BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

miércoles, 29 de mayo de 2013

2º de Bachillerato: Águila Roja y Aristóteles: La Ética Nicomaquea de Pedro Simón Abril


   Sí, es lamentable, pero os confieso que soy un fan del Águila Roja, es serie inverosímil y absurda desde el punto de vista estrictamente histórico, pero que nos consuela semana tras semana, pensando que aún existe alguien capaz de hacer justicia en mundo plagado de corrupción, y castigar a los "malos", aunque sea en el plano de la pura ficción.
   Pero lo que justifica esta entrada en el blog no son mis aficiones televisivas, sino algo muy diferente: en el capítulo 55 de la serie, vemos como la Inquisición apresa a Gonzalo de Montalvo, alias "Águila Roja", por ser ateo y negar la existencia de Dios -al menos del Dios para supersticiosos, introducido por la canaille sacerdotal, para someter la mente del pueblo-. Cuando Gonzalo, en su faceta de intelectual racionalista y admirador de la ciencia, se enfrenta al terrible y deforme Inquisidor, éste le arroja a sus pies una serie de libros muy interesantes desde el punto de vista filosófico y científico: Il saggiatore de Galileo, en el que aparece expuesto el método experimental de la ciencia moderna; De Humani Corporis Fabrica, de Andrea Vesalio, y la Ética de Aristóteles, expuesta por uno de los filósofos menos conocidos del siglo de Oro español:  Pedro Simón Abril.


   
Supuesto retrato del humanista
y filósofo español
Pedro Simón Abril
Pedro Simón Abril (Alcaraz, Albacete 1530 - Medina de Río Seco, Zaragoza, 1595), fue un notable humanista, helenista, pedagogo, traductor español. Ejerció como profesor de artes, filosofía y gramática en Uncastillo (Zaragoza) entre 1566 y 1570, siendo procesado este último año por la Universidad Sertoriana de Huesca, acusado de enseñar en ese lugar las disciplinas de Artes y Filosofía, lo que era entonces privilegio único de esa institución académica. Al negarse a suspender sus enseñanzas, fue declarado contumaz y excomulgado, y tuvo que ceder finalmente, suplicando la absolución en mayo de 1571, jurando que sólo enseñaría Gramática y que defendería los antiguos privilegios de la universidad oscense. 
   Pasó luego a enseñar también griego, filosofía y poesía en Tudela, en Zaragoza (1574-1576), y en su ciudad natal, Alcaraz (Albacete), donde pudo conocer al bachiller Sabuco y tener como discípula a su hija, la célebre doña Oliva Sabuco de Nantes. Fue nombrado uno de los primeros catedráticos de la Universidad de Zaragoza, en cuya universidad enseñó Latiín, Griego y Retórica.
   En el terreno pedagógico (quizás de ahí proceda la idea para la serie del Águila, en la que el personaje principal ejerce en su vida cotidiana como maestro de escuela), Abril escribió los Apuntamientos de cómo se deben reformar las doctrinas y la manera de enseñallas (Madrid: P. Madrigal, 1589), donde dice que los errores didácticos provienen de enseñar en lenguas extrañas (latín y griego) que el pueblo no entiende; deduce, por consiguiente, que es necesario usar la lengua propia para mejorar el entendimiento y para ello el uso de la lengua vulgar en la enseñanza es condición primordial para conocer antes y mejor la gramática griega y latina. Sostiene que las matemáticas se enseñen en lengua vulgar; en el ámbito de las Facultades Mayores afirma que es un grave error enseñar la Medicina en latín o en griego, porque el médico no llega a conocer con perfección la anatomía del cuerpo humano, ni la terapia natural y apropiada para cada enfermedad. Sugiere la traducción al castellano de los grandes tratados de los médicos griegos, como Hipócrates o Galeno, así como los de los árabes españoles. De la misma forma sostiene que el Derecho debe regirse por leyes escritas en lengua castellana y no en otra lengua. El esfuerzo de Pedro Simón Abril fue seguido por otros autores de la época, quienes dirigieron sus trabajos para que el uso del castellano en las aulas universitarias tuviese lugar preferente en detrimento del latín.
   En Filosofía, Pedro Simón Abril es recordado, sobre todo, por su eminente traducción de las obras de Aristóteles, y algunas de Platón (Cratilo, Gorgias). Como traductor afirmaba en su prólogo a la Ética de Aristóteles: «el que vierte ha de transformar en sí el ánimo y sentencia del actor que vierte, y decirla en la lengua en que lo vierte como de suyo, sin que quede rastro de la lengua peregrina en que fue primero escrito». Aquí tenéis un enlace con la edición de la Ética de Aristóteles, que une a la profundidad del texto su belleza en la traducción al castellano antiguo.

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