BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

martes, 2 de septiembre de 2014

La Fuente egipcia del Retiro: ¿Un monumento iniciático?

   Sin duda, uno de los monumentos más enigmáticos y olvidados de Madrid es la Fuente Egipcia del Retiro (popularmente conocida por "La Tripona"), proyectada por Isidro González Velázquez. Cada vez que paso al lado de la misma, me pregunto: ¿Qué hace aquí este monumento, cargado de simbolismo egipcio? En esta entrada del blog trataré de ofrecerme a mí mismo una respuesta, mediante un estudio de los presuntos significados relacionados con la filosofía masónica que creo poder detectar en esta fuente.

Vicente Lopez. Retrato de Isidro Gonzalez Velazquez.jpg
Vicente López, Isidro González Velázquez (1830)*(*)  Obsérvese el compás sobre el que parece "jurar" nuestro arquitecto

   Primero, me referiré a la figura de Isidro González Velázquez (1765-1840), arquitecto discípulo de Juan de Villanueva, que tras haber ingresado en 1799 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y ser nombrado en 1804 Teniente de arquitecto mayor de los Reales Palacios y Casas del Rey, fue elevado en 1814 por Fernando VII al grado de Arquitecto Mayor de la Corte, en sustitución de su maestro Villanueva, muerto en 1811. Entre 1791 y 1793 González Velázquez viajó pensionado por Roma, Naṕoles, Pozzuoli, Portici y Pompeya, llegando hasta Paestum, donde conoció el dórico antiguo, que será para él una referencia continua. A él se deben, entre otras obras, el Proyecto de remodelación de la Plaza de Oriente (no realizado), así como tres obras relacionadas con el mundo egipcio: una, el Proyecto de un Museo Egipcio de 1838 (tampoco realizado); el Obelisco conmemorativo a los héroes de 2 de Mayo (proyectado en 1821, erigido entre 1822-23 y concluido en 1840), y, por último, la Fuente Egipcia del Retiro que aquí nos ocupa.   ¿De dónde le venía a González Velázquez su interés por lo egipcio? Parece evidente que el origen de esta "pasión egipcia" del arquitecto español era la reciente expedición que Bonaparte había llevado a cabo por tierras de Egipto (1798-1801), cuyos resultados arqueológicos quedaron expuestos en la monumental Descripción de Egipto, cuya edición comenzó en 1809 y se prolongó hasta 1821-29. Pero es que, además, durante el reinado de José I, González Velázquez fue confirmado por el "Rey plazuelas" en su empleo de Teniente Arquitecto Mayor, bajo las órdenes de Villanueva. Como es sabido, José Bonaparte, de tan mala prensa, fue en realidad, un acérrimo partidario de los ideales ilustrados y seguidor ferviente de Rousseau, lo que le llevó a militar en las filas de la masonería, dentro de las cuales llegó a ser Gran Maestre del Gran Oriente de Francia y fundador de la Gran Logia Nacional de España. Aunque no me consta la pertenencia de González Velázquez a la Orden de Hiram (a mi juicio poco probable), es conocida la filiación que emparenta el mundo masónico con el antigo Egipto (de hecho, algunos consideran que rastrear los orígenes del simbolismo masónico fue el verdadero motivo de la expedición napoleónica a las tierras faraónicas), por lo que no cabe excluir que el discípulo de Villanueva, gracias a su contactos con los círculos ilustrados y masónicos de la corte bonapartista, se sintiese atraído por la simbología faraónica, más allá de las modas del momento, que tendían a imponerla, llegando a conocer el significado que le atribuían los círculos masónicos. Por lo demás, también se dice que el propio Fernando VII, admiraba a Napoleón tanto como lo odiaba, lo que le habría llevado a compartir su interés por lo egipcio.   Sea como fuere, el caso es que González Velázquez va a introducir este estilo y su simbología en Madrid. La Fuente Egipcia del Retiro formaba parte de un proyecto más complejo: el Jardín Pintoresco, o el Reservado del Retiro, que -como suele suceder, por desgracia, en nuestra capital- no llegó nunca a realizarse en su integridad. Encargado por el Rey a Isidro en 1817, incluía un Cenador Chinesco, una Montaña Artificial, la Casa de Fieras, una Columna colosal rematada por una escultura de Hércules... y en la parte meridional del estanque grande, la Fuente Egipcia.   Ésta comenzó a construirse en 1819, aunque su realización se prolongó hasta 1850, quedando a cargo de su realización Alfonso Rodríguez. El proyecto de la fuente, por otra parte, coincidió, curiosamente, con el Trienio Liberal, que empezó al año siguiente, con una gran actividad de las logias en nuestro país (recuérdese que Galdós ambienta su novela El Grande Oriente en 1821).     El monumento tiene una estructura que recuerda, lejanamente, a la de una mastaba, de 7 x 11 x 12 m.. Se alza en el lado sur del Estanque, donde el Sol alcanza su cénit. La fachada principal semeja un frontón triangular de piedra y ladrillo, en cuyo centro se abre una hornacina en piedra, en la que se sitúa un vaso funerario o canopo (urna destinada por los egipcios a guardar las vísceras más importantes del difunto embalsamado, sobre todo el corazón). En el vértice, por encima de la hornacina, arranca una columna truncada, en la cual se situaba una escultura de Osiris actualmente desaparecida, guardada por sendas esfinges colocadas a ambos lados. Una singular anécdota sitúa bajo esta fuente un supuesto "tesoro", enterrado bajo ella, o en sus inmediaciones, en época de Felipe IV.   Estos son los nudos datos artísticos e iconográficos. Vamos a adentrarnos en ellos, para intentar encotrar una relación que nos revele su posible significado.   Lo primero que observamos es que la Fuente está situada en el borde del estanque, igual que numerosos templos egipcios (en Madrid, el esquema se repite en el Templo de Debod); el estanque del Retiro es aprovechado para rememorar, por tanto, el estanque sagrado, de forma generalmente rectangular, que en la mitología egipcia simbolizaba el océano primordial, el Nun, del que, en el comienzo de los tiempos, había surgido el primer trozo de tierra. Además, en Abydos, existía un amplio lago sagrado en el que se celebraban rituales mistéricos relacionados con Osiris. Por otra parte, también tienen relación con este dios los ladrillos que componen parte del frontón, puesto que en las tumbas solían situarse, orientados hacia los puntos cardinales, unos ladrillos que servían para proteger al fallecido de las fuerzas negativas que quisieran dañarle, igual que habían protegido a Osiris.          El frontón triangular del monumento representa esquemáticamente la pirámide egipcia, imagen, a su vez, del espíritu humano que se proyecta hacia lo alto, tendiendo con su vértice superior a la luz del sol, símbolo de la luz divina, es decir, de la luz del conocimiento y de la verdad.                                       El monumento está protegido por dos enfinges, que, como indica Plutarco en su escrito Los misterios de Isis y Osiris, representan al "guardian de los misterios de la sabiduría oculta"; en efecto: la esfinge, enigma por excelencia, es en masonería el emblema de sus trabajos, que deben ser secretos y ocultos, indicando a los iniciados que el conocimiento adquirido no debe revelarse a los profanos. La esfinge constituye la representación oculta del hombre y de la naturaleza, e invita al sujeto a resolver -como hizo Edipo- el misterio de su propia naturaleza, es decir, a conocerse a sí mismo. Su cabeza humana representa la sabiduría; el cuerpo de león, la fuerza, y el conjunto, la belleza, las tres virtudes o "luces" masónicas, que debe poseer el adepto. Asimismo, era llamada en el antiguo Egipto "Horus (el Sol) en el horizonte", una forma de Ra, el dios sol; esotéricamente, el dios ascendido. Desde el punto de vista astrológico, la esfinge une Leo (el alma-corazón) y Virgo (la materia). El siguiente poema del mago y ocultista Eliphas Lévi (1810-1875) recoge de manera muy gráfica el significado "secreto" de la esfinge:  "La Esfinge está sentada en la roca solitaria. / proponiendo un enigma en toda fuente prosternada; / y si el rey futuro cedía al misterio, / el monstruo decía: ¡Muere, no adivinaste en absoluto! // Sí, para el hombre aquí abajo, la vida es un problema, / que resuelve el trabajo bajo guadaña de la Muerte; / del futuro para nosotros la fuente está en nosotros mismos, / y el centro del mundo pertenece a mucho más. // ¡Sufrir es trabajar, es acabar su tarea! / ¡Desgracia al perezoso que duerme sobre el camino! / El dolor, como un perro, muerde los talones del cobarde, / que de un solo día perdido sobrecarga el día siguiente. // Vacilar es morir; equivocarse, es un crimen / previsto por la naturaleza, y por anticipado expiado. / El ángel mal librado recae sobre el abismo, / ¡Reino y desesperación de Satanás, fulminado! // Dios jamás tiene lástima ni de clamores ni de lágrimas, / ¿Para consolarnos totalmente no tiene el futuro? / Somos nosotros quienes de la desgracia forjamos las armas; / ¡Fuimos nosotros a quienes encargó del cuidado de castigarnos! // Para dominar la muerte, hay que vencer la vida; / hay que saber morir, para revivir inmortal; / hay que pisotear la naturaleza esclavizada, / ¡para convertir al hombre en sabio y la tumba en altar! // De la Esfinge, la última palabra es la hoguera de Alcide, / es el rayo de Edipo y la voz del Salvador. / Para engañar los esfuerzos de la serpiente decidida, / ¡hace falta al santo amor consagrar el dolor! // La fuente de hombre de la Esfinge habla de inteligencia, / sus ubres de amor, sus garras de combates; / sus alas son la fe, el sueño , la esperanza, / ¡y sus costados de toro, el trabajo aquí debajo! // Si sabes trabajar, creer, gustar, defenderte; / si por necesidades viles o eres encadenado; / si tu corazón sabe querer y tu espíritu comprender, / ¡Rey de Tebas, adiós! ¡Hete aquí coronado!"

                               El ser humano, por su parte, está representado en este monumento por la escultura ausente del dios Osiris, cuya muerte y resurrección constituían el núcleo central de los misterios iniciáticos relacionados con esta deidad y su consorte Isis. Igual que el dios, asesinado por su malvado hermano Seth, renacía en su hijo Horus, el iniciado en sus misterios sería capaz de renacer, ayudado por el mágico conocimiento de Isis, una vez vencidas las potencias del mal y la muerte. La figura del dios se situaba encima de una columna truncada, que en el simbolismo masónico es el emblema del masón fallecido, y que ha ingresado en el Oriente Eterno. En general, según puede leerse en el Diccionario akal de la masonería, de Juan Carlos Daza, la columna es símbolo de la conexión de lo bajo con lo alto, de la tierra con el cielo, y, por consiguiente, simboliza al hombre, mediador entre el cielo y la tierra: el pedestal es el alma sensible, el fuste la mente o inteligencia, el hueco central de la columna es el ego o yo, y el capitel la intuición. Truncada, la columna representa el fin de los trabajos masónicos en esta vida, y su continuación en la Gran Logia Celestial, bajo los auspicios del Gran Arquitecto del Universo.  
   La columna truncada se relaciona, además, con Osiris; por eso, seguramente, sostenía su figura en esta fuente; en este sentido, Donald Alexander Mackenzie, en su libro Egyptian Mith and Legend dice: "En el mito de Isis y Osiris, Osiris fue asesinado por Seth, quien lo encerró en un ataúd, arrojándolo al Nilo. Llevado por las corrientes, el ataúd llegó a Biblos, donde encalló, creciendo dentro de él un frondoso árbol sagrado. Asombrado por el crecimiento prodigioso del árbol, el rey de aquellas tierras ordenó cortar el árbol e instalar sobre él el pilar de su palacio, sin darse cuenta de que el árbol contenía el cuerpo del dios. Mientras tanto, Isis, buscando a su hermano y consorte Osiris con la ayuda de Anubis, llegó a Biblos y le pidió al rey el pilar del salón del palacio, lo que éste le otorgó; Isis extrajo luego el ataúd del fondo de la columna y, a continuación, consagró el pilar, lo ungió con mirra y lo envolvió en un sudario. Este pilar fue conocido como el pilar Djed", que podía ser utilizado, además, como calendario solar.    El pilar al que se alude es, seguramente, simbólico: el pilar de la sabiduría, que facilita la resurrección del hombre a un plano espiritual superior. Por eso, el verdadero "pilar" no sería tanto el fuste cortado de la columna como el que se encuentra situado más abajo, en el vaso canopo del centro del monumento, destinado a albergar (simbólicamente, claro) la víscera más importante del individuo para los antiguos egipcios: el corazón., centro, eje o medio que ordena la vida interior del sujeto, y le impulsa a resucitar espiritualmente, gracias al conocimiento, del que fluye el agua de la vida. 
     El iniciado en los misterios es aquel que consigue ser dueño de su "corazón" y tiene en él su centro. "Simbólicamente -nos dice de nuevo Juan Carlos Daza- el corazón se asimila con el templo, [y es el] lugar central de todo ser, a partir del cual se expande la fuerza y energía vital que lo vivifica y a su vez el lugar donde se concentra. (...) [Por eso] los hermanos entran en el templo con la mano derecha sobre el corazón (...) [y] el Venerable Maestro se lleva la mano al corazón, indicando así que es ahí, en ese órgano corporal que simboliza el centro espiritual del ser humano, donde sus secretos deben ser guardados." También representa el corazón de Hiram, conservado (según la leyenda masónica) por orden de Salomón.  Reuniendo ahora todos los elementos, podríamos reconstruir el eventual mensaje simbólico-filosófico que pretendería transmitir este extraño monumento a los paseantes madrileños: "Hombre, deténte: estás en un lugar sagrado, donde debes pararte a meditar sobre el principal enigma de la existencia: tú mismo. Es en tu interior donde debes buscar el verdadero conocimiento, la sabiduría, la cual consiste en conocer que, aunque tu cuerpo es mortal, tu alma (corazón), gracias a la luz del conocimiento de la naturaleza (Isis) puede hacerte renacer en un plano de existencia superior, más elevado, y ayudarte a resucitar, como sucedió con el dios Osiris, el gran señor de Abydos. El conocimiento te hará renacer, como un dios. La muerte no es el fin."   ¿Será este -el tesoro de la sabiduría- el "tesoro" que, según la leyenda antes citada, oculta el monumento y nadie ha logrado hallar? Lástima que la estatua de la deidad haya desaparecido, y que el monumento, a pesar de haber sido restaurado, esté sucio y descuidado, por la incuria de las autoridades y la falta de civismo de muchos madrileños. Ni siquiera funciona la fuente, de la que antaño manaba el agua simbólica. Pero no importa: los símbolos trascienden el tiempo, y si sabemos leerlos, siempre pueden actualizar su perenne contenido. Quizás ahora contemplemos la fuente con otros ojos, y la tomemos como un pretexto más para pasear por ese privilegiado lugar de "retiro espiritual" que es para muchos de nosotros el Parque del Retiro.
  

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