BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

miércoles, 2 de enero de 2013

H. P. Lovecraft: Noúmeno y terror


  


Confieso que uno de mis escritores favoritos, junto con el inconmensurable E. A. Poe, es H. P. Lovecraft (1890-1937), no sólo por sus indudables méritos dentro de la literatura fantástica y de la ciencia ficción, sino también por las eventuales reflexiones filosóficas que suscitan la lectura de sus estremecedoras narraciones.
   Lovecraft recibió importantes influencias filosóficas, especialmente de Schopenhauer, Nietzsche y Spengler. Como hacen todos los grandes escritores, Lovecraft seleccionó y mezcló esas influencias a su manera, tomando de aquí y de allá ideas esporádicas, para crear un "mundo imaginal" propio. Como señala César Garde Paz en algunos de los interesantes ensayos que ha dedicado a Lovecraft, el "oscuro" de Providence tomó de Schopenhauer su concepción pesimista del mundo, considerándolo regido por una ciega e irracional voluntad, indiferente y hostil hacia el hombre. De Nietzsche y Spengler, además de sus ideales aristocráticos (que se tradujeron en un acendrado y a veces repulsivo racismo), extrajo Lovecraft su admiración por las religiones paganas, y la debilidad de los ideales cristianos ante creencias milenarias, ajenas a cualquier optimismo humanista. Para Lovecraf los dioses paganos "nunca han muerto, sino que yacen durmiendo (...) y ahora se halla cerca el tiempo de su despertar. (...) El día amanece en el cual los hombres deban responder, tras haberlos negado durante siglos."
   Sin embargo, en esta entrada del blog quisiera llamar la atención sobre un aspecto que no suele mencionarse del pensamiento de Lovecraft: el problema del conocimiento. Como es sabido, Kant había mantenido que nuestro conocimiento está limitado a los fenómenos, y no puede penetrar en las cosas en sí, en los noúmenos; Schopenhauer, en cambio, consideraba que es posible encontrar una puerta de acceso al mundo nouménico en nuestro interior, a través de la voluntad, que nos permite intuir la terrible fuerza oscura, irracional y cruel, que se agita en el fondo de la naturaleza y de nosotros mismos. Pues bien, Lovecraft -igual que su antecesor, Poe- consideraba que es mejor para el hombre permanecer plácidamente atenido al mundo fenoménico, y no pretender explorar los negros horrores del infinito. Sus relatos de misterio y terror ponen de manifiesto qué peligros le acechan al hombre cuando pretende contactar con el fondo último de la realidad; con el NOÚMENO irracional, ese "Magnum Innominandum", que, cuando aparece ante nosotros, además de resultarnos absolutamente inexpresable, se nos impone de manera imperiosa, terrorífica y aplastante, aniquiladora para el ser humano.
   En general, los personajes de Lovecraft intentan acceder al noúmeno a través de las ciencias ocultas, mediante libros mágicos o prohibidos (como el nefando Necronomicón, el supuesto grimorio mágico, escrito por el árabe loco Abdul Alhazred, cuya lectura provoca la locura y la muerte, y en el que se contienen fórmulas olvidadas, que permiten contactar con entidades sobrenatuales de inmenso poder); otras veces, topan con lo nouménico por casualidad, cuando descubren lugares ominosos (casas misteriosas, parajes solitarios, cementerios...), donde se les abre una puerta a esa Realidad tremenda que se encierra tras lo cotidiano; en otros relatos, en fin, entran en contacto con sectas, hermandades secretas, o pueblos culturalmente retrasados, que rinden culto a deidades terroríficas y crueles, ávidas de sacrificios humanos. Sobre todo en su última etapa creadora, esos dioses -a los que Lovecraft llama "los Antiguos", atribuyéndoles nombres exóticos: Dagón, Cthulhu, Azathoth, Nyarlathtep, Yog-Sothoth...-,  son monstruosas entidades galácticas extraterrestres, que han creado a la humanidad en tiempos remotos, "por broma o error", y la vigilan continuamente, amenazando con retornar para dominarla o destruirla en cualquier momento.
   En el siguiente documental podéis encontrar una visión panorámica del universo creado por Lovecraft, que puede invitarnos a releer sus inquietantes cuentos, o a emprender su lectura, si no los habéis leído todavía. Sigue siendo maravilloso sentir que estamos a punto de desvelar un misterio, que a lo mejor no nos gustaría conocer. Hay que tener cuidado para no perderse.




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