BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

miércoles, 24 de abril de 2019

Lo cómico y el humor, de Demócrito a Freud


Os ofrezco a continuación el contenido resumido de la ponencia que presenté el pasado día 6 de abril de 2019 en la Lonja Medieval de la maravillosa ciudad de Elche, donde puedo alardear ya de poseer un grupo de maravillosos amigos. Incluyo también los textos que acompañaron la exposición, por si os resultan de utilidad.

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Lonja medieval de Elche

"DOS MIL QUINIENTOS AÑOS DE RISAS: LO CÓMICO Y EL HUMOR, DE DEMÓCRITO A FREUD

Ponencia y presentación elaborada por:

Manuel Pérez Cornejo, Viator
Dr. en Filosofía y Licenciado en Historia de Arte
Profesor de Filosofía del IES “Lope de Vega” (Madrid)

ELCHE, 6-04-2019

 «El humor no es una emoción, sino una filosofía de vida». (Wittgenstein, Culture and Value)

«Si bien la risa no es uno de los objetivos fundamentales de la filosofía ―aunque sí uno de los más controvertidos y fascinantes― (…), esta injusticia exige una reparación por parte de la filosofía». (Vittorio Hösle, Woody Allen. Filosofía del humor, Tusquets, Barcelona, 2002, p. 13)

«El logro de la filosofía es el trabajo más serio del mundo, pero nadie puede permitirse tomárselo demasiado en serio. (…) Todos los grandes filósofos cuyas palabras y pensamientos han sobrevivido a los cambios y las épocas han tenido sentido del humor». (Manly P. Hall. Palabras de los sabios. Barcelona, 2017, p. 88)

TEORÍAS “MORALES” DE LO CÓMICO Y DEL HUMOR

A) Uno de los tópicos asociados con la filosofía antigua es el que tiene que ver con la pareja «Heráclito (el filósofo que siempre llora) /Demócrito (el filósofo que siempre ríe)».
   Según recoge la tradición, los abederitas, al ver que DEMÓCRITO siempre estaba riendo, pensaron que estaba loco, y llamaron a Hipócrates para que lo examinase. Cuando se entrevistó con él, Demócrito le dijo que «solo se reía de una cosa: del hombre lleno de despropósitos, desprovisto de obras firmes, pueril en sus designios, y sufriente, sin ninguna utilidad, a causa de sus inmensos trabajos».
   Demócrito hacía gala de una gran misantropía: odiar a los hombres es obedecer a la ley del cosmos, el cual está también «lleno de misantropía». Los únicos que no merecen ser despreciados son «aquellos que, sabiendo contener sus deseos, conocen los límites de la calma y la turbación». La risa, pues, hace más sabio al que la practica, según Demócrito.
De manera que Hipócrates diagnosticó que «Demócrito ni delira ni está loco, sino que es el hombre más sensato de nuestro tiempo».
   Es interesante esta asociación entre risa y desengaño del mundo, que se establece desde la más remota antigüedad, y que recogerá, primero el Barroco español, y más tarde la escuela pesimista alemana:

“Heráclito, con versos tristes, llora;
Demócrito, con risa, desengaña.” (Lope de Vega, Poesías varias a Juan de Piña).

B) En PLATÓN y ARISTÓTELES se hace hincapié en las implicaciones éticas de la risa.
   B.1) PLATÓN sostiene la teoría de la ignorancia, lo ridículo consiste esencialmente en la negación del precepto délfico: «conócete a ti mismo», o sea, una carencia de autoconocimiento. (Filebo, 47-50) El humor se basa en ver a los hombres incapaces de observarse a sí mismos, revelándose como una falta lo que suponían ser virtudes.
   Pero la risa tiene también una vertiente negativa: es algo que resulta divertido en la gente común, pero inaceptable cuando se trata de los gobernantes del Estado (República, II, 388 e). Como la risa es un placer, reír ante el engreimiento de alguien equivale a regocijarse de sus desgracias, lo que implica malicia y es doloroso. Por tanto, la risa incluye placer y dolor. Platón concluye, pues, que el humor tiene un matiz decadente: implica envidia y malicia.
   B.2) No conocemos bien la teoría de lo cómico y del humor de ARISTÓTELES, al haberse perdido su libro sobre la comedia, aunque menciona este tema en la Poética, la Retórica y la Ética a Nicómaco.
   Para Aristóteles, lo ridículo es un elemento esencial de la comedia, y el hombre es por naturaleza un «animal que ríe», aunque reír no es precisamente una virtud, porque para Aristóteles lo serio es el elemento rector de la vida (Ética a Nicómaco, X, 6)
   Aristóteles mantiene la teoría de la mímesis o imitación, quizás influida por las comedias de Aristófanes: a diferencia entre la tragedia y la comedia es que aquélla imita caracteres superiores y ésta última imita caracteres inferiores a lo normal y de bajo valor.
La risa se refiere a un defecto, una fealdad o un vicio que se imita sin dolor ni daño.
   Supone cierto castigo de la «torpeza moral» (Poética, II)
   El humor y la broma resultan beneficiosos, sobre todo en la controversia retórica: Gorgias afirmaba que «se debe matar la seriedad del oponente con las bromas, y sus chistes con la seriedad». (Retórica, Libro III)
C) TOMÁS DE AQUINO se ocupa de esta cuestión en la Suma Teológica, II-II, q. 168. arts. 2-4 y en el Comentario a la Ética a Nicómaco de Aristóteles, IV, 16.
   Tomás de Aquino mantiene la teoría del humor y la risa como lo lúdico («ludus», en el sentido de «diversión»: jugar es útil para la vida humana, pues sirve como distención ante la ansiedad que causan la preocupaciones y pesares de lo vida…
   El placer que proporciona el juego (de palabras o de acciones) tiene que ser un placer apropiado, y dicho placer tiene que ver con la virtud de la eutrapelia, la moderación en las diversiones, saber bromear, sobre todo en la conversación, y representa el justo término medio entre la grosería y la bufonería. Tomás afirma que se trata de un disfrute propio de inteligencias superiores, porque el ignorante no es capaz de apreciar las sutilezas de los juegos, especialmente de palabras.
D) DESCARTES se ocupa de la risa en su tratado sobre Las pasiones del alma (1649).
   La risa es un signo de alegría, mezclada con la admiración, la sorpresa y el odio u hostilidad. «La irrisión o burla -dice- es una especie de gozo mezclado con odio, que proviene de que percibimos un  pequeño mal en una persona que pensamos que es digna de él». Cuando la ridiculización es moderada, y el burlador no muestra hostilidad personal, la risa no es una pasión sino una cualidad de un hombre virtuoso, que pone de manifiesto la jocosidad de su humor y el equilibrio de su carácter:

«En cuanto a la broma modesta, que corrige los vicios de forma útil, haciéndolos parecer ridículos, (…) no es una pasión, sino una cualidad del hombre honesto».

E) Th. HOBBES mantiene la teoría de la «gloria súbita», es decir, la risa surge cuando alguien percibe que otra persona es inferior a él mismo, y siente entonces una sensación de «gran superioridad» sobre él. La alegría que provoca risa va unida, pues, a que nuestro espíritu se siente superior, comparándonos con las debilidades de otros hombres.Pero Hobbes introduce un matiz pesimista en el concepto de la risa: reírse constantemente de los defectos de los demás implica cierto grado de pusilanimidad y resentimiento, pues la superioridad se adquiere aquí por el rebajamiento de los demás, mientras que el hombre verdaderamente grande intenta ayudar y elevar a sus semejantes.
F) JOHN LOCKE mantuvo la denominada «teoría del ingenio» ―anticipada por B. Gracián―, según la cual la risa depende del ingenio de un sujeto, es decir, su capacidad para asociar ideas y ponerlas juntas con rapidez y variedad, allí donde pueda hallarse algún parecido o congruencia, creando así imágenes agradables y placenteras. El ingenio se opone al juicio, que consiste en la capacidad para separar ideas de cosas semejantes o parecidas, que pueden inducirnos a error. Por tanto, la risa es el resultado del ingenio, y este es la capacidad de percibir rápidamente cierta conexión entre elementos que aparecen incongruentes y sin relación aparente.

TEORÍAS “NIHILISTAS Y VITALISTAS” DEL HUMOR

A) El antecedente de estas teorías es KANT, quien, en la Crítica del juicio, mantiene la «teoría de la expectativa defraudada». Esta teoría aparecía ya en Cicerón («El chiste más común es aquel en que esperamos oír una cosa y se dice otra» [De oratore, I, cap. 63], Quintiliano (Instituciones oratorias, II), y Pascal («Nada hace reír tanto a las gentes como la sorprendente disparidad entre lo que esperan y lo que ven suceder»).
   Según Kant, la risa es una emoción que surge cuando algo que se espera intensamente no sucede: «La risa es una emoción que nace de la súbita transformación de una esperanza ansiosa en nada», lo que provoca la carcajada.
B) En su Introducción a la estética (1804) JEAN PAUL RICHTER sostiene una «teoría nihilista del humor o de lo cómico romántico», al que define como una negación de lo infinito en lo finito; pero también como una negación de lo finito ante lo infinito. El humor aniquila lo infinito reduciéndolo a lo finito; y aniquila lo finito, proyectándolo a lo infinito.
   Jean Paul atribuye un carácter romántico al humorismo, incompatible con el clasicismo, puesto que lo infinito excluye la plasticidad, característica de la poesía helénica. En este sentido, el humor supone la destrucción de lo sublime: «coloca el grande al lado del pequeño al mismo tiempo que lo pequeño al lado de lo grande, (…) reduciendo así a la nada uno y otro, porque ante lo infinito todo es igual y todo es nada». (V, §§1-2)
   El humor, o lo cómico romántico, es una «idea aniquiladora o infinita. Cuando el hombre contempla el mundo terrestre desde lo alto del mundo inmaterial, aquél le parece lleno de pequeñez y variedad: cuando se sirve del mundo pequeño, como hace el humor para medir el mundo infinito, produce esa risa en que vienen a mezclarse un dolor y una grandiosidad». (ibid., § 3) Por eso, en el humor hay algo serio, y cierto desprecio hacia la vida.
   El humor corresponde, sin duda, al «espíritu de la época actual [―llena de nihilistas poéticos―, que] se goza egoístamente en anonadar el mundo y el universo. (…) Apenas Dios, como el sol, desaparece del horizonte, el mundo se sumerge en las tinieblas; el que desprecia el universo sólo a sí mismo se estima y, solitario en el seno de la oscura noche, tiene miedo de sus propias creaciones. (…) Como si lo más extenso, lo infinito, no fuese precisamente lo real». (ibid. I, § 2)
   Para Jean Paul, en el humor hay algo demoníaco, entendiendo al diablo «como gran contradicción del mundo divino y como gran sombra del universo». (Ibid., § 3)
C) BAUDELAIRE sigue esta línea y sostiene la «teoría del carácter satánico de lo cómico»: Para Baudelaire, «la risa humana está íntimamente ligada al accidente de una antigua caída, de una degradación física y moral». (De la esencia de la risa y en general de lo cómico en las artes plásticas (1855), § 2)
   Según Baudelaire, «lo cómico es uno de los más claros signos satánicos del hombre (…): la risa viene de la idea de la propia superioridad. ¡Idea satánica como la que más! Orgullo y aberración». Afirma que «la risa es satánica, luego es profundamente humana. En el hombre se encuentra el resultado de la idea de su propia superioridad; y, en efecto, así como la risa es esencialmente humana, es esencialmente contradictoria, es decir, a la vez es signo de una grandeza infinita y de una miseria infinita. Miseria infinita respecto al Ser absoluto del que posee la concepción, grandeza absoluta respecto de los animales. La risa resulta del choque perpetuo de estos dos infinitos». (Ibid.,§§3-4)
   Según Valeriano Bozal, con este matiz que introduce Baudelaire, lo cómico y el humor adoptan el «punto de vista del mundo», un punto de vista inmanente, que muestra la verdad del mundo: una negatividad absoluta:

«La risa satánica es contradictoria, pone en pie tanto la grandeza como la miseria infinitas: la pertenencia a la naturaleza sublime no menos que la caída y la expulsión. De esta forma se invierte lo sublime y se contempla el sujeto como un absoluto negativo que carece de cualquier otra posibilidad de redención que no sea la risa: y, puesto que no existe otra redención, por eso ríe». (Bozal, Cómico y grotesco)

   Baudelaire fundamenta teológicamente la risa en Mi corazón al desnudo (1897): Allí afirma que existen en todo hombre dos tendencias simultáneas: una hacia Dios y otra hacia Satán. La tendencia a Dios, o espiritualidad, es un deseo de ascender de grado; la de Satán, o animalidad, es un gozo por rebajarse; y es esta contradicción entre ambas tendencias la que, sentida por el hombre, le hace sentirse superior e inferior, salvado y caído, provocando su hilaridad.
D) Un tratamiento muy detallado del humor se encuentra en la escuela pesimista alemana.
   D.1) ARTHUR SCHOPENHAUER mantiene la «teoría de la incongruencia» entre el conocimiento intuitivo y el abstracto para explicar la risa, «un fenómeno […] que, al igual que la razón, es privativo de la naturaleza humana». (MVR, I, § 13)

«La risa no se debe sino a la repentina percepción de una incongruencia entre un concepto y los objetos reales que habían sido pensados en algún tipo de relación previa a dicho concepto, de suerte que la risa sólo es la expresión de tal incongruencia». (MVR I, § 13)

   Schopenhauer divide “lo risible” en dos tipos:
   A) Si se han conocido intuitivamente dos objetos muy distintos, y se los identifica arbitraria, pero conscientemente, mediante la unidad de un concepto que abarca ambos, se tiene el ingenio (ocurrencia jocosa).
   B) A la inversa, si se da primero un concepto, y luego, partiendo de ese concepto y pasando a la realidad, se trata por igual y de forma inconsciente objetos radicalmente distintos, o heterogéneos, se tiene la locura (chifladura).
   El bufón o payaso es quien enmascara el ingenio como locura, es decir, es consciente de la diversidad de los objetos, pero los fusiona con ingenio y disimuladamente bajo un concepto, para descubrir luego que se trata de objetos diversos, causando la sorpresa que él mismo ha preparado. (MVR I, § 13)
   En Schopenhauer, el humor es la síntesis de lo cómico (la risa) y lo serio, y consiste en ocultar lo serio detrás de la broma y tiene un carácter más subjetivo, elevado y sublime. (MVR II, Comp. L. I, § 8)E s conveniente no confundir la bufonería con el humor, que es algo mucho más elevado y, por así decirlo, más filosófico (MVR II, Comp. L. I, § 8).
   D.2) En su Philosophie des Schönen (1887), EDUARD von HARTMANN explica lo cómico y el humor mediante la «teoría de la reducción al absurdo».
Lo cómico «es aquello que se presenta con falsas pretensiones ,y que podría ser también de otra manera, [pero] que se desenmascara a sí mismo como algo que lógicamente no debe ser y absurdo». (Ibid., p. 309) Con esto, von Hartmann introduce lo absurdo como factor de comicidad.
   El humor, por su parte, supone la máxima libertad espiritual que puede alcanzar el sujeto ante las contradicciones y lo trágico de la vida. Surge cuando una persona se ve afectado por conflictos profundamente tristes y golpes ineludibles del destino, que superan sus fuerzas, pero sin embargo aún tiene «la inusual libertad espiritual de tratar estas profundas tristezas de forma humorística», y sin el más mínimo asomo de amargura.
   Cuando esto sucede, se trata de algo tan increíble, que puede pensarse que se trata de alguien que carece de corazón o enajenado mentalmente, cuando en realidad se trata de alguien que se ha liberado completamente de lo terrenal. Aquí «la carcajada burlona [propia de lo cómico] se reduce a un suave «reír con lágrimas en los ojos» (…) sobre la naturaleza humana, que cae siempre en nuevos conflictos e irremediables debilidades». (Ibid., p. 391-392)
   D.3) Ph. MAINLÄNDER trata del humor en el § 13 y ss. de su “Estética” (Philosophie der Erlösung [Filosofía de la redención, Ed. Xorki, Madrid, 2014, pp. 156 y ss.]), donde expone su «teoría del humor como redención incompleta».
   Según Mainländer, el humorista es aquel cuyo espíritu se ha elevado por encima de la vida, «una vez iluminada su voluntad por el conocimiento de que esta carece de valor», aquel que sabe que la voluntad «nunca podrá alcanzar la satisfacción que busca en la vida», pero, sin embargo, «abraza la vida con desesperación». (FR, § 14) El humorista, por tanto, oscila entre el sabio y el hombre vulgar: se ha dado cuenta de que la vida es estúpida y carece de valor, y desea el reposo de la muerte, pero, a pesar de ello, desea vivir, viéndose incapaz de renunciar a la vida. Su «demonio» (la sangre) oscila entre el espíritu y la voluntad, y está desgarrado y a disgusto. Esta discrepancia es la que le produce risa; pero sólo ríe su boca, mientras su corazón sangra y amenaza con quebrarse. (FR, § 14)
   D.4) JULIUS BAHNSEN (1830-1881) expone su «teoría del humor desesperado» en el   libro Lo trágico como ley del mundo y el humor como forma estética de lo metafísico (1877).
   La filosofía de Bahnsen es una dialéctica real: la voluntad se despliega en infinidad de voluntades individuales, que están en permanente contradicción entre sí. No hay medio de escapar a la «desgarradura» o auto-escisión de la voluntad (Lo trágico como ley del mundo, p. 79). Pero gracias al humor, el espíritu consigue liberarse y elevarse por encima de las contradicciones de la voluntad y el sufrimiento que estas implican. (Ibid., pp. 37-38) El humor nos permite hacer soportable una existencia que, sin él, terminaría enloqueciéndonos; y es tanto más efectivo cuanto más pesimista es la concepción del mundo que enmascara quien ríe. (Ibid., pp. 146-147)
   Bahnsen sostiene, incluso, que, para ser un verdadero humorista, hay que estar completamente desesperado: sólo quien no espera ya nada de la vida puede tasarla en su verdadero valor, que es nulo, y reírse de ella. (Ibid., pp. 154-56) Si el hombre, como lo define Bahnsen, es una «nihilencia» (Nihilenz), es decir, «una nada consciente de sí misma», entonces el hombre más consciente es aquel que, siendo consciente de la tragedia que es vivir, afronta toda la vida con humor, siendo capaz, incluso, de reírse de sí mismo. En este sentido, el humor es «la “última palabra” a la que puede aspirar nuestra sabiduría». (Ibid., p. 175, paráfrasis de Goethe: Fausto, 2ª parte, Acto V, escena IV).
E) F. NIETZSCHE entiende la risa como una compensación del dolor: el hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que ha debido inventar la risa. La risa le proporciona al ser humano la fuerza que precisa para soportar la tragedia de la existencia. Por eso, al superhombre, como «espíritu libre» se le identifica, ante todo, por su capacidad para reír.
   Hay dos tipos de risas: una, nihilista, que diciendo NO contribuye a derribar los falsos ídolos que oprimen la vida, y otra afirmativa, que dice SÍ a la vida, y se expresa a través del humor y la alegría. Es una risa que se opone al “espíritu de pesadez” y a la seriedad. La risa es la característica fundamental de la Gaya Ciencia.  Es un «arma filosófica», al servicio de un intelecto liberado de la rigidez de los conceptos. Al nihilismo es necesario oponerle la voluntad de reír.

«Reír significa: ser malicioso, pero con buena conciencia». (La Gaya ciencia, § 200)

   Para Nietzsche, la risa es la actitud vital por excelencia, ya que da cuenta de la gran salud de aquel que ríe; pero también es un nuevo modo de comprender la vida: reír implica aniquilar prejuicios y asumir una transvaloración de los valores.
   La risa que recomienda Zaratustra es una risa sin resentimiento ni venganza: la risa debe tener un carácter regenerador más que corrector; debe recrear la tragedia en comedia. La risa está vinculada, además, con el eterno retorno, pues implica la afirmación del instante y de su eternidad, a pesar de todo sufrimiento y de todo dolor.
F) En su ensayo La risa (1899), H. BERGSON postula que el fundamento de lo cómico es la «mecanización de la vida».

«Lo mecánico insertado en lo vivo (…) es donde reside el efecto cómico».
«Es cómica toda combinación de actos y de acontecimientos que nos produce la ilusión de la vida y la sensación de una disposición mecánica».

   La risa está causada al producirse la transformación momentánea de una persona en una cosa. En el marco de su filosofía vitalista, para Bergson lo cómico es una consecuencia del automatismo y la rigidez que se oponen al élan vital. Lo cómico surge de una falta de flexibilidad del ser humano, que le hace caer en la rigidez y el automatismo, impidiéndole adaptarse al devenir constante de la vida y de la sociedad. Las actitudes, gestos, movimientos y palabras del cuerpo humano causan risa en la exacta medida en que dicho cuerpo nos hace pensar en algo simplemente mecánico. La risa es un gesto social que «castiga» la mecanización de la vida.

TEORÍAS DE LO CÓMICO Y DEL HUMOR COMO “DESCARGA Y AHORRO DE LA ENERGÍA PSÍQUICA”

A) El elemento de transición es Lipps ―leído y valorado por Freud―, con su libro El humor y lo cómico. Un estudio estético-psicológico (1898).
Según Lipps, lo cómico surge cuando esperamos algo sublime o grandioso, y luego algo relativamente fútil toma su lugar y desempeña su papel. Hay, entonces, «un contraste entre la expectativa y lo que ocurre en su lugar».

«Por doquier en la comicidad encontramos una oposición entre lo significativo o relevante y lo insignificante (…), de lo sublime y lo pequeño o fútil».

   La comicidad se hace elevada cuando penetran en ella valores superiores y es capaz de presentar lo moralmente valioso en toda su sublimidad. Cuando esto sucede, se convierte en humor, alcanzando una categoría estética: «El humor es la “modificación de lo bello”, dentro de la cual lo cómico obtiene valor estético».

«La verdadera razón y núcleo del humor es en todo lugar y en cualquier momento lo relativamente bueno, hermoso, sensato, que también se encuentra ahí donde según nuestros conceptos usuales no existe, o incluso es negado de manera intencional. (…) [Por eso,] el humor [es] la sublimidad en la comicidad y por medio de ella».

B) Freud expone su teoría sobre lo cómico y el humor en dos textos: El chiste y su relación con el inconsciente (1905) y El humor (1927)
   Freud va a analizar lo cómico y el humor desde un punto de vista económico, como ahorro y descarga de la energía psíquica. Desde su punto de vista, ambos se deben a un proceso liberador.
   1) Empezando por el chiste, Freud explica el placer que produce partiendo de una analogía con los procesos psíquicos que tienen lugar en la elaboración de los sueños:  desplazamientos, contrasentidos, representaciones indirectas, errores intelectuales…: de ahí la brevedad del chiste, semejante a la del sueño.
   Hay chistes inocentes, cuyo placer se basa simplemente en la técnica de su construcción, y chistes tendenciosos, cargados de hostilidad o de sexualidad reprimidas, que provocan un placer doble: por la técnica y por la reprimido que satisfacen de forma sustitutiva. El chiste tendencioso permite satisfacer un instinto hostil o libidinoso, superando la represión que impide satisfacer tales instintos.
   El chiste permite ahorrar el “gasto psíquico” de energía que requiere esa represión, y ese plus de energía liberada se descarga en forma de risa: por eso se habla de una risa «irreprimible». Y como lo infantil es la sede de lo inconsciente, el chiste nos hace reconquistar por un momento la felicidad sin represiones de la infancia. El chiste es, pues, «la aportación que lo inconsciente procura a la comicidad».
   2) El humor produce un placer que surge al cohibirse un afecto doloroso (compasión, disgusto, enternecimiento…), ahorrando así un gasto de sentimiento.
   El gasto que estábamos dispuestos a otorgar al sentimiento se muestra inútil:  el humor se defiende de ese sentimiento doloroso, no tomándolo en serio, y entonces la carga destinada a cohibir el sentimiento se descarga en forma de risa. También el humor nos remite a la infancia y al sentimiento de superioridad: rl niño experimenta sentimientos dolorosos; pero el humorista compara su yo actual con su yo infantil y se dice: “ «soy demasiado grande para que esto pueda causarme disgusto». Por eso, en el humor hay un matiz de adultez y seriedad, que no se da ni en el chiste ni en lo cómico.
   En el artículo El humor, de 1927, enmarcado en su «segunda tópica», Freud incide en este componente «sublime» del humor: «El humor no tiene sólo algo de liberador como el chiste y lo cómico, sino también algo de grandioso y patético». Ese componente grandioso, o de superioridad, procede de un «triunfo del narcisismo»: el yo se defiende del sufrimiento que le provoca la realidad, mostrando que para él es una ocasión de ganancia de placer.
   El humor «significa el triunfo del yo [y] también del principio de placer, capaz de afirmarse aquí, a pesar de lo desfavorable de las circunstancias reales. (…) [En la actitud humorística] uno se rehúsa al sufrimiento, pone de relieve que el yo es indoblegable por el mundo real, sustenta triunfalmente el principio del placer, pero todo ello sin resignar (…) la salud anímica».
   En el humor, hay dos posibilidades: que el humorista «gane su superioridad poniéndose en el papel del adulto, en cierto modo en la identificación del padre, y deprimiendo a los otros en condición de niños”, o que dirija el humor hacia su propia persona, para defenderse del sufrimiento, en cuyo caso el acento psíquico recae en el superyó, que, hinchado, considera desdeñables los intereses del yo.
   De este modo «el humor sería la contribución a lo cómico por la mediación del superyó». El placer que proporciona el humor no provoca una risa franca, pero al rechazar la realidad y servir a una ilusión, «lo sentimos como particularmente emancipador y enaltecedor». El superyó nos dice: «Véanlo: ese es el mundo que parece tan peligroso. ¡Un juego de niños, bueno nada más que para bromear sobre él!»
   Pero esta superioridad del humor exige también cierta superioridad o elevación de espíritu de la persona que lo manifiesta; por eso el humor «es un don precioso y raro, [y] muchos son hasta incapaces de gozar del placer humorístico que se les ofrece».

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PONENCIA: «DOS MIL QUINIENTOS AÑOS DE RISAS: LO CÓMICO Y EL HUMOR, DE DEMÓCRITO A FREUD»

ELCHE, 6-04-2019


TEXTOS
TEORÍAS "MORALES" DE LO CÓMICO Y DEL HUMOR:

Heráclito vs. Demócrito

   «Piña, al tiempo veloz, porque devora, / Pintaron de Saturno la guadaña, / Cae con golpe horrísono la montaña, / Que humilde al sol entre nubes dora. / Heráclito, con versos tristes, llora; / Demócrito, con risa, desengaña, / Que puede anochecer inútil caña / Árbol, que vio laurel la blanca Aurora. / Pues eres tan discreto cortesano, / Que penetras las cosas más sutiles, / Dime, para que yo no estudie en vano: / ¿En qué consiste haber hombres tan viles, / Que quien ayer con Héctor fue troyano, / Hoy puede ser tan griego como Aquiles?»(LOPE DE VEGA, Colección de obras sueltas assi en prosa como en verso, IV, Imp. De Sancha, madrid, 1776, p. 433)
Lo cómico en Platón

   «(…) ¿Concibes bien cuál es la naturaleza del  ridículo? (…) Tomándolo en general, es una especie de vicio, un cierto hábito; y lo propio de este vicio es producir en nosotros un efecto contrario a lo que prescribe la inscripción de Delfos. (…) conócete a ti mismo. (…) La ignorancia, en efecto, en las personas poderosas es vergonzosa y aborrecible, porque es perjudicial al prójimo, ella y cuanto a ella se parece; mientras que la ignorancia acompañada de debilidad es el lote de los personajes ridículos. (…) [Así que] el ridículo se halla donde se encuentra la debilidad y lo odioso donde se encuentra la fuerza. [Siendo esto así,] ¿no confesaremos (…) que esta disposición de nuestros amigos, cuando no daña a nadie, es ridícula?» (PLATÓN, Filebo, 47-50)

Lo cómico en Aristóteles

   «Esta diferencia es también la que distingue a la tragedia y la comedia, ésta pinta a los hombres peores de lo que son, aquélla mejores que los del presente». (ARISTÓTELES, Poética, II, 1448a)
   «Respecto a la comedia es (…) una imitación de los hombres peor de lo que son; peor, en efecto, no en cuanto a algunas y cada tipo de faltas, sino sólo referente a una clase particular, lo ridículo, que es una especie de lo feo. Lo ridículo puede ser definido acaso como un error o deformidad que no produce dolor ni daño a otros; la máscara, por ejemplo, que provoca risa, es algo feo y distorsionado, que no causa dolor». (ARISTÓTELES, Poética, II, 1449a)
   «La broma es una desmesura en los límites de la educación». (ARISTÓTELES, Retórica II, 1389b)
   «Se debe matar la seriedad del oponente con las bromas, y sus chistes con la seriedad». (ARISTÓTELES, Retórica, Libro III)

Lo cómico en Tomás de Aquino

   «De igual modo que el hombre necesita del descanso corporal para reconfortar el cuerpo, que no puede trabajar incesantemente, porque su capacidad es finita y limitada a ciertos trabajos, eso pasa también en el alma, cuya capacidad es también limitada y determinada a ciertas operaciones. Por eso, cuando ejerce algunas operaciones por encima de su capacidad, se fatiga, sobre todo porque en las operaciones del alma trabaja también el cuerpo, ya que el alma, incluso la intelectiva, hace uso de fuerzas que operan por medio de órganos del cuerpo. Por otra parte, los bienes sensibles son connaturales al hombre. Por ello, cuando el alma se eleva sobre lo sensible mediante obras de la razón, aparece un cansancio en el alma, bien sea porque el hombre pratica obras de la razón práctica o bien de la especulativa. En ambos casos, sufre un cansancio del alma, tanto mayor cuanto mayor es el esfuerzo con el que se aplica a las obras de la razón. Y del mismo modo que el cansancio corporal desaparece por medio del descanso corporal, también la agilidad espiritual se restaura mediante el reposo espiritual. Ahora bien: el densanso del alma es deleite. (…) Por eso es conveniente proporcionar un remedio contra el cansancio del alma mediante algún deleite, procurando un relajamiento en la tensión del espíritu. (…) San Juan hizo notar (…) que se rompería también el alma humana si se mantuviese siempre la misma tensión.
   Estos dichos o hechos, en los que no se busca sino el deleite del alma se llaman diversiones o juegos. Por eso es necesario hacer uso de ellos de vez en cuando, para dar algo de descanso al alma. Esto es lo que dice el Filósofo en IV Ethica: “En la conservación de esta vida se necesita descansar mediante el juego. Hay que hacer uso de él, por tanto”. En cuanto a los juegos, hay que evitar tres cosas: la primera y principal, que este deleite se busque en obras o palabras torpes o nocivas. (…) En segundo lugar, hay que evitar que la gravedad del espíritu se pierda totalmente. (…) En tercer lugar, hay que procurar, como en todos los demás actos humanos, que el juego se acomode a la dignidad de la persona y al tiempo, es decir, que sea “digno del tiempo y del hombre”, como dice Cicerón. (…)
   Todo esto se ordena mediante las reglas de la razón. Ahora bien: el hábito que obra según la razón es la virtud moral. Por consiguiente, puede existir una virtud que se ocupa de los juegos, virtud a la que el Filósofo llama eutrapelia. Al que la practica lo llamamos eutrapélico, derivado de buen cambio, porque convierte dichos o hechos en motivos de recreo. Y en cuanto que esta virtud hace que el hombre se refrene de la falta de moderación en el juego pertenece a la modestia». (TOMÁS DE AQUINO, Suma teológica, Parte II- IIae. Cuestión 168, artículo 2)
Lo cómico y el humor en Descartes
   «La irrisión o burla es una especie de gozo mezclado con odio, que provene de que percibimos un pequeño mal en una persona que pensamos que es digna de él. (…) En cuanto a la broma modesta, que corrige los vicios de forma útil, haciéndolos parecer ridículos, (…) no es una pasión, sino una cualidad del hombre honesto». (DESCARTES, Tratado de la pasiones del alma)
Lo cómico en Thomas Hobbes
   «La gloria súbita es la pasión que da lugar a esos gestos llamados risa, y es causada por algún súbito acto propio que complace, o por la aprehensión de algo deformado en otro, por comparación con lo cual hay autoaprobación, y es frecuente, soBre todo en aquellos que son conscientEs de las pocas habilidades que en ellos hay, que se ven forzados a conservarse, en su propia estima, obervando las imperfecciones de otros hombres. Y por tanto, mucha risa ante los defectos de otros es un signo de pusilanimidad. Pues una de las labores propias de las grandes mentes es ayudar a liberar a otros del desdén y compararse a sí mismos con los más capaces». (Th. HOBBES, Leviatán, Ed. Nacional, 1983, p. 163)
   «Existe un precepto de la ley natural que dice que nadie ni con hechos ni con palabras ni con el gesto ni con la risa, demuestre a otro que le odia o le desprecia. A la violación de esta ley se llama contumelia». (Th. HOBBES, El ciudadano, CSIC, 1993, p. 36)

Lo cómico y el humor en J. Locke

   «El ingenio, de manera fundamental, estriba en reunir varias ideas, juntando rápidamente aquellas en las que se pueda ver alguna semejanza o relación, de manera que se producen cuadros felices y visiones agradables a la imaginación; por el contrario, el juicio es totalmente opuesto, desde el momento en que actúa separando cuidadosamente aquella ideas entre las que puede encontrar la menor diferencia, para, de este modo, evitar que por la semejanza se produzca engaño, porque podría tomar una cosa por otra, debido a su similitud. Esta manera de actuar resulta totalmente contraria a la metáfora y a la alusión, que resultan gratas a todos por dirigirse a nuestra imaginación de manera tan viva, y porque, además, su belleza nos deslumbra y hace inútil cualquier esfuerzo del pensamiento por descubrir la verdad o razón que conllevan. La mente queda satisfecha con lo agradable del cuadro y lo llamativo de la imagen, sin ocuparse de penetrar más adelante; y supondría una especie de agravio examinar esta clase de pensamientos según las severas reglas de la verdad y y del buen razonar; de donde se infiere que el ingenio consiste en algo que no corresponde a dichas reglas de manera exacta». (J. LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano, I, Libro II, cap. 11, § 2)

TEORÍAS "NIHILISTAS" Y "VITALISTAS" DEL HUMOR:

Lo cómico y el humor en Kant

   «En todo lo que es capaz de excitar fuertes estrépitos de risa, debe haber algo absurdo (en donde, por consiguiente, el entendimiento no puede hallar por sí mismo la satisacción). La risa es una emoción que nace de una súbita transformación de una ansiosa espera en nada. (…) Es necesario mostrar que en esta especie de casos la bufonería debe contener siempre alguna cosa que puede producir por un momento la ilusión; es por lo que cuando la ilusión se disipa, el espíritu se queda atrás para experimentarla de nuevo y de este modo, por efecto de una tensión y de un relajamiento que se sucede rápidamente, es llevado y balanceado, por decirlo así, de un punto a otro, y como la causa que en cierto modo tiraba de la cuerda viene a retirarse de un golpe (y no insensiblemente), resulta de aquí un movimiento del espíritu y un movimiento interior del cuerpo, correspondiente al primero, que se prolongan involuntariamente, y fatigándonos por completo, nos distraen (producen en nosotros efectos favorables a la salud)». (KANT, Crítica del juicio, § 53, Observación)

Lo cómico y el humor en Jean Paul Richter

   «§ 1º. Del humor.- (…) Hemos asignado a la poesìa romántica lo infinito del sujeto. Tal un espacio en que el mundo objetivo pierde sus límites como en un rayo de luna. ¿Cómo puede lo cómico convertirse en romántico no consistiendo más que en el contraste de lo finito con lo infinito, y no pudiendo admitir lo infinito? El entendimiento y el mundo objetivo sólo conocen lo finito. Aquí no hay más que un contraste infinito entre las ideas (de la razón) y el finito mismo tomado en su totalidad. Pero, ¿qué sucedería si se atribuyese y se opusiese este finito como contraste subjetivo a la idea (infinito) como contraste objetivo, y que en lugar de lo sublime o de la manifestación de lo infinito se hiciera nacer una manifestación de lo finito en lo infinito, es decir, una infinitud de contraste, en una palabra, una negación de lo infinito? En este caso tendríamos el humor o lo cómico romántico». (J. P. RICHTER, Introducción a la estética, V, § 1)
   «§ 2º. Universalidad del humor.- El humor, como destrucción de lo sublime, no hace desaparecer lo individual sino lo finito en su contraste con la idea. Para él no existe la tontería individual, ni los tontos, sino solo la tontería y el mundo tonto. Diferente de las ideas de lo cómico vulgar, no pone en evidencia una locura individual. Rebaja la grandeza y eleva la pequeñez, pero (…) lo hace colocando el grande al lado del pequeño al mismo tiempo que lo pequeño al lado de lo grande, y reduciendo así a la nada uno y otro, porque ante lo infinito todo es igual y todo es nada». (Ibid. § 2)
   «§ 3º. La idea aniquiladora o infinita del humor.- Éste es el segundo elemento del humor, en cuanto sublime destruido. (…) Su descenso a los infiernos le abre las puertas del cielo. (…) Cuando el hombre (…) contempla el mundo terrestre desde lo alto del mundo inmaterial, aquél le parece lleno de pequeñez y variedad: cuando se sirve del mundo pequeño, como hace el humor para medir el mundo infinito, produce esa risa en que vienen a mezclarse un dolor y una grandiosidad. Por esto (…) el humor inspira sobre todo seriedad. Marcha sobre un borceguí, pero poco elevado, y lleva a menudo la máscara trágica, al menos en la mano. Por este motivo los grandes humoristas han sido (…) muy graves, y los mejores se deben a una nación muy melancólica. Los antiguos amaban demasiado la vida para despreciarla con el humor». ( Ibid, §3)

Lo cómico y el humor en Baudelaire

   «Lo cómico es uno de los más claros signos satánicos del hombre y una de las numerosas pepitas contenidas en la manzana simbólica. (...): la risa viene de la idea de la propia superioridad. ¡Idea satánica como la que más! Orgullo y aberración. (...) Y esa risa es la explosión perpetua de su cólera y de su sufrimiento. Él es, entiéndaseme, el resultado necesario de su doble naturaleza contradictoria, que es infinitamente grande en comparación con el hombre, infinitamente vil y bajo en comparación con lo Verdadero y lo Justo absolutos. (...) La risa es satánica, luego es profundaente humana. En el hombre se encuentra el resultado de la idea de su propia superioridad; y, en efecto, así como la risa es esencialmente humana, es esencialmente contradictoria, es decir, a la vez es signo de una grandeza infinita y de una miseria infinita. Miseria infinita respecto al Ser absoluto del que posee la concepción, grandeza absoluta respecto a los animales. La risa resulta del choque perpetuo de estos dos infinitos. (...)
   Lo cómico sólo puede ser absoluto en relación con la humanidad caída, y es así como yo lo entiendo". (Ch. BAUDELAIRE, De la esencia de la risa y en general de lo cómico en las artes plásticas, §§ 3-4, 5)

Lo cómico y el humor en Schopenhauer

a) La risa, fenómeno exclusivamente humano

   «Al carecer de razón y, por tanto, de conceptos universales, el animal está privado de la risa, al igual que del lenguaje. Por eso la risa es un privilegio y un rasgo característico del hombre». A. SCHOPENHAUER, El mundo como voluntad y representación (Trad., introducción y notas de R. Rodríguez Aramayo), Círculo de Lectores/FCE, Madrid, 2003, II, Comp. L. I, § 8, pp. 102-103)

b) Explicación de la risa

   «La risa no se debe sino a la repentina percepción de una incongruencia entre un concepto y los objetos reales que habían sido pensados en algún tipo de relación previa a dicho conceptos, de suerte que la risa sólo es la expresión de tal incongruencia. Con frecuencia, la risa comparece porque dos o más objetos reales son pensados por un concepto que les transfiere su identidad, siendo así que su diversidad salta a la vista sobradamente y que el concepto sólo casa parcialmente con tales objetos. Sin embargo, muy a menudo se trata de un único objeto real, cuya incongruencia con el concepto bajo el que por un lado se había subsumido correctamente se hace notar de repente. Cuanto más correcta es por un lado la subsunción de tales realidades bajo el concepto, así como cuanto mayor y más estridente es su inadaptación para con él, tanto más intenso es el efecto de lo risible que se corresponde con tal contraste. Así pues, la risa surge con ocasión de una subsunción paradójica y por ello inesperada, dando igual que se dé mediante palabras o hechos. Esta es una breve pero correcta explicación de lo risible. (...)» (MVR I, § 13, pp. 146).

c) Broma, ironía, humor. El humor, síntesis de lo cómico (la risa) y lo serio

   «Lo intencionalmente irrisorio es la broma: ella se esfuerza por interponer una discrepancia entre los conceptos del otro y la realidad mediante el desplazamiento de una de las cosas, mientras que su contrario, lo serio consiste en ajustar exactamente ambas entre sí. Si la broma se oculta detrás de lo serio, nace la ironía, v. gr. cuando simulamos compartir con aparente seriedad las opiniones del otro, que son lo contrario de las nuestras, hasta que, finalmente, el resultado le hace confundir nuestras opiniones y la suyas Así procedía Sócrates frente a Hipias, Protágoras, Gorgias y otros sofistas o en general ante cualquier interlocutor. Lo contrario de la ironía sería ocultar lo serio detrás de la broma y esto es el humor. A esto se puede llamar el doble contrapunto de la ironía. Definiciones como “el humor es la recíproca penetración de lo finito y lo infinito” no expresan más que la completa incapacidad para pensar de aquellos a quienes satisfacen estas hueras flores retóricas. La ironía es objetiva, cuenta con los demás; pero el humor es subjetivo y solo mira, sobre todo, al propio yo. Con arreglo a ello encontramos las piezas maestras de la ironía entre los antiguos y las del humor entre los modernos. Bien mirado, el humor descansa sobre una disposición de ánimo subjetiva, pero seria y sublime, que entra involuntariamente en conflicto con un mundo externo muy heterogéneo, al que no puede esquivar, así como tampoco renunciar a sí misma; por eso, como mediación, intenta pensar su propio parecer y ese mundo externo mediante los mismos conceptos, los cuales reciben una doble incongruencia ya sea por este lado o por el otro, con lo real pensado mediante ellos, con lo que se origina  la impresión de lo intencionalmente irrisorio, o sea, de la broma, tras lo cual está oculto y se deja traslucir lo más profundamente serio. La ironía comienza con gesto serio y acaba con uno risueño, a la inversa el humor». (MVR II, Comp. L. I, § 8, pp. 103-4)
Lo cómico y el humor en Eduard von Hartmann

a) Lo cómico como percepción de la reductio ad absurdum de un proceso por sus consecuencias

   «(…) Allí donde se avanza hacia la (...) auto-supresión externa [de lo ilógico], y no se suscita ninguna simpatía (…) por el individuo que ha caído, tenemos ante nosotros aquella modificación de lo bello que suele llamarse lo cómico en el amplio sentido de la palabra. (…) Lo ilógico que podría y debería ser lógico, pero que sin embargo es ilógico, y encima se camufla de lógico y pretende ser respetado como tal, (...) aquello que se presenta con falsas pretensiones y que podría ser también de otra manera, se desenmascara a sí mismo como algo absurdo y que lógicamente no debe ser.» (E. v. HARTMANN., Philosophie des Schönen, Wegweiser-Verlag, Berlín 1924 (2ª Ed.), pp. 312-314)

b) El humor

   «(...) Una personalidad dispuesta humorísticamente puede verse afectada realmente por conflictos profundamente tristes y golpes del destino difícilmente eludibles, de manera que sobrepasa las fuerzas humanas encontrar una solución para las mismas. Entonces, si esa personalidad tiene la libertad espiritual, completamente inusitada, de tratar estas profundas tristezas de forma humorística, nos hallamos ante algo tan inaudito y fuera de lo común, que es fácil creer que ese individuo carece de corazón y que su tristeza tiene un carácter meramente fingido, o en que se ha visto acometido por una súbita enajenación mental transitoria, en vez de pensar que el humor del que hace gala sea auténtico. Y, de hecho, hay en él algo antinatural y anormal, porque la naturaleza humana normal exige cierto tiempo para poder dominar totalmente una tristeza realmente seria, y ve en la interrupción de este tiempo de duelo mediante la exhibición cómica o el humor ingenioso una rudeza de sentimiento o un estado de alienación. (...) Lo característico de este humor, con su conmovedora tristeza es que aquí falta la perspectiva sobre la propia caída, que es inminente (caso de que no haya decidido suicidarse) y la elevación trágica que surge con ello tampoco llega a darse inmediatamente, sino que parece como si fuese mediatamente resuelto, trayendo la entrada de lo cómico la completa liberación de lo terrenal, mostrándose claramente la superación de la conciencia de la esfera inmanente. (...) Aquí, la carcajada burlona se reduce a un suave reír sobre la naturaleza humana, que siempre cae en nuevos conflictos y en irremediables debilidades: es en el humor elegíaco donde la expresión “reír con lágrimas en los ojos” encuentra su utilización más precisa». (Ibid., p. 391)

Lo cómico y el humor en Philipp Mainländer

Amargura del humor

   «Hemos visto anteriormente que el auténtico sabio ha de haberse elevado efectivamente por encima de la vida, una vez iluminada su voluntad por el conocimiento de que esta carece de valor. Si se da este conocimiento, pero no se transmite a la sangre, al demonio [Dämon]; dicho de otro modo: si la voluntad conoce, como espíritu, que nunca podría alcanzar la satisfacción que busca en la vida, pero inmediatamente abraza la vida con desesperación, entonces jamás hace acto de presencia el auténtico sabio.
   Es esta curiosa relación entre voluntad y espíritu la que es esencial para el humorista. El humorista no puede mantenerse por mucho tiempo en la clara cima en la que se encuentra el sabio. El hombre vulgar se abre por completo a la vida; no le da vueltas a la cabeza pensando: ¿de dónde vengo? o ¿adónde voy?; tiene siempre firmemente ante sus ojos sus objetivos terrenales. El sabio, por su parte, vive en la restringida atmósfera que se ha proporcionado a sí mismo y ha alcanzado plena claridad sobre sí mismo y sobre el mundo —siendo indiferente por qué camino ha llegado a ella—. Ambos reposan firmemente sobre sí mismos. Pero el humorista es diferente. Él ha saboreado la paz del sabio; ha sentido la beatitud del estado estético; ha sido huésped en la mesa de los dioses; ha vivido en un éter de claridad meridiana; y, sin embargo, un impulso incontrolable le empuja de nuevo al fango del mundo. Huye de él, porque solo tiene un anhelo: el de reposar en la tumba, y sólo puede rechazar todo lo demás como una solemne estupidez; pero una y otra vez cede a la llamada que le lanzan las sirenas desde la vorágine, y baila y salta en el sofocante salón, con el profundo anhelo de paz en su corazón; por eso, se puede decir de él que es hijo de un ángel y de una hija de los hombres. Pertenece a dos mundos; porque le falta la fuerza para renunciar a uno de ellos. Cuando se encuentra en el festín de los dioses, una llamada desde abajo interrumpe su alegría; y, cuando se lanza en sus brazos, despeñándose desde el aire, le amarga el anhelo de puro goce, que le reclama desde arriba. Así, su demonio se ve lanzado de acá para allá, y se siente desgarrado. El talante fundamental del humorista es estar a disgusto.
   Pero lo que en él no se debilita, ni vacila; lo que se alza, firme como una roca; aquello que ha comprendido, y que ya no le abandona, es el conocimiento de que la muerte es preferible a la vida, y que “el día de la muerte es mejor que el del nacimiento” [Eclesiastés, 7, 1]. Él no es un sabio, y ni mucho menos un héroe sabio; pero, precisamente por eso, es alguien que puede comprender plena y enteramente la grandeza y sublimidad del carácter de estos seres tan nobles, y se siente embargado por el sentimiento sagrado que le caracteriza. Lo porta en sí como ideal, y sabe que él, por ser un hombre, puede realizarlo… “si el sol está en conjunción con los planetas” [Goethe]. Con esto, y con el firme conocimiento de que la muerte es preferible a la vida, se las arregla con su disgusto y se lleva sobre sí mismo. Ahora está libre de él, y es ahora —téngase muy en cuenta— cuando llega a hacérsele objetivo el propio estado del que ha escapado. Lo mezcla con el estado de su ideal, y se ríe de la estupidez de su insuficiencia: pues el reír surge siempre cuando descubrimos una discrepancia, es decir, cuando medimos algo con una medida espiritual y encontramos que se pasa o no llega. Puesto en la relación genial con su propio estado, no pierde, sin embargo, de vista que pronto volverá a caer en la ridícula estupidez, porque conoce su amor por el mundo; por eso, mientras ríe con un ojo, llora con el otro; sólo ríe su boca, mientras su corazón sangra y amenaza con quebrarse, ocultando bajo la máscara de la alegría, la más profunda seriedad.
   Según esto, el humor es un curioso y muy especial movimiento dual. Su primera parte consiste en un desagradable oscilar entre dos mundos, mientras que su segunda parte no es ningún estado contemplativo. Además, la voluntad oscila en él entre la completa libertad que proporciona el disgusto y una lacrimosa melancolía. Lo mismo sucede cuando el humorista observa el mundo. Aplica tranquilamente su ideal a cada fenómeno, y ninguno casa con el mismo. Por eso ha de reírse. Pero, de pronto, se acuerda de cuán poderosamente le atrae la vida, y cuán difícil le resulta renunciar a ella, pues todos somos, por entero, voluntad hambrienta de vivir.  Entonces piensa, habla o escribe sobre los demás, tan dulcemente como se juzga a sí mismo, y con lágrimas en los ojos, riendo y bromeando con labios convulsos, casi se le rompe el corazón de compasión hacia los hombres: “Todo el dolor de la humanidad hace presa en su alma” [Goethe].
   Puesto que el humor puede darse en cada carácter y en cada temperamento, siempre tendrá un matiz individual. Recuérdese al sentimental Sterne, al desgarrador Heine, al seco Shakespeare, al sensible Jean Paul y al caballeresco Cervantes. Está claro que, entre los mortales, el humorista es quien puede convertirse mejor en un auténtico sabio. Si, por ventura, alguna vez se enciende el conocimiento indeleble en la voluntad, la broma huye de sus risueños labios, y los dos ojos se ponen serios. Entonces, el humorista, igual que el héroe, el sabio o el héroe sabio, se pasa por completo del ámbito estético al ético.» (Ph. MAINLÄNDER., Filosofía de la redención, Xorki, Madrid, 2014, Estética, § 14)

El humor en Julius Bahnsen

a) El humor, privilegio de una élite de espíritus fuertes y libres

   «El puro humor se revela como la cúspide de todo lo específicamente espiritual, en el hecho de que, gracias a él, el intelecto en medio de todos los tormentos que padece por causa de la voluntad, se deshace de ésta y de su humillante violencia, y se alza al ámbito de la libre autodeterminación, en tanto que él, sin sacrificar la más mínima intensidad de su sentir, deja por debajo suyo via abstrahendi todo aquello que no necesita por el momento, bien porque no se ajusta al actual círculo de pensamientos, bien porque aún se encuentra lastrado con demasiado peso como para ser completamente espiritualizado». (BAHNSEN, J., Lo trágico como ley del mundo y el humor cono forma estética de lo metafísico, Universitat de València, 2015, pp. 141-142)
   «El “complacerse en lo trágico” tiene algo de “vulgar”; se trata de un placer que le resulta incluso accesible al ánimo del filisteo; en cambio, el humor pertenece, como un privilegium honorum, a la élite de los espíritus: sólo aquellos que son fuertes de espíritu producen este sublime destilado, fruto del contacto entre la voluntad y el intelecto». (Ibid., p. 144-45)

b) El humor hace soportable la existencia

   «[El humor supone] un relajamiento de la extrema tensión que supone el dolor de la existencia, sin el cual el individuo terminaría dando un salto, bien a la muerte, bien a la locura». (Ibid., 146)
   «[A quienes se oponen al pesimismo les falta] la elasticidad espiritual que se requiere para no ser infaliblemente aplastados por el peso que suponen tanto el dolor como el conocimiento del mismo. Aquello que constituye el presupuesto de cualquier concepción “objetiva” del mundo: la capacidad para cubrirse en medio del ardor con el agua fría de la reflexión, y dejar que el sentimiento se congele con el hielo de la abstracción, es lo que constituye el secreto que hace subjetivamente posible el humor; y es ahí también donde radica, asimismo, su carácter “liberador”. (…) El humor resulta tanto más efectivo cuanto más claramente trasparece la cabeza de la Medusa del pesimismo tras la máscara del loco que ríe. (…) En general, el humorista no quiere escapar en absoluto del dolor; más bien, eleva a menudo aposta el sentimiento del dolor, por ejemplo, en cada “amargura”. El humorista sabe muy bien que el mejor fermento de la negatividad humorística es ella misma —una levadura que se retroalimenta—, del mismo modo que, en general, e innegablemente, el pesimismo, a través del conocimiento de la miseria del mundo, acrecienta dicha miseria, tanto intensiva como extensivamente». (Ibid., pp. 147-48)

c) Humor y desesperación

   «Quien nunca ha creído desde lo más profundo de su corazón en un Dios amoroso, nunca llegará tampoco a burlarse de la religión; y quien nunca ha deseado poder entregarse plena e imparcialmente a una creencia optimista, tampoco podrá ser un pesimista dotado de elocuente humor. (…) Quien nunca supo qué significa portar a través de la vida esperanzas justificadas, para verlas todas frustradas, a ése también le permanece cerrada la amargura (…) El humor reemplaza al arado cuando se trata de talar los últimos tocones de la esperanza; la carcajada desesperada es sólo un tono más en la rica sinfonía instrumental, en la que incluso la cuerda que salta con estridencia contribuye al efecto de conjunto, sobre todo cuando caemos en la cuenta de la contradicción que existe entre una falta de esperanza totalmente fundamentada y el vano consuelo que nosotros mismos u otros, nos ponen delante; entonces una risa burlona y espasmódica se agolpa sobre la inconsistente ilusión que nos arrulló durante unos minutos, hasta hacer que se nos salten las lágrimas. […] Es esa clase de alegría "desesperada", de la que he leído en algún lugar que "arroja las monedas de oro de su ingenio con la serenidad de un jugador desesperado"». (Ibid., p. 154)
   «El contenido específico del humor equivale a tasar el valor de la vida; y esta tasación, que se muestra ella misma como nula, constituye la especificidad de la escala de precios humorística». (Ibid., p. 156)

d) El humor, capaz de reírse de sí mismo, supone la máxima sabiduría a la que puede aspirar el ser humano

   «(…) Ciertamente, el humor conoce tan poco el respeto por los dioses que ni siquiera respeta su propia soberanía, sino que finalmente apunta hacia las alturas, por encima de sí mismo, allí donde su libre juego liquida incluso el decreto general del desprecio, como les sucede a ciertas sectas budistas, extremadamente consecuentes, que exigen, en último término, negar incluso el propio pensamiento que niega la voluntad (y no meramente la negación del que la afirma). Pues cabe pensar, desde luego, en auto-potenciaciones humorísticas del humor, en las que este se rechifla de sí mismo, tomando como objeto de la ironía humorística la esencia de lo humorístico. (…) Quien no centre su alegría [en esta locura], en vano pretenderá alcanzarla». (Ibid., pp. 166 y 175)
   «La verdad es que el humor es capaz tanto de lo más pequeño como de lo más grande. (…) Él (…) en su abstracta autocracia, y no meramente qua humor particular limitado, goza escarneciéndose a sí mismo haciéndose consciente tanto de su propia nulidad como de la absoluta nulidad de todo lo demás. [Por eso], sólo el humor [que puede ser víctima de si mismo] está en posesión de la medida ética correcta […] y es la “última palabra” a la que puede llegar nuestra sabiduría [Goethe, Fausto, Segunda parte, Acto V, escena IV]». (Ibid., pp. 166-175)

 El humor en Nietzsche

REÍR JUNTOS, REÍR SIEMPRE

   «Bajo un cielo muy azul, / Tumbados en la hierba, / Hermoso es callar juntos; / Reír, aún más hermoso. / Reír juntos, reír siempre, / En la salud y en la enfermedad. /Cuanto peor vaya el mundo, / Más nos reiremos, / Y sin decirnos nada, / Todo nos lo diremos». (F. NIETZSCHE., Humano, demasiado humano)
   «El vicio olímpico.- A despecho de ese filósofo que, como genuino inglés, intentó crear entre todas las cabezas que piensan una mala fama al reír ―”el reír es un grave defecto de la naturaleza humana, que toda cabeza que piensa se esforzará en superar” (Hobbes)―, yo me permitiría incluso establecer una jerarquía de los filósofos según el rango de su risa ―hasta terminar, por arriba, en aquellos que son capaces de una carcajada áurea. Y suponiendo que también los dioses filosofen, cosa a la que más de una conclusión me ha empujado ya―, yo no pongo en duda que, cuando lo hacen, saben reír también de una manera sobrehumana y nueva ―¡y a costa de todas las cosas serias! A los dioses les gustan las burlas: parece que no pueden dejar de reír ni siquiera en las acciones sagradas». (F. NIETZSCHE., Más allá del bien y del mal, § 294)
   «Levantad vuestros corazones, hermanos míos, ¡arriba!, ¡más arriba! ¡Y no me olvidéis tampoco las piernas! Levantad también vuestras piernas, vosotros buenos bailarines y aún mejor: ¡sosteneos incluso sobre la cabeza!
   Esta corona del que ríe, esta corona de rosas: yo mismo me he puesto sobre mi cabeza esta corona, yo mismo he santificado mis risas. A ningún otro he encontrado suficientemente fuerte hoy para hacer esto.
   Zaratustra el bailarín, Zaratustra el ligero, el que hace señas con las alas, uno dispuesto a volar, haciendo señas a todos los pájaros, preparado y listo, bienaventurado en su ligereza:
   Zaratustra el que dice verdad, Zaratustra el que ríe verdad, no un impaciente, no un incondicional, sí uno que ama los saltos y las piruetas; ¡yo mismo me he puesto esa corona sobre mi cabeza!
   Levantad vuestros corazones, hermanos míos, ¡arriba!, ¡más arriba!, ¡y no me olvidéis tampoco las piernas! Levantad también vuestras piernas, vosotros buenos bailarines, y aún mejor: ¡sosteneos incluso sobre la cabeza!
   También en la felicidad hay animales pesados, hay cojitrancos de nacimiento. Extrañamente se afanan, como un elefante que se esforzase en sostenerse sobre la cabeza.
   Pero es mejor estar loco de felicidad que estarlo de infelicidad, es mejor bailar torpemente que caminar cojeando. Aprended, pues, de mí mi sabiduría: incluso la peor de las cosas tiene dos reversos buenos, -
   -incluso la peor de las cosas tiene buenas piernas para bailar: ¡aprended, pues, de mí, hombres superiores, a teneros sobre vuestras piernas derechas!
   ¡Olvidad, pues, el poner cara de atribulados y toda tristeza plebeya! ¡Oh, qué tristes me parecen hoy incluso los payasos de la plebe! Pero este hoy es de la plebe.
   Haced como el viento cuando se precipita desde sus cavernas de la montaña: quiere bailar al son de su propio silbar, los mares tiemblan y dan saltos bajo sus pasos.
   El que proporciona alas a los asnos, el que ordeña a las leonas, ¡bendito sea ese buen espíritu indómito, que viene cual viento tempestuoso para todo hoy y toda plebe, -
   - que es enemigo de las cabezas espinosas y cavilosas, y de todas las mustias hojas y yerbajos: alabado sea ese salvaje, bueno, libre espíritu de tempestad, que baila sobre las ciénagas y las tribulaciones como si fueran prados!
   El que odia los tísicos perros plebeyos y toda cría sombría y malograda: ¡bendito sea ese espíritu de todos los espíritus libres, la tormenta que ríe, que sopla polvo a los ojos de todos los pesimistas, purulentos!
   Vosotros hombres superiores, esto es lo peor de vosotros: ninguno habéis aprendido a bailar como hay que bailar - ¡a bailar por encima de vosotros mismos! ¡Qué importa que os hayáis malogrado!
  ¡Cuántas cosas son posibles aún! ¡Aprended, pues, a reíros de vosotros sin preocuparos de vosotros! Levantad vuestros corazones, vosotros buenos bailarines, ¡arriba!, ¡más arriba! ¡Y no me olvidéis tampoco el buen reír!
   Esta corona del que ríe, esta corona de rosas: ¡a vosotros, hermanos míos, os arrojo esta corona! Yo he santificado el reír; vosotros hombres superiores, aprendedme - ¡a reír!» (F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, IV, Del hombre superior, 17-20)
El humor en Henri Bergson

a) Lo cómico, como mecanización de la vida

   «[Lo risible se da cuando un ser humano ostenta cierta] rigidez de mecanismo ahí donde nos gustaría encontrar la atenta agilidad y la viva flexibilidad de la forma». (H. BERGSON, La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad, I, II)
   «[Lo que nos hace reír] es una especie de automatismo (...) Toda rigidez del carácter, la mente e incluso del cuerpo será sospechosa para la sociedad, al ser la señal posible de una actividad que se duerme y también de una actividad que se aísla, que tiende a apartarse del centro común en torno al cual gravita la sociedad, es decir, de una excentricidad. Y, sin embargo, la sociedad no puede intervenir aquí con una represión material, ya que no ha sido atacada materialmente. (...) Así que responderá con un simple gesto. La risa debe ser algo así, una especie de gesto social. Por el temor que inspira, reprime las excentricidades, (...) flexibiliza cualquier resto de rigidez mecánica que pueda quedar en la superficie del cuerpo social. (...) [La risa se dirige] al carácter que la sociedad quisiera eliminar también para obtener de sus miembros la máxima elasticidad y la mayor sociabilidad posibles. Esta rigidez es la comicidad y la risa es su castigo». (Ibid.)
   «Ahí donde logra espesar exteriormente la vida del alma, fijar su movimiento, contradecir su gracia, la materia obtiene del cuerpo un efecto cómico. (...) Las actitudes, gestos y movimientos del cuerpo humano son risibles en la medida exacta en que dicho cuerpo nos hace pensar en un simple mecanismo. (...) [Cuando] tengo ante mí un mecanismo que funciona de manera automática, ya no es vida, es un automatismo instalado en la vida y que imita a la vida. Es comicidad». (Ibid., III, IV)
   «La vida bien viva no debería repetirse. Ahí donde hay repetición, completa similitud, sospechamos que hay un mecanismo funcionando detrás de lo vivo. (...) Este desvío de la vida en dirección a la mecánica es aquí la auténtica causa de la risa». (Ibid., IV)
   «Lo mecánico insertado en lo vivo (...), que el cuerpo vivo tome la rigidez de una máquina, es de donde deriva el efecto cómico». (Ibid., V, II)
   «Nos reímos siempre de que una persona nos da la impresión de una cosa. (...) Nos reímos siempre de que nuestra atención se desvía hacia lo físico de una persona, cuando debiera concentrarse en su aspecto moral». (Ibid., V, III)

b) Lo cómico de la situación, del lenguaje y del carácter

   «Tomar series de actos y repetirlos en un tono distinto o en nuevo ambiente; invertirlos de modo que aún conserven su sentido o mezclarlos de manera que sus significaciones se entrecrucen, es siempre cómico, porque equivale a lograr que la vida se deje manejar como una máquina. Pero también el pensamiento es una cosa viva, y tan vivo como él debiera ser el lenguaje, que le sirve de modo de expresión. Fácil es presumir que una frase será cómica si al invertirla conserva su sentido, o si expresa indiferentemente dos sistemas de ideas independientes del todo, o por último, cuando se la obtiene transportando una idea en un tono que no es el suyo. Tales son, en efecto, las tres leyes fundamentales de lo que podría llamarse "la transformación cómica de las proposiciones".
   «Se podría decir, en cierto sentido, que es cómico todo carácter, siempre que se entienda por esta palabra (...) todo lo que se halla en nosotros en el estado de mecanismo capaz de funcionar automáticamente. (...) Por ahí es por donde nos repetimos nosotros mismos, y por ahí también es por donde otros pueden repetirnos. todo personaje cómico es un tipo [que puede repetirse]. (...) El personaje cómico peca siempre por obstinación de espíritu o de carácter, por distracción o por automatismo. en el fondo de lo cómico hay una rigidez de cierto género, que obliga a seguir rectamente el camino, sin escuchar y sin querer oír». (Ibid., III, I, IV)

TEORÍAS DE LO CÓMICO Y DEL HUMOR COMO "DESCARGA Y AHORRO DE LA ENERGÍA
PSÍQUICA"


El humor en Theodor Lipps
   «La sublimidad en la comicidad define la esencia del humor. (…) El humor [es] sublimidad en la comicidad y por medio de ella. La sublimidad no sólo está en la comicidad o vinculada con ella de cualquier manera, sino que es la comicidad la que permite que la sublimidad en realidad se produzca para nosotros». (Th. LIPPS, El humor y lo cómico, cap. 5)

El humor en S. Freud

      «El placer del chiste nos pareció surgir de gasto de coerción ahorrado; el de la comicidad de gasto de representación (de carga) ahorrado, y el del humor de gasto de sentimiento ahorrado.
   En los tres mecanismos de nuestro aparato anímico proviene, pues, el placer de un ahorro, y los tres coinciden en constituir métodos de reconquistas, extrayéndolo de la actividad anímica, un placer que se había perdido precisamente a causa del desarrollo de esta actividad, pues la euforia que tendemos a alcanzar por este camino no es otra cosa que el estado de ánimo de una época de nuestra vida en la que podíamos llevar a cabo nuestra labor psíquica con muy escaso gasto, esto es, el estado de ánimo de nuestra infancia, en la que no conocíamos lo cómico, no éramos capaces del chiste y no necesitábamos el humor para sentirnos felices en la vida». (S. FREUD., El chiste y su relación con el inconsciente, 1905)
   «(…) Del gasto de sentimiento ahorrado proviene el placer humorístico. (…) No hay ninguna duda de que la esencia del humor consiste en ahorrarse los afectos a que habría dado ocasión la situación y en saltarse mediante una broma la posibilidad de tales exteriorizaciones de sentimiento. (…) El humor no tiene sólo algo de liberador, como el chiste y lo cómico, sino también algo de grandioso y patético, rasgos estos que no se encuentran en las otras dos clases de ganancia de placer derivada de una actividad intelectual. Es evidente que lo grandioso reside en el triunfo del narcisismo, en la inatacabilidad del yo triunfalmente aseverada. El yo rehúsa sentir las afrentas que le ocasiona la realidad; rehúsa dejarse constreñir al sufrimiento, se empecina en que los traumas del mundo exterior no pueden tocarlo, y aun muestra que sólo son para él ocasiones de ganancia de placer. Este último rasgo es esencialísimo para el humor. (…) El humor no es resignado, es opositor; no sólo significa el triunfo del yo, sino también el del principio del placer, capaz de afirmarse aquí a pesar de lo desfavorable de las circunstancias reales. (…)
   Con su defensa frente a la posibilidad de sufrir, ocupa un lugar dentro de la gran serie de aquellos métodos que la vida anímica de los seres humanos ha desplegado a fin de sustraerse de la compulsión de padecimiento, una serie que se inicia con la neurosis y culmina en el delirio, y en la que se concluyen la embriaguez, el abandono de sí, el éxtasis. (…) Ahora bien, ¿en qué consiste la actitud humorística, por la cual uno se rehúsa al sufrimiento, pone de relieve que el yo es indoblegable por el mundo real, sustenta triunfalmente el principio de placer, pero todo ello sin resignar, como lo hacen otros procedimientos de igual propósito, el terreno de la salud anímica? (…) Si nos volvemos a la situación en que alguien adopta una actitud humorística frente a otro, parece natural la concepción que ya indiqué (…) en mi libro sobre el chiste: se comporta hacia él como el adulto hacia el niño, en la medida en que discierne la nulidad de los intereses y sufrimientos que le parecen grandes a aquel y se ríe de ellos. Así, el humorista gana su superioridad poniéndose en el papel del adulto, en cierto modo en la identificación-padre, y deprimiendo a los otros a la condición de niños. (…) Pero recordemos la otra situación del humor, probablemente más originaria y sustantiva, en que alguien dirige la actitud humorística hacia su propia persona para defenderse de ese modo de sus posibilidades de sufrimiento. ¿Tiene algún sentido decir que se trata a sí mismo como a un niño, y simultáneamente desempeña frente a ese niño el papel del adulto superior? (…) Obtenemos (…) un esclarecimiento de la actitud humorística cuando suponemos que consiste en que la persona del humorista debilita el acento psíquico de su yo y lo traslada sobre su superyó. A este superyó, así hinchado, el yo puede parecerle diminuto, todos sus intereses desdeñables; y a raíz de esta nueva distribución de energía, al superyó puede resultarle fácil sofocar las posibilidades de reacción del yo. (…) [De manera que] el humor sería la contribución a lo cómico por la mediación del superyó.
   En todo lo demás tenemos noticia del superyó como de un amo severo. Se dirá que armoniza mal con este carácter el hecho de que consienta en posibilitar al yo una pequeña ganancia de placer. Es cierto que el placer humorístico nunca alcanza la intensidad del que se obtiene en lo cómico o en el chiste, nunca se desfoga en risa franca; también es verdad que el superyó, cuando produce la actitud humorística no hace sino rechazar la realidad y servir a una ilusión. Pero atribuimos un valioso carácter ―sin saber muy bien por qué― a este placer poco intenso, lo sentimos como particularmente emancipador y enaltecedor. En efecto, la broma que constituye el humor no es lo esencial; (…) lo esencial es el propósito que el humor realiza, ya se afirme en la persona propia o en una ajena. Quiere decir: “Véanlo: ese es el mundo que parece tan peligroso. ¡Un juego de niños, bueno nada más que para bromear sobre él!” (…) Por lo demás, no todos los hombres son capaces de la actitud humorística; es un don precioso y raro, muchos son hasta incapaces de gozar del placer humorístico que se les ofrece. Y, por último: si mediante el humor el superyó quiere consolar al yo y ponerlo a salvo del sufrimiento, no contradice con ello su descendencia de la instancia parental.» (S. FREUD., El humor, 1927)
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