BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

viernes, 19 de diciembre de 2014

Tartessos: ¿La República ideal de Platón?

   Pocos saben que uno de las civilizaciones reputadas de la antigüedad por su organización "filosófica" era la Tartésica, en Hispania (activa aprox. entre 1200 y 500 a. C.). Así lo afirma, por ejemplo, Mario Méndez Bejarano (1857-1931) en su Historia de la Filosofía en España hasta el siglo XX: 




   "Júzgase a la Tartsi, nombre indígena del que, según parece, sacó la Biblia Tarschich y los helenos Tartessos, el más antiguo centro fabril, comercial e intelectual del Occidente de Europa y el objetivo de las navegaciones fenicias. Única comunidad existente en la península que pudiera llamarse Estado, extendía su imperio desde el Anas hasta el Júcar y desde Sierra Morena hasta el mar. Sus reyes Gárgoris y Alisque se esconden en la penumbra que separa el mito de la historia; pero Novax, Argantonio y Serón, acaso el Geryón de los griegos y último de sus monarcas, reciben por completo, hasta donde su antigüedad lo permite, la luz de la consagración. Las naves turdetanas llegaban por el N. a las costas de Bretaña y por el S. hasta la boca del Niger, dejando por doquiera inequívocas huellas de su paso. (Frobenius. Auf den Wege nach Atlantis, 1911, p. 14.)

La Bética, ofreciéndonos una civilización contemporánea de Moisés, debe enorgullecer el patriotismo español; Dionisio, Perigesto y Prisciano la llaman «suelo de hombres opulentos»; Avieno, «país rico», y Estrabón afirma que hasta los utensilios domésticos eran de plata. Posidonio, citado por el geógrafo, escribía: «Debajo de la Turdetania no existe el infierno, sino la mansión del Dios de la riqueza». Codiciábase en Roma las granadas de Pésula (Salteras) y de Ilipa (Cantillana), los aceites de Ástigis (Écija) y Carmo (Carmona), los vinos de Carisa, los alcoholes de Callentum (Cazalla), y las naranjas, sin rival, de Orippo (Dos Hermanas). «La excelencia de los bueyes turdetanos–dice Cortés y López–dio ocasión a que los poetas fingieran que Hércules acometió la empresa de robar unos cuantos al pastor ibero Geryón y esta misma excelencia y hermosa presencia fue la que tentó al pastor Caco para robar a Hércules algunas de sus vacas que llevó a Italia desde la Turdetania.»

Quince siglos antes de J. C. se laboraba en Andalucía el bronce, según comprueba el precioso hallazgo de los «bronces de Huelva», se forjaban armas de cobre, se extraía el oro y la plata de la Sierra y se exportaba el estaño.

Las artes industriales correspondían a la riqueza natural, pues ya se labraban tejidos de esparto, se grababa en hueso, se fabricaba pan, en tanto que su cerámica producía el elegante vaso campaniforme y creaba el vaso de doble cavidad, la copa.

«Los turdetanos –escribe Estrabón– eran los más doctos de los iberos, pues usan de Gramática y tienen de antiguo libros, poemas y leyes en verso, que cuentan, según dicen, seis mil años de antigüedad.» «Leyes tan remotas –añade un historiador–, aun rebajado todo encarecimiento, pudieran graduarse de coetáneas del misterioso Egipto.» Los fragmentos conservados de aquella legislación muestran una sabiduría que no desmerece de posteriores leyes, pues no aceptaban el testimonio contra los mayores en edad y otorgan al anciano la preferencia en toda ocasión, no permitían la vagancia, castigaban la prodigalidad, erigían altares al Trabajo, confiscaban el capital prestado con interés a pródigos y concedían premios a las mujeres más trabajadoras» (Nicolás Damasceno: Frag. Hist. Grae., t. III, p 456}.

La cultura literaria de Andalucía, isla de luz en la general barbarie, produjo los poemas épico-míticos de Geryón y de Gárgoris, cuyos fragmentos nos han conservado Trogo Pompeyo y Macrobio, y los heroicos que cantaron la expedición de los andaluces a la conquista de Córcega y Cerdeña con los triunfos de su régulo Argantonio sobre los fenicios; los testimonios de poesía gnómica, epitalámica, funeraria y cosmogónica, así como los ensayos de poesía dramática. Polibio, testigo presencial, nos representa los régulos andaluces suntuosamente vestidos, los edificios de magnífica arquitectura, los banquetes amenizados por dulces liras y los vasos de oro circulando entre las manos de los comensales, la pompa, en fin, de aquellas cortes donde hasta los pesebres de los caballos eran de plata.

No se olvide que Andalucía, con su alfabeto fonográfico propio, anterior a la invasión fenicia, puede disputar el honor de haber inventado la escritura al Egipto, a Babilonia y a la China, que a la vez se ufanan de tan gloriosa invención.

Los sacerdotes de los templos andaluces y, singularmente, del de Hércules, compusieron poemas teogónicos y cosmogónicos, en los cuales se cree que halló Tisias, vulgarmente denominado Stesíchoro o regulador de los coros, inspiración para su perdida Geryoneida.

Alguna luz arroja también sobre las creencias religiosas el estudio de los carmina mágica, destinados a evocar los espíritus y a formular las contestaciones de los oráculos. Convienen tales observaciones con el aserto de Filóstrato, el cual asegura la creencia en la vida futura y por eso los turdetanos celebraban los funerales con cánticos de victoria, corroborando su confianza en la inmortalidad.

Tanto prestigio logró la civilización tartesia, que San Agustín creyó que sus sacerdotes y sabios habían conocido la verdadera doctrina por sus propias fuerzas y Menéndez Pelayo juzga «digna de meditación» la idea del santo doctor. Rodrigo Caro sostiene «averse en ella (Hispalis) también guardado y exercitado la ley natural y conocimiento de un Dios verdadero» (Ant. de Sev. C. IV, f. 7º). Para el conocimiento de las primitivas ideas religiosas de la Tartéside, recuérdese que los fenicios, para atraerse las simpatías de los españoles, erigieron en Cádiz un templo al Hércules egipcio."   

   La cita de San Agustín a la que alude Mëndez Bejarano es la siguiente:

   "Sobre la filosofía que está más cerca de la fe cristiana.-  Por tanto, cualesquiera filósofos que han reconocido al verdadero y supremo Dios como autor de las cosas creadas, luz de las cognoscibles y bien de las que han de practicarse, que es el principio de nuestra naturaleza, la verdad de nuestra doctrina y la felicidad de nuestra vida: ya sean los llamados propiamente platónicos o de cualquier otra denominación que hayan dado a su secta; sean sólo de la escuela jónica, que fueron los principales entre ellos, los que han tenido esta opinión, como el mismo Platón y los que mejor lo entendieron; o sean también los itálicos, teniendo presentes a Pitágoras y los pitagóricos, o también otros que ha podido haber de la misma opinión; sean cualesquiera de los tenidos por sabios y filósofos entre las otras naciones, los libios, del Atlántico, los egipcios, indos, persas, caldeos, escitas, galos, hispanos y demás: a todos los que hayan pensado así y enseñado estas doctrinas los anteponemos a los demás y confesamos que están más cercanos a nosotros."  (La Ciudad de Dios, Libro VIII, cap. IX)

   Mario Roso de Luna, recrea estas reflexiones de forma fantástica y desde el punto de vista teosófico, como si la Hispania tartésica hubiese sido la heredera de la legendaria sabiduría atlante, tan alabada por Platón, y una suerte de anticipo de la República ideal platónica:

   "Antes de que se hallasen en España las venas de plata y oro, las guerras no existían, y muchos de sus hijos del país se consagraron al estudio de la Filosofía. Los pueblos vivieron seguros y quietos con santísimas costumbres; cada pueblo se regía por el Magistrado, nombrado cada año por los varones de más excelsa erudición y piedad. Las cosas todas se regulaban por lo bueno y lo justo, no por el número de leyes, aunque se dice que hubo algunas escritas y de grandísima antigüedad, sobre todo entre los turdetanos. Los individuos no tenían entre sí pelitos ni controversias, y si algunas habían eran de la emulación en la virtud, la naturaleza de Dios, la razón y las buenas costumbres. Los hombres eruditos en determinados días, controvertían públicamente de estas cosas, y también asistían mujeres a tales certámens." (El libro que mata la muerte, HUmanitas, Barcelona, 2004, p. 345)

   Ahora que los tiranos pretenden acabar con la filosofía en España, conviene recordarles que, si estos textos son acertados, su infame propósito es ajeno a la más remota tradición hispánica. Una tradición que deberíamos recuperar... Mas, ¿hay alguien que hable de tradiciones en nuestro malhadado país y no sea tachado inmediatamente de "reaccionario"?

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