestres, y la soberbia que domina a los hombres (recuérdese que, cuando David le pregunta al arqueólogo por qué le han creado, este le responde, despreciativo: "Supongo que porque podíamos"), proyectadas en la tecnología, desembocan en una catástrofe sin remedio.
   Así pues, ese espacio infinito que tanto horrorizaba a Pascal, y en el que "nadie puede escuchar tus gritos", no está tan vacío como parece, y es el "Demonio" (es decir, la violencia, el odio, la muerte y la destrucción ciega) lo que en él domina, de cabo a rabo. Por eso, cuando la película termina, tenemos la sensación de que el viaje que acaba de emprender nuestra protagonista se perderá en el vacío, pues nunca encontrará las respuestas a unas preguntas cuyo sentido -si es que lo tienen- trasciende el ámbito de lo puramente material.
   Para despedir este improvisado comentario, que ya va haciéndose un poco pesado, os abro un enlace con otro de los aspectos interesantes de Prometheus: su banda sonora, compuesta por Mark Streitenfield, que contiene algunos pasajes sumamente inquietantes y "metafísicos", aunque a mi entender flojea en otros. Empapaos de su ambiente, y relajaos, no sea que esta noche, igual que Noomí, tengáis pesadillas.


 
(1) Unos de los primeros en proponer esta hipótesis fue H. P. Lovecraft. En su alucinante relato En las montañas de la locura, nos habla de "los mitos antiguos sobre los Grandes Antiguos que llegaron de las estrellas y formaron vida terrestre por broma o error". Parece que las broma les ha salido cara.

   Por cierto, recientemente he leído un buen análisis de la película, que añade información importante a lo que acabo de exponer; a él os remito: Prometeo y la iluminación. No os lo perdáis.
  

lunes, 20 de agosto de 2012

La crisis dilucidada (y 9): Un enemigo del pueblo de Ibsen






   ¿Es posible que exista alguien que no ceda al chantaje ni a la corrupción? En los tiempos que corren, no podríamos tachar de pesimista a quien conteste negativamente. Pero si podemos pensar en alguien así, es que puede existir; y como el teatro, habla de lo posible, y no de lo real (Aristóteles dixit), es en el teatro donde cabe encontrar al menos a un hombre inquebrantable, "de una pieza". ¿Que dónde? En uno de mejores dramas del inconmensurable H. Ibsen: Un enemigo del pueblo.
    Creo que todas las obras del dramaturgo noruego son obras maestras; pero Un enemigo del pueblo se lleva, al menos para mí, la palma. No ha perdido un ápice de actualidad desde que la estrenaron; al contrario: parece cada vez más viva y presente. Se trata de una pieza cargada de verdades como puños, en la que Ibsen nos muestra que los males de la sociedad los causan los hombres malvados y mezquinos que la componen, capaces de sacrificarlo todo a sus intereses. De esto deberíamos saber algo los españoles de hoy; y por eso, os invito a ver (o a ver otra vez) la extraordinaria versión que hicieron para RTVE el sublime José Bódalo y otros excelentes actores de esos tiempos en los que RTVE, además de entretenar, proporcionaba cultura a las masas, a través de espacios míticos como "Estudio Abierto", que veíamos todos aquellos que, por motivos económicos, no podíamos ir al teatro. Contemplemos como el admirable Doctor Stockmann acaba completamente solo, enfrentado a una sociedad entera, que no quiere curarse, ni física ni moralmente, y que hace oídos sordos a sus advertencias. Hagamos como él: no perdamos la fe en nosotros mismos, ni en la verdad, por muchas mentiras que nos echen. No tengamos miedo, como él, de estar solos: El hombre más fuerte suele ser siempre -como sabía Nietzsche- un águila solitaria.
 

  

domingo, 19 de agosto de 2012

La crisis dilucidada (y 8): ¡Adorad a Mammon, vuestro dios!


Mammon
George Frederick Watts, 1885

    ¡Ahí tenéis al dios verdadero, cuyo culto ha desplazado a todos los demás en nuestra época! ¡Éste es el causante de la crisis que atravesamos, provocada por aquellos que le rinden pleitesía a diario en el altar de los Mercados!: Mammon, el demonio del materialismo, las riquezas y la avaricia. En la magnífica exposición que dedica en estos días la sede de Caixa Forum en Madrid al genial William Blake, podéis contemplar en directo esta impresionante obra, que a la vez fascina y repugna.
   En arameo, "Mammon" significa «riqueza» o «tesoro», mientras que en hebreo, al parecer, significa "dinero". En griego se dice μαμωνάς (mamonás), y en fenicio este nefando nombre suena mommon: "beneficio" o "utilidad"; pero da lo mismo como se transcriba: siempre hace referencia a los grandes y maravillosos "valores" que invoca a cada paso nuestra infeliz época, una vez consumada, al reves, esa "transvaloración de los valores" preconizada por Nietzsche. Quizás el "viejo Dios" haya muerto; pero el Demonio está muy, pero que muy vivo... y coleando.
   En el Nuevo Testamento (Mateo, 6:19-21.24), dice Cristo:
«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón [...] Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón».
   Con ello anticipaba Cristo la interpretación medieval de Mammon como el demonio de la avaricia, la riqueza y la desigualdad social. Así, Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, afirma que "Mammón viene a inflamar el corazón humano con su avaricia".
   Sin embargo, la mejor descripción de Mammon aparece en el Paraíso perdido del genial John Milton, quien nos lo presenta como un ángel caído, que goza del poder que confiere el oro, y que se alía con Satanás y Belcebú para luchar contra los ejércitos divinos. Según el inmortal poema de Milton, Mammon se encarga de sembrar en el corazón del hombre la codicia de excavar la tierra, para extraer de ella sus tesoros.
   Thomas Carlyle lo interpretó, con gran acierto, como la mejor personificación del materialismo que domina la mentalidad contemporánea. Igualmente Watts y otros artistas prerrafaelitas, al cuestionar las ventajas y propósitos de la industria y el mercantilismo moderno, por sus efectos deshumanizadores, identificaron dicha deshumanización con Mammon. En 1880, Watts escribía: "La posperidad material se ha convertido en nuestro auténtico dios, pero nos sorprende descubrir que el culto a esa deidad visible no nos hace felices."  Como comenta la leyenda que acompaña al cuadro en la exposición, Watts personificó tres años más tarde su aguda crítica al materialismo con esta figura bestial y estúpida, que somete despóticamente a dos jóvenes -¡precisamente!-, los cuales yacen impotentes, caídos a sus pies.
   Y, por una vez -al menos por una vez-, la Iglesia Católica da en el clavo; el mismo Papa Benedicto XVI, en su hermosa Homilia pronunciada en la Catedral de Velletri (23-09-2007), poco antes de iniciarse la actual crisis, afirmaba: "La palabra que usa el evangelio de Lucas 16.13, para decir dinero - Mammona- es de origen fenicio y evoca seguridad económica y éxito en los negocios. En definitiva -dice Jesús— hay que decidirse: "No podéis servir a Dios y al dinero". Por consiguiente es necesario una decisión fundamental para elegir entre Dios y mammona, es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad». ¡Ojalá predicase la Iglesia con el ejemplo! Seguramente tendría muchos más adeptos.
   Y, siguiendo con el símil religioso: ¿Alguien duda de que Mammon recibe verdadera y realmente culto? ¿Es concebible que todos los días millones de personas de todo el mundo se reúnan en iglesias, mezquitas, pagodas, etc. para adorar a sus dioses, y no haya otras muchas que se reúnan para adorar al mismisimo demonio, bajo esta forma fofa, rastrera, vulgar, pero tremendamente poderosa? ¿Serán las Bolsas de todo el mundo esos templos del culto a la peor y más decadente versión del Maligno?
   Todo lo que hace el hombre con la razón, está basado en alguna creencia, que es, por principio irracional; lo que importa es qué valor tiene esa creencia, y qué la orienta: el corazón, o las pasiones más bajas, simbolizadas por este ídolo repugnante. 
   Hay que tener muy claro, por tanto, que, mientras no cambien los dioses, nada habrá cambiado: mientras no derribemos el ídolo demoníaco del dinero, la competencia y el benefico a ultranza, esta crisis no tendrá remedio, y, si lo tiene, será pasajero, hasta que llegue la próxima. En nuestras manos está elegir la dirección hacia la que deben encaminarse nuestros corazones, y decidir, de una vez por todas, en qué merece la pena creer. Yo ya he elegido.

martes, 14 de agosto de 2012

La educación prohibida: Una película sobre la educación y sus problemas


   Ahora que todos hablan de educación -muchos sin haber dado una clase en su vida- conviene ver esta película interesantísima, que lanza una carga de profundidad contra la línea de flotación de nuestros sistemas educativos.

viernes, 3 de agosto de 2012

Deporte y control mental de las masas: Supuestos mensajes subliminales en los Juegos Olímpicos de Londres

A estas alturas, ya nadie puede dudar de que los deportes, y dentro de ellos los JJ. OO. son mucho más que un simple espectáculo. El deporte sustituye poco a poco a las religiones, y se va convirtiendo en una suerte de "credo", mundialmente compartido por millones de personas en todo el mundo. También parece evidente que los espectáculos deportivos se utilizan -como sucedía antiguamente en el Imperio Romano- para desviar la atención de las multitudes de los manejos oscuros del poder. Por eso, no resulta extraño que en un período de crisis como el que atravesamos, la focalización insistente de todos los medios de comunicación en la realidad deportiva se haya vuelto realmente sealmente obsesiva.
   Hasta aquí, nada nuevo. Lo interesante es que algunos quieran ver en el deporte, y en particular en los JJ. OO. mensajes subliminales de carácter oscuro, e incluso ¡satanista! Entre ellos, destaca -¡como no!- el inefable David Icke (antiguo portero, conocedor de los entresijos de la vida deportiva), quien cree haber detectado numerosos elementos ocultistas en la ceremonia inaugural de estos juegos londinenses. (conviene no olvidar que, para los teóricos de la conspiración, Londres, y en concreto la City es el núcleo central de todas las tramas ocultas que amenazan al planeta).
   Los que seguís este blog, sabéis que quien lo suscribe no apoya ninguna versión, ni oficial ni extraoficial, en relación con estos asuntos. Parece evidente que, cualquier persona un poco lúcida pondría en entredicho este tipo de teorías, por su contenido estrafalario y paranoico; pero la experiencia nos dice, también, que "cuando el río suena, agua lleva", como suele decirse, y que el poder y quienes los apoyan nunca, nunca, hacen nada en vano, y sin una finalidad muy concreta, a veces tremendamente lesiva para los intereses de la Humanidad. Conviene, en definitiva, conocerlo TODO, para poder comparar.
Aquí os presento un artículo, publicado en en diario digital (creo que mexicano) La ciudad Deportiva, sobre este turbio asunto:

David Icke, el ex portero que cree en una inauguración olímpica satanizada





“La inauguración olímpica se vio cubierta por una capa satánica”. Eso es lo que piensa el ex futbolista, escritor y presentador deportivo David Icke. El mítico investigador del lugar donde recae el poder del mundo declaró que la inauguración de Londres 2012 fue un evento hasta cierto punto satanizado.
El ex portero del Coventry City ha estado a la caza de detalles del más allá. Entre sus estudios del cielo y el infierno, David Icke ya tiene antecedentes de haber impactado a los creyentes británicos cuando en 1991 declaró ante los medios que era un enviado de dios y que el mundo se acabaría en 1997.
En esta ocasión, Icke asegura que el espectáculo de Danny Boyle en la inauguración de Londres 2012 fue un “ritual satánico masivo que se intentó aprovechar de los Juegos Olímpicos y la delegación británica”.
Desde el sitio www.thetruthisnow.com, el ex portero también cuenta que la enorme campana que hizo sonar el ciclista Bradley Wiggins tenía un ritmo y una frecuencia que hacía posible que lo escuchara un grupo satánico que controla secretamente al mundo.
Icke cree que los enviados del diablo son lagartos que cambian de forma y que son descendientes de una raza de reptiles de la constelación Drago.



“Las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de Londres son masivos rituales satánicos disfrazados de una celebración de Gran Bretaña y el deporte. Su medio es el lenguaje del simbolismo… El Estadio Olímpico también está estratégicamente situado para aprovechar la energía de la Tierra para coordinarse con el poder y las frecuencias de los grupos satánicos”, explicó David Icke.
El ex guardameta calificó a la inauguración de los Juegos Olímpicos como “un ritual satánico vil e inhumano”. También dijo que el fuego utilizado era una provocación y atracción hacia el dios romano Saturno (Satanás), y estableció que el 27 de julio indicaba, de acuerdo al calendario satánico, una fecha para sacrificar mujeres y niños.
Icke, quien también cree que la reina Isabel II, George W. Bush y el cantante Boxcar Willie son algunos de los lagartos que cambian de forma, vuelve a escribir un capítulo de polémica y misticismo sobre un magno evento como Londres 2012."

Más sobre este tema en: Símbolos ocultos en las Olimpiadas de Londres y El ritual secreto de los JJ. OO. de Londres (este último fatalmente redactado y pésimo, desde el punto de vista estilístico, aunque contiene algunas sugerencias que hacen pensar... mal, claro está).