BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

viernes, 19 de diciembre de 2014

Las estrellas del Ateneo de Madrid: escalera al cielo



   En octubre de 1952, bajo el control del Ministerio de Información y Turismo y presidido por Florentino Pérez Embid, director general de Información, el Ateneo de Madrid se apresta a inaugurar su nuevo curso, tras las obras de rehabilitación que empezaron en 1951. Pero unas obras de última hora van a eliminar ciertos elementos decorativos que datan de 1884, año en que los Reyes de España inauguraron este palacio que sería ya para siempre emblema del Ateneo, presidido entonces por Antonio Cánovas del Castillo. A golpe de sierra y martillo se destruyen decenas de estrellas de cinco puntas que decoran toda la casa, desde el techo al suelo pasando por la escalera, desde la puerta de la calle hasta el fondo del salón. Estrellas que se eliminan en la creencia de que se trata de símbolos masónicos que la cultura oficial marcada por las directrices franquistas no puede tolerar. Este asunto quedó muy difuminado en la memoria histórica. En este enlace:.Exposición: Las estrellas del Ateneo os ofrezco una colección de fotografías que se encontraron en el archivo de la "Docta Casa", que ha permitido reconstruir los hechos, y que permiten acceder, aunque sea solo gráficamente, al pasado de este "Templo del Saber".

1º de Bachillerato: Los filósofos libertinos, según L. A. de Villena

Luis Antonio de Villena

   En relación con el tema de los filósofos libertinos, merece la pena la lectura del magnífico artículo de Luis Antonio de Villena que os transcribo a continuación:

"Libertinos franceses del siglo XVIII. La alegría de vivir.
(Este artículo se ha publicado en la revista mensual “Conocer La Historia”.)


A pesar de los varios estudios –más bien escorados hacia la razón filosófica- que Michel Onfray ha dedicado en los últimos años al mundo libertino francés, el término “libertin” (libertino) sigue dando pie a confusiones y marcando una imagen mitad real mitad idealizada del siglo XVIII galo, sobre todo en su segunda mitad y aun gracias al éxito de una novela epistolar espléndida como es “Les liaisons dangereuses” de Choderlos de Laclos, traducida habitualmente como “Las amistades peligrosas” aún cuando hubiera sido más exacto “Las relaciones peligrosas”…

Pero el ámbito “libertino” no empezó de ningún modo en el siglo XVIII, aunque en tal época alcanzó el máximo de tolerancia (pues de algún modo se instaló en la corte de Versalles) y de visibilidad gentil, unido a la galantería. “Libertinus” –en latín- comenzó designando al hijo de un liberto (“libertus”) es decir, a alguien que ya nacía libre aunque procediera de la esclavitud. A partir del siglo XVI –hay quien lleva las fuentes del libertinismo hasta Erasmo o Margarita de Navarra, la hermana de Francisco I y autora del “Heptamerón”- ya hay más que señas, pero lo cierto es que sólo en el siglo XVII y en Francia también, aparecen los libertinos con tal nombre y son muy pronto ferozmente perseguidos por la Iglesia católica. El “libertino” quiere ser un hombre libre de cuerpo y mente, lejos de los interdictos de la religión y apelando a la moral natural. Libres (que proceden de la esclavitud religiosa) para el gozo del cuerpo y del ánimo, según teorías de Spinoza en lo moderno y atrás del gran supuesto padre del libertinismo, el filósofo griego                  –combatido por los cristianos- Epicuro de Samos, cuyas obras (o lo que queda de ellas) empiezan a ser conocidas mejor y traducidas –al menos al latín- por entonces. Hay –desde este principio- libertinos intelectuales, que se mueven sobre todo en el terreno de la teoría y la erudición y libertinos prácticos o vitales, generalmente poetas, escritores, nobles, que hacen ostentación de su libertinaje, cantando todos los excesos del vino y del sexo, incluyendo el sodomítico y de la orgía. Entre los libertinos teóricos podemos señalar a Pierre Gassendi (1592-1655), que aunque fue jesuita, escribió sobre Epicuro y sus obras con un sesgo claramente positivo, así el tratado “Syntagma philosophiae Epicuri” de 1647, que gozó de notable predicamento. Pese a sus ideas antiaristotélicas y epicúreas o escépticas, el padre Gassendi no tuvo priblemas con la muy cerrada ortodoxia católica, al mantener toda su vida un exterior sumiso y conforme, en apariencia, con sus superiores. Sin embargo fue también jesuita el más encarnizado y feroz enemigo de los libertinos que se hacían notar, hablo del padre François Garasse (1585-1631) que llevó su celo persecutor no sólo a la polémica, sino hasta la cárcel y la hoguera.  Una de sus obras más conocidas contra el libertinismo, fue “Doctrine curieuse des beaux esprits de  ce temps , ou prétendus tels” (Doctrina curiosa de los espíritus cultivados de este tiempo, o que por tales se tienen) de 1624. El más famoso        -aunque sin duda no el más procaz- de los libertinos, fue el poeta Théophile de Viau (1590-1626), al que se atribuyeron muchos poemas descarados del llamado  “Parnaso satírico”. Pese a sus protectores nobles, Théophile fue juzgado en 1623 –a instancias del terrible Garasse- por epicureismo, ateismo y sodomía. Fue uno de los juicios más sonados de la época y nos recuerda (salvas distancias epocales) al juicio y condena de Oscar Wilde, pues también De Viau fue condenado a dos años de severa prisión y en ese tiempo escribió su “Plainte de Thèophile à son ami Tircis” (Planto de Théophile a su amigo Tirsis) en el cual muchos vieron al que era joven amigo de De Viau y también poeta libertino menor, Jacques Vallée des Barreaux, con lo que la similitud wildeana se cumple casi del todo y más si tenemos en cuenta que al ser excarcelado en 1625, Théophile sale en tan deplorable estado de salud, que apenas sobrevive un año, muriendo con sólo 36 de edad, en casa del duque de Montmorency que lo protegía… Pese a que otros muchos libertinos fueron perseguidos y aún quemados (el muy atrevido Claude Le Petit dejó testimonio de ello) la doctrina y la práctica de una vida libre, regida tanto por el intelecto como por los sentidos, se fue extendiendo, contra las presiones de la Iglesia, pero con la benevolente acogida de muchos círculos aristocráticos, donde nacía también o se cultivaba ya el “preciosismo” del que se burlaría Molière. En Inglaterra el terrible Duque de Rochester, John Wilmot (1647-1680) fue el más consumado discípulo que pudieron hallar los libertinos franceses, en cuya senda evidentemente está. Rochester murió de alcoholismo y de sífilis y siempre hizo ostentación de su predilección por ambos sexos. Junto a otras obras licenciosas se le atribuye una de teatro (de la que sólo se conservan fragmentos) inequívocamente titulada “Sodoma o la quintaesencia del desenfreno.” Gabriel Naudé, el señor de Saint-Amant o el gran señor de Saint-Evremond  (1613-1703), son algunos de los más notables libertinos franceses de la primera hora, que es cuando el libertinismo, de veras, se define y arraiga, no sin peligro. Amigo del rey de Inglaterra, Saint-Evremond escribió en una de sus máximas: “Las muertes hermosas  suministran bellos discursos a los vivos, y poco consuelo a los que se mueren: Esperando el rigor de ese común destino/ mortal, ama la Vida, y no temas por ello su fin.” La tolerancia que los libertinos predicaban aún no era entendida por los más feroces católicos, y temo que siga sin serlo. (No es abundante en España la bibliografía sobre este período –ni lo ha sido en Francia hasta época muy reciente- pero puedo recomendar la “Antología de textos libertinos franceses del siglo XVII”. Edición de Carlos González del Pie. Miraguano Ediciones, Madrid 2007. Pese a la portada que reproduce el célebre cuadro de Fragonard “El columpio”, que pertenece claramente a otro momento de esta historia.)

Para hablar del libertinismo francés del XVIII, que parece tener su auge en los años anteriores a la Revolución (1789) era absolutamente necesario precisar el origen de ese movimiento. ¿Qué cambia? En principio el triunfo de los enciclopedistas y del espíritu de la Ilustración (el siglo de las luces) hace que la Iglesia pierda la batalla intelectual contra el libertinismo teórico, que pedía libertad, y el hecho de que los círculos libertinos florezcan entre la alta nobleza e incluso lleguen a entrar en la Corte –Luis XV o María Antonieta pasaron como altos modelos de actitudes libertinas, a la reina se le atribuyeron relaciones lésbicas- hizo, evidentemente, el resto. Cierto que, a cambio, esta segunda ola libertina pasa por ser menos escandalosa, menos blasfematoria (para los creyentes severos) y más galante, más cortesana, más llena de sutiles elegancias y picardías donde, finalmente, todo vale, pues es el Placer el señor que rige las causas y los efectos. De otra parte la teoría y la práctica de este sentido de la vida –que une libertinismo y libertinaje- tienden a juntarse, a pulirse y llegan asimismo hasta otras bellas artes, especialmente la pintura. Acaso para expresar este nuevo clima elegante y tolerante, sea bueno asomarse brevemente a dos emblemáticos pintores galantes o rococós: François Boucher (1703-1770) y  Jean-Honoré Fragonard (1752-1806) que vio ya y acaso sufrió el ocaso de ese Antiguo Régimen (Ancien Régime) que había gustado de todas las injusticias y bondades de la “alegría de vivir”.  Retratado en su mediana edad por Gustav Lundberg, vemos a Boucher con abundosa peluca Luis XV y una sonrisilla maliciosa que indica esa satisfacción de vivir, ese amor suntuoso al placer –a veces vestido con trajes arcádicos- tan característico de este segundo momento libertino. Amigo, favorito y protegido de la marquesa de Pompadour (la amante favorita del rey) es obvio que a Boucher debió irle muy bien –pintó a menudo y con esplendor a la Pompadour- en ese ambiente cortesano de amoríos galantes, donde cierta procacidad de gabinete estaba muy bien vista. Recordemos cuadros muy célebres como “Diana después del baño” (1742) donde vemos retratadas en un entorno de bosque amaestrado a dos bellas muchachitas desnudas y sentadas. Una es la diosa, pero bien podría ser cualquier refinada cortesana. Para mi son muy significativos los desnudos o semidesnudos femeninos (siempre vistos por detrás) donde en un interior elegante, Boucher retrata a unas hermosas señoritas que siempre dejan ver un ubérrimo y goloso trasero. Así en “Desnudo en reposo” (1751), también conocido como “Louise O’Murphy desnuda” o la “Odalisca morena” (1745) donde la turgencia y belleza del culo casi en pompa de la dama, al servicio del placer, es mayor aún. El retrato de Boucher y su obra nos permiten decir que él gustaba y aprobaba esta pintura que otros tendrían por licenciosa, pero no la excelsa Pompadour que vivió de sus encantos. Más sobrio (dentro del rococó) parece Fragonard, pero ya hablamos de “El columpio” (1767), con una bella columpiándose en un ámbito boscoso a la vista de su enamorado, en una sensación general de frivolidad e intrascendencia, y podemos añadir antes “Las bañistas” (1765) y después un cuadro si claramente erótico, con un punto trágico, como “Le verrou” (El cerrojo) de 1777, que muestra una habitación con una cama deshecha. Dos amantes: Él (visto de espaldas, joven robusto) imtenta abrir el cerrojo que los guardaba mientras ella, en llanto, intenta impedir que él se vaya y la deje. “El cerrojo” implica, muy probablemente, un adulterio, lo que nada tenía de particular en las clases altas, pero la ruptura o la huida del conquistador, nos muestra el lado trágico de la galantería y acaso de ese “Ancien Régime”. Recordemos que alguien que vivió lo viejo y lo nuevo, el cínico y elegante Tayllerand (un libertino, aunque se prefiriera otro nombre) había declarado: “El que no hizo el amor en el Antiguo Régimen, ignora lo que es la alegría de vivir.”

¿Debiéramos decir que el paradigma del libertinismo dieciochesco es el caballero Giacomo Casanova, con sus innumerables conquistas femeninas en una vida de placer, tal como cuentan sus “Memorias”? ¿O quizás el terrible o divino marqués de Sade, con sus fantasías sexuales, crueles a veces, aunque pasó casi toda su vida encerrado, fuese en la Bastilla o en un manicomio? Los libertinos que vivían con lujo y deleite (aunque no contaran con las bendiciones eclesiásticas, no les importaba) y que marcaron una idea del “siglo de los luces”, con lo que pudiéramos llamar el lado vital y práctico de la Ilustración, pueden hallarse en libros y actitudes de los siguientes personajes- a más de los nombrados: el príncipe de Ligne, Vivant Denon, Choderlos de Laclos, Crébillon, el Abbé Prevost, Tellement des Réaux y quizás, además, Marivaux. En ellos veremos qué fue el segundo momento libertino, que terminó ( o al menos mudó de actitud) con el estallido de la Revolución Francesa. Claude-Prosper Jolyot de Crébillon (1707-1777) llamado “Crébillon fils” –Crébillon hijo- para distinguirlo del padre, que había sido dramaturgo y académico, es un buen ejemplo. Por una de sus más conocidas novelas de ambiente oriental, “Le Sophá” (El sofá) lo desterraron un tiempo  a 30 leguas de París, aunque no tardó en volver. El libro salió en 1742 y aunque se lo acusó de libertino       –que ya no era una palabra dura- en realidad se trató más de una cuestión política, pues se creyó que el sultán Schah-Baham era una sátira del rey Luis XV. Los personajes de Crébillon, en sus más afamadas novelas epistolares como “Les égarements du coeur et de l’esprit ou Mémoires de M. de Melcour” (1736)           – (Los extravíos del corazón y del espíritu o Memorias del Sr.de Melcour),  hasta las “Lettres de la Duchesse” (Cartas de la duquesa, 1768) o las “Lettres athéniennes” (Cartas atenienses, 1771), una de las más libertinas, con Alcibíades por medio, proponen personajes cínicos –el gran término de la época- que no creen en la virtud ni en el amor, sino tan sólo en el placer. En ello consistirá ser un gran o buen libertino. Amigo de Boucher y del músico Rameau, el círculo se cierra con brillantez: Vivir del placer y para el placer y medir poco o nada las consecuencias.

Es esencial (y ahora ya más conocido en España) Vivant Denon (1747- 1825). Barón de Denon: su vida primera –una vida espléndida- fue de joven diplomático, con el Antiguo Régimen, que llegó desde San Petersburgo hasta Nápoles. Después de atravesar con bien la Revolución, fue grabador además de escritor, y bajo Napoleón dirigió las actividades artísticas relacionadas con la Campaña de Egipto y fue uno de los fundadores del Museo del Louvre, pero nos interesa aquí el relato breve que publicó anónimo en 1777, aunque se la atribuyó pronto: “Point de lendemain” (Ningún mañana). En esta corta obra maestra se narra la seducción que un caballero realiza de una dama joven en una sola noche. No hay amor, ni futuro ninguno. Sólo el placer importa. Y eso es lo que el relato cuenta magníficamente. Sin mañana.

Pero, sin duda (y volvemos al inicio) la obra que ha quedado como plasmación del libertinismo de fines del XVIII es “Las amistades particulares”, la mejor novela de un militar de artillería, Pierre Choderlos de Laclos (1741-1803) que la comenzó a escribir cuando, en la isla de Aix, y en 1779, preparaba fortificaciones contra los ingleses. Choderlos –nunca muy satisfecho de su carrera militar- pidió entonces ser baja en el servicio activo, con lo que pudo terminar la más famosa de sus no muchas obras, que se publicó, con cierto escándalo, en 1782. Entonces volvió al servicio activo, con el enfado de sus superiores que veían en la novela (típicamente libertina) una cierta sátira, no falta de alguna complacencia, con las costumbres en exceso libres de buena parte de la aristocracia. Los principales protagonistas, el vizconde de Valmont y la marquesa de Merteuil, se dedican, en un sutilísimo entramado, a seducir a cuantos o cuantas desean, entre juegos de amor, de cinismo y de galantería. Su lema viene a ser (ya nos es familiar) que no se debe demostrar amor sincero por nadie, pues sólo existe el placer, sus minucias y preparativos. Durante la Revolución , Choderlos de Laclos llegó en 1792 a Mariscal de Campo con la joven República, curiosamente el mismo año en que se guillotinó a Luis XVI. La novela (tenida como obra maestra de la literatura francesa de ese tiempo) además de sus míltiples ediciones se ha hecho famosa por varias cuidadas versiones cinematográficas, desde la de Roger Vadim en 1959, hasta la de Stephen Frears en 1988. La filosofía y la vida libertinas empezaron como una provocación contra la vieja Iglesia y terminaron como un galante minué, algo descocado y frívolo, que tenía dentro a Sade y a la Revolución Francesa. El tema es rico y merece proseguir el baile.



Jueves, 27 de Septiembre de 2012

Tartessos: ¿La República ideal de Platón?

   Pocos saben que uno de las civilizaciones reputadas de la antigüedad por su organización "filosófica" era la Tartésica, en Hispania (activa aprox. entre 1200 y 500 a. C.). Así lo afirma, por ejemplo, Mario Méndez Bejarano (1857-1931) en su Historia de la Filosofía en España hasta el siglo XX: 




   "Júzgase a la Tartsi, nombre indígena del que, según parece, sacó la Biblia Tarschich y los helenos Tartessos, el más antiguo centro fabril, comercial e intelectual del Occidente de Europa y el objetivo de las navegaciones fenicias. Única comunidad existente en la península que pudiera llamarse Estado, extendía su imperio desde el Anas hasta el Júcar y desde Sierra Morena hasta el mar. Sus reyes Gárgoris y Alisque se esconden en la penumbra que separa el mito de la historia; pero Novax, Argantonio y Serón, acaso el Geryón de los griegos y último de sus monarcas, reciben por completo, hasta donde su antigüedad lo permite, la luz de la consagración. Las naves turdetanas llegaban por el N. a las costas de Bretaña y por el S. hasta la boca del Niger, dejando por doquiera inequívocas huellas de su paso. (Frobenius. Auf den Wege nach Atlantis, 1911, p. 14.)

La Bética, ofreciéndonos una civilización contemporánea de Moisés, debe enorgullecer el patriotismo español; Dionisio, Perigesto y Prisciano la llaman «suelo de hombres opulentos»; Avieno, «país rico», y Estrabón afirma que hasta los utensilios domésticos eran de plata. Posidonio, citado por el geógrafo, escribía: «Debajo de la Turdetania no existe el infierno, sino la mansión del Dios de la riqueza». Codiciábase en Roma las granadas de Pésula (Salteras) y de Ilipa (Cantillana), los aceites de Ástigis (Écija) y Carmo (Carmona), los vinos de Carisa, los alcoholes de Callentum (Cazalla), y las naranjas, sin rival, de Orippo (Dos Hermanas). «La excelencia de los bueyes turdetanos–dice Cortés y López–dio ocasión a que los poetas fingieran que Hércules acometió la empresa de robar unos cuantos al pastor ibero Geryón y esta misma excelencia y hermosa presencia fue la que tentó al pastor Caco para robar a Hércules algunas de sus vacas que llevó a Italia desde la Turdetania.»

Quince siglos antes de J. C. se laboraba en Andalucía el bronce, según comprueba el precioso hallazgo de los «bronces de Huelva», se forjaban armas de cobre, se extraía el oro y la plata de la Sierra y se exportaba el estaño.

Las artes industriales correspondían a la riqueza natural, pues ya se labraban tejidos de esparto, se grababa en hueso, se fabricaba pan, en tanto que su cerámica producía el elegante vaso campaniforme y creaba el vaso de doble cavidad, la copa.

«Los turdetanos –escribe Estrabón– eran los más doctos de los iberos, pues usan de Gramática y tienen de antiguo libros, poemas y leyes en verso, que cuentan, según dicen, seis mil años de antigüedad.» «Leyes tan remotas –añade un historiador–, aun rebajado todo encarecimiento, pudieran graduarse de coetáneas del misterioso Egipto.» Los fragmentos conservados de aquella legislación muestran una sabiduría que no desmerece de posteriores leyes, pues no aceptaban el testimonio contra los mayores en edad y otorgan al anciano la preferencia en toda ocasión, no permitían la vagancia, castigaban la prodigalidad, erigían altares al Trabajo, confiscaban el capital prestado con interés a pródigos y concedían premios a las mujeres más trabajadoras» (Nicolás Damasceno: Frag. Hist. Grae., t. III, p 456}.

La cultura literaria de Andalucía, isla de luz en la general barbarie, produjo los poemas épico-míticos de Geryón y de Gárgoris, cuyos fragmentos nos han conservado Trogo Pompeyo y Macrobio, y los heroicos que cantaron la expedición de los andaluces a la conquista de Córcega y Cerdeña con los triunfos de su régulo Argantonio sobre los fenicios; los testimonios de poesía gnómica, epitalámica, funeraria y cosmogónica, así como los ensayos de poesía dramática. Polibio, testigo presencial, nos representa los régulos andaluces suntuosamente vestidos, los edificios de magnífica arquitectura, los banquetes amenizados por dulces liras y los vasos de oro circulando entre las manos de los comensales, la pompa, en fin, de aquellas cortes donde hasta los pesebres de los caballos eran de plata.

No se olvide que Andalucía, con su alfabeto fonográfico propio, anterior a la invasión fenicia, puede disputar el honor de haber inventado la escritura al Egipto, a Babilonia y a la China, que a la vez se ufanan de tan gloriosa invención.

Los sacerdotes de los templos andaluces y, singularmente, del de Hércules, compusieron poemas teogónicos y cosmogónicos, en los cuales se cree que halló Tisias, vulgarmente denominado Stesíchoro o regulador de los coros, inspiración para su perdida Geryoneida.

Alguna luz arroja también sobre las creencias religiosas el estudio de los carmina mágica, destinados a evocar los espíritus y a formular las contestaciones de los oráculos. Convienen tales observaciones con el aserto de Filóstrato, el cual asegura la creencia en la vida futura y por eso los turdetanos celebraban los funerales con cánticos de victoria, corroborando su confianza en la inmortalidad.

Tanto prestigio logró la civilización tartesia, que San Agustín creyó que sus sacerdotes y sabios habían conocido la verdadera doctrina por sus propias fuerzas y Menéndez Pelayo juzga «digna de meditación» la idea del santo doctor. Rodrigo Caro sostiene «averse en ella (Hispalis) también guardado y exercitado la ley natural y conocimiento de un Dios verdadero» (Ant. de Sev. C. IV, f. 7º). Para el conocimiento de las primitivas ideas religiosas de la Tartéside, recuérdese que los fenicios, para atraerse las simpatías de los españoles, erigieron en Cádiz un templo al Hércules egipcio."   

   La cita de San Agustín a la que alude Mëndez Bejarano es la siguiente:

   "Sobre la filosofía que está más cerca de la fe cristiana.-  Por tanto, cualesquiera filósofos que han reconocido al verdadero y supremo Dios como autor de las cosas creadas, luz de las cognoscibles y bien de las que han de practicarse, que es el principio de nuestra naturaleza, la verdad de nuestra doctrina y la felicidad de nuestra vida: ya sean los llamados propiamente platónicos o de cualquier otra denominación que hayan dado a su secta; sean sólo de la escuela jónica, que fueron los principales entre ellos, los que han tenido esta opinión, como el mismo Platón y los que mejor lo entendieron; o sean también los itálicos, teniendo presentes a Pitágoras y los pitagóricos, o también otros que ha podido haber de la misma opinión; sean cualesquiera de los tenidos por sabios y filósofos entre las otras naciones, los libios, del Atlántico, los egipcios, indos, persas, caldeos, escitas, galos, hispanos y demás: a todos los que hayan pensado así y enseñado estas doctrinas los anteponemos a los demás y confesamos que están más cercanos a nosotros."  (La Ciudad de Dios, Libro VIII, cap. IX)

   Mario Roso de Luna, recrea estas reflexiones de forma fantástica y desde el punto de vista teosófico, como si la Hispania tartésica hubiese sido la heredera de la legendaria sabiduría atlante, tan alabada por Platón, y una suerte de anticipo de la República ideal platónica:

   "Antes de que se hallasen en España las venas de plata y oro, las guerras no existían, y muchos de sus hijos del país se consagraron al estudio de la Filosofía. Los pueblos vivieron seguros y quietos con santísimas costumbres; cada pueblo se regía por el Magistrado, nombrado cada año por los varones de más excelsa erudición y piedad. Las cosas todas se regulaban por lo bueno y lo justo, no por el número de leyes, aunque se dice que hubo algunas escritas y de grandísima antigüedad, sobre todo entre los turdetanos. Los individuos no tenían entre sí pelitos ni controversias, y si algunas habían eran de la emulación en la virtud, la naturaleza de Dios, la razón y las buenas costumbres. Los hombres eruditos en determinados días, controvertían públicamente de estas cosas, y también asistían mujeres a tales certámens." (El libro que mata la muerte, HUmanitas, Barcelona, 2004, p. 345)

   Ahora que los tiranos pretenden acabar con la filosofía en España, conviene recordarles que, si estos textos son acertados, su infame propósito es ajeno a la más remota tradición hispánica. Una tradición que deberíamos recuperar... Mas, ¿hay alguien que hable de tradiciones en nuestro malhadado país y no sea tachado inmediatamente de "reaccionario"?

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Actualidad del platonismo: El orden matemático del universo

   El siguiente artículo demuestra la actualidad de la teoría pitagórico- platónica del universo: la ciencia se hace cada vez más consciente de algo que ya sabían los filósofos antiguos: los arquetipos o ideas matemáticas estructuran el universo:

"El número áureo también rige el tiempo-espacio (así imprime un orden en el caos universal)

UNA INVESTIGACIÓN RECIENTE ADVIERTE QUE ESTE PRINCIPIO MATEMÁTICO NO SOLO SE IMPONE EN FÍSICA, QUÍMICA, ASTRONOMÍA Y BIOLOGÍA, TAMBIÉN LA TOPOLOGÍA DEL TIEMPO-ESPACIO.

POR: JAVIER BARROS DEL VILLAR - 09/12/2014

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Lo más probable es que al fondo de las casi interminables secuencias de estructuras y demás manifestaciones anti-entrópicas se encuentre un indomable vacío al cual podríamos llamar caos. Pero también parece evidente que al interior de esta inercia omnipresente, de este lienzo impredecible, existe planos materializados de acuerdo a guías puntuales, por ejemplo la geometría, y es ahí donde se puede hablar de una coexistencia o superposición entre orden y caos.
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Dentro de este pulso orquestado al que nos podríamos referir como orden, existe un protocolo puntual, una especie de preciosa brújula, que se conoce como el número áureo, el cual está impreso en la figura que rige los huracanes, en las galaxias espirales y los rizomas de los helechos, en incontables formas naturales que destacan por su limpìeza y perfección (algo así como un eco arquetípico que guía el desdoblamiento geométrico).
También llamada proporción áurea, este protocolo ha orbitado el pensamiento humano, de manera consiente y explícita, durante alrededor de 2,500 años. Algunos de los más brillantes pensadores y creativos de la historia han sostenido apasionados encuentros  con él, Platón, Euclides, Fibonacci, Kepler, da Vinci, Satie, Mondrian, Bartok y Mandelbroth, por mencionar solo algunos. Y si bien desde hace tiempo se le adjudica como principio rector en fenómenos propios de la física, la química, las astronomía y la biología (además de en preceptos como la estética), recientemente se concluyó una investigación que asegura que también la topología del tiempo-espacio está delineada según este principio. 
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El estudio fue encabezado por el Dr Jan Boeyens, de la Universidad de Pretoria, y por el Dr Francis Thackeray de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica. Y lo que estos investigadores concluyeron es que el número áureo, 1.618, es un principio matemático al cual sucumbe el discurso geométrico del universo. 
De acuerdo con los autores, en declaraciones recogidas por el diario británico Daily Mail, la “omnipresencia” de este principio solo puede explicarse si lo consideramos en sí como una propiedad del tiempo-espacio.
Un aspecto convincente para asumir un carácter cósmico del número áureo se puede obtener con base en la ubicuidad de logaritmos espirales. Existen ejemplos espectaculares que incluyen la Galaxia Whirpool o M51, las ammonoideas, la forma de los nautilus pompilius (molúsco cefalópodo con forma espiraloide), el Huracán Katrina y la distribución de planetas, lunas, asteroides y anillos dentro del sistema solar.
El argumento de que esta impactante consiliencia (auto-similaridad) emerga a partir de una restricción común del entorno, que solo puede ser una particularidad intrínseca del tiempo-espacio curveado, resulta convincente.    
Esta nueva investigación sugiere algo que ya era bastante “intuible”, sobre todo para aquellos que advierten la existencia de una cartografía ubicua, auto-replicable y trascendental, por ejemplo la geometría sagrada. En este sentido estamos, una vez más, presenciando la llegada de la ciencia a una fiesta que ya disfrutan, desde hace milenios, ciertas tradiciones místicas o intuiciones metafísicas. Pero no por ello deja de ser emocionante atestiguar como ese fascinante diálogo entre la ciencia y la mística va retomando su armonía, un fenómeno que no podría más que traducirse en beneficios para la realidad que, como especie humana, compartimos. 
Twitter del autor: @ParadoxeParadis"
Fuente: Pijamasurf.com