BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 23 de enero de 2014

Albert Camus: Palabras en libertad


   
 

   La editorial La Linterna Sorda ha publicado recientemente la antología de textos periodísticos de Albert Camus titulada La sangre de la libertad, traducidos por José Dot. La única expresión que se me ocurre para calificarlos es la de emocionantes. En ellos nos sale al paso ese Albert Camus puro, insobornable, defensor a ultranza de la libertad y de la justicia, que roza en muchas ocasiones el pensamiento libertario. Sus críticas a los totalitarismos de todo tipo, capitalistas y marxistas; su denuncia de las abstracciones propias de la sociedad tecnológica contemporánea, que aplastan al ser humano; su apología de aquellos que luchan en todo tipo de movimientos de resistencia por los derechos inalienables del ser humano, y, sobre todo, su idea de que la política tiene que responder a los principios del humanismo y de la moral, si no quiere convertirse en la tumba del individuo, son de una actualidad verdaderamente asombrosa. Siempre se enfrenta uno al mismo dilema: ¿Sarte o Camus? Para mí ambos autores son excelentes, pero estos textos, cargados de pasión, verdaderamente mediterránea, y de una altura ética prácticamente desconocida en nuestros días apelan de tal manera a la parte más profunda de nuestra alma, y están tan bien redactados, que me hacen inclinarme inevitablemente por el filósofo y literato argelino. No cabe duda que, mirado desde la altura de nuestra época, su pensamiento resulta mucho más sugerente que el propuesto por su compatriota Sartre.
   ¡Y qué frases!:

   "La única manera de lidiar con este mundo sin libertad es volverte tan absolutamente libre que tu mera existencia sea un acto de rebelión."

   "El hombre es esa fuerza que termina siempre por derribar a tiranos y dioses."

   "La verdadera desesperación no nace ante una adversidad obstinada, ni en el agotamiento de una lucha desigual. Surge cuando ya no se ve razón alguna para luchar ni si, precisamente, ha de lucharse."

   "La grandeza del hombre está en su determinación de ser más fuerte que su condición. Y si su condición es injusta, sólo hay una manera de superarla: ser justo uno mismo."

   "Que la vida sea libre para cada uno y justa para todos, es el fin que debemos perseguir."

   "La tarea de este siglo es edificar la justicia en el más injusto de los mundos y salvar la libertad de esas almas consagradas a la servidumbre desde el principio. Si fracasamos, volveremos a las tinieblas. Pero al menos se habrá intentado."

   "Se trata de servir a la dignidad del hombre por medios que permanezcan dignos, en medio de un mundo que no lo es. Mídase la dificultad y la paradoja de tal empresa."

   "[Con la bomba atómica] la civilización mecánica acaba de alcanzar su máximo grado de salvajismo. Será necesario elegir, en un futuro más o menos cercano, entre el suicidio colectivo o el uso inteligente de las conquistas científicas."

   "La paz es el único combate que vale la pena entablar. No se trata ya de un ruego, sino de una orden que debe subir de los pueblos hacia los gobiernos: la orden de escoger definitivamente entre el infierno y la razón."

   "Cuando la inteligencia se apaga, la noche de la dictadura aparece."

   "El espíritu libre tiene siempre la razón y acaba siempre por triunfar, puesto que el día en que cese de tener razón será aquel en que la humanidad entera habrá errado y en que la historia de los hombres habrá perdido su sentido."

   "El siglo XVII ha sido el siglo de las matemáticas, el XVIII el de las ciencias físicas y el XIX el de la biología. Nuestro siglo XX es el del miedo. El miedo no es una ciencia, se me dirá. Pero la ciencia es en cierto modo responsable de ese miedo, puesto que sus más recientes progresos técnicos la han conducido a negarse a sí misma y porque sus perfeccionamientos prácticos amenazan con destruir por completo la tierra de todos. Además, si bien es cierto que el miedo no puede, en sí mismo ser considerado una ciencia, no hay duda de que es, sin embargo, una técnica.
   En efecto, lo que más me llama la atención en el mundo en que vivimos es, en primer término y en general, que la mayoría de los humanos (excepto los creyentes de todo tipo) están privados de porvenir, sin promesa de madurez y progreso. Vivir frente a un muro es una vida de perro. Pues bien, los hombres de mi generación y los de la que entra hoy en los talleres y en las facultades, han vivido y viven cada día más como perros.
   (...) Vivimos en el terror, porque la persuasión no es ya posible, porque el hombre se ha entregado por entero a la historia y porque no puede ya volverse hacia esa parte de sí mismo, tan verdadera como la histórica, que se le manifiesta ante la belleza del mundo y de los rostros; porque vivimos en el mundo de la abstracción, de las oficinas y de las máquinas, de las ideas absolutas y del mesianismo sin matices. Nos sentimos agobiados entre gentes que creen tener la razón absoluta, ya sea con sus máquinas, ya sea con sus ideas. Y para todos aquellos que sólo pueden vivir dialogando y en amistad con los hombres, ese silencio es el fin del mundo."

   "La revolución se hará a escala internacional o no se hará."

   "El mal de la época se define por sus efectos, no por sus causas, y se llama Estado, tanto sea policíaco como burocrático. Su proliferación en todos los países, bajo los más diversos pretextos ideológicos, la insultante seguridad que le otorgan los medios mecánicos y psicológicos de represión, hacen que constituya un peligro moral para lo mejor que hay en nosotros. Desde este punto de vista, la sociedad política contemporánea, cualquiera sea su contenido, es despreciable."

   "Es nuestra sociedad política entera la que nos da náuseas. (...) El mundo en que vivo me repugna, pero me siento solidario con los que en él sufren."

   "Debemos encontrar los valores que necesitamos en nosotros mismos, en el centro de nuestra experiencia, es decir, en el interior del pensamiento rebelde. Si no los encontramos, el mundo se hundirá, y quizá sea justo que así ocurra, pero nosotros nos hundiremos con él, y éstos sería infame."

   "La verdadera cultura vive de verdades y muere de mentiras."

   "La sola sociedad que perdura, que yo conozca, es la de los creadores y los hombres libres, que, contra la crueldad de los totalitarios y la cobardía de las democracias burguesas, (...) reconoce a todas las patrias, pero no sirve más que a una: la libertad.

   "Hoy se elige la libertad poniéndose junto a quienes en todas partes sufren y luchan, y sólo allí es necesario elegirla. Hay que elegirla simultáneamente con la justicia y no se debe elegir la una sin la otra. Si alguien os quita el pan, suprime al mismo tiempo vuestra libertad. Pero si alguien os quita la libertad, esad seguros de que vuestro pan se halla amenazado, pues éste no depende ya de vosotros ni de vustra lucha, sino de la voluntad de un amo. La miseria crea a medida que la libertad retrocede, e inversamente. Y si este siglo implacable nos ha enseñado algo, ese algo es que la liberación será una liberación económica o no será nada, y advendrá con la única condición de que haya libertad. Los oprimidos no quieren sólo liberarse del hambre, también quieren serlo de sus amos. Y ellos saben muy bien que sólo estarán realmente emancipados del hambre cuando tengan a raya a sus amos, a tods sus amos, aboliendo la esclavitud económica."

   "Por lo que a mí se refiere, nunca he reconocido más que dos aristocracias: la del trabajo y la de la inteligencia, y hoy sé que es insensato y criminal querer someter una a otra; sé que las dos no constituyen más que una sola nobleza, que su verdad y sobre todo su eficacia residen en la unión y que separadas se dejarán reducir a la impotencia, una tras otra, por las fuerzas de la tiranía y la barbarie, pero que, al contrario, reunidas dirigirán el mundo."

   "La libertad no es un regalo que se recibe de un Estado o de un jefe, sino un bien que se conquista a diario, gracias al esfuerzo de cada uno y con la unión de todos."

   ¡Gracias por tus palabras, ahora y siempre, Albert!

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