BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

viernes, 20 de diciembre de 2013

El Ateneo de Madrid: Templo del Saber


Emblema del Ateneo, con
la lámpara de la
sabiduría


Fachada del Ateneo madrileño
   
   Soy ateneista desde hace muchos años, más de los que recuerdo. Y lo confieso: solo soy feliz en el Ateneo de Madrid, dedicado por entero a esa "vida contemplativa", que Aristóteles consideraba el estado más elevado al que puede aspirar el hombre. Al Ateneo le debo casi todo: mi trabajo, mi tesis, mis carreras...; también conocí allí a Carmen Bueno, mi esposa, y a muchos amigos, entre los que he de destacar a Julio Moreno Aragoneses, con el que tanto me gusta conversar, porque siempre me enseña algo nuevo.



   El Ateneo es un  auténtico "Templo del Saber" (no en vano ha estado desde siempre vinculado, entre otras muchas cosas, a la Teosofía y a la Masonería). Su propia estructura interna así lo atestigua: tras ascender por el lado izquierdo de la escalera central, bajo una serie de columnas pareadas, de corte claramente masónico, y pasar al lado de la escultura de Adán, obra de Eduardo Barrón, que simboliza el estado de "caída" y desesperación personal que, quizás, atormenta a la persona que entra en el edificio, recorremos un pasillo adornado con unas pilastras de madera y estuco, rematadas con capitales en los que unos putti nos miran enigmáticamente, hasta llegar a la Galería de Retratos, donde nos contemplan los rostros de todos los grandes hombres que han estado vinculados, de un modo u otro, a la "Docta Casa".
   A continuación, una cuádruple columnata, con forma de la "Tau", o "Y" pitagórica, nos indica el doble camino que podemos recorrer: si elegimos la izquierda, entramos en el majestuoso Salón de Actos, donde nos espera el mundo, aún público, de los espectáculos teatrales, conferencias, etc. Luego, si escogemos el camino de la derecha, reservado a los socios (¿"iniciados"), tendremos que remontar una escalera en espiral, flanqueada de estrellas flamígeras, que marcan el ascenso a los "cielos" de la sabiduría, representados por la majestuosa Biblioteca, dentro de la cual destaca la Pecera, orientada hacia los cuatro puntos cardinales, y en la que el recorrido anual del astro solar (símbolo platónico del Bien) va iluminando las mentes de quienes allí buscan el conocimiento. 


   Si elegimos la Sala Central, en cambio, podemos sentarnos orientados hacia el Norte, dirigiendo nuestra mirada hacia unos ventanales, cerrados con una verja, en la que, entre papiros forjados, se alza un sol naciente...¡Todo un símbolo!
   Para salir del edificio, conviene hacerlo por el lado izquierdo de la escalinata, acompañados, de nuevo, por las citadas pilastras con putti, que de nuevo nos miran fijamente, como despidiéndonos, y dejando atrás la escultura de La Victoria de Agustín Querol, que  simboliza el triunfo sobre las tinieblas de la ignorancia: el sujeto ha "re-nacido", es decir, se ha renovado interiormente, gracias a la gnosis que acaba de adquirir.
   Podéis comprobar todo esto, y mucho más, en la página Web del Ateneo: http://www.ateneodemadrid.com/, y este estupendo documental, titulado: El Ateneo de Madrid: Ideas en libertad (presentado en México), que recoge la historia de esta centenaria institución.
 



   Actualmente, cuando la incuria de nuestros gobiernos (central, autonómico, municipal) ha cortado, según parece, las ayudas que recibía la Institución, veo cómo la que es mi segunda casa languidece, por falta de fondos (porque las cuotas de los socios no dan para cubrir los gastos). Algunos ya están hablando de privatizarla, cosa que, a mi juicio, sería nefasta, porque "quien paga, manda", y la privatización tendría como consecuencia que el Ateneo perdería la independencia que siempre le ha caracterizado. Desde aquí reivindico su permanencia, para que siga siendo la sede del saber; ese templo del conocimiento, en el cual cualquiera puede exponer sus opiniones e ideas, sin temor a verse ridiculizado, ni perseguido, en un marco de absoluta tolerancia. Que así sea.

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