BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 31 de enero de 2013

A las filósofas que amo (7): Hannah Arendt


   Recientemente, la cineasta alemana Margarethe von Trotta ha dedicado un film a Hannah Arendt relacionado con el famoso "proceso Eichmann", que me ha hecho recordar este "amor filosófico", al que nunca he dejado de ser fiel.
   Entre abril y junio de 1961, Arendt asistió como reportera de la revista The New Yorker al proceso contra Adolf Eichmann, el famoso Teniente Coronel de las SS, principal responsable de las deportaciones a los campos de concentración nazis durante la S. G. M.  La impasibilidad de Eichmann durante el juicio, le sugirieron a Arendt una serie de artículos, recogidos en el libro Eichmann en Jerusalén (Un informe sobre la banalidad del mal), que se publicó primero en EE. UU. en 1963, y poco tiempo después de Alemania Occidental.
   El libro fue polémico desde el comienzo, porque no se entendía que Arendt calificase de "banal" la frialdad mostrada por Eichmann a la hora de cometer espantosos asesinatos en masa; pero lo que la filósofa quería decir con esta expresión es que Eichmann no era el típico malvado de película, sino simplemente un individuo irreflexivo, que se limitaba a ejecutar las órdenes que recibía, como si se tratase de despachar expedientes, y no seres humanos. Y era precisamente esta irreflexión, propia de un burócrata y no del "príncipe de las tinieblas", lo que hacía de Eichmann un monstruo increíblemente más peligroso que cualquier otro criminal, puesto que nunca tuvo conciencia de estar haciendo algo malo, sino que pensaba cumplir simplemente con su cometido dentro de la compleja máquina estatal a la que servía. Frente al concepto kantiano del "mal radical", Arendt calificaba de "banal" al mal ejercido por Eichmann y otros miembros del nazismo, precisamente porque ni siquiera pretendía ser un "mal", sino el medio más eficaz para alcanzar el fin administrativo que le exigían sus superiores.
   La otra gran aportación de Arendt se contiene en Los orígenes del totalitarismo (19512-55), escrito clásico que marca un hito en la teoría política contemporánea. En el libro describe, como es sabido, lo que denomina la "dominación total", propiciada por la alienación completa que experimenta el individuo en la sociedad de masas. Esa dominación total, que Arendt identifica con al nacionalsocialismo hitleriano y al estalinismo soviético, se basa en ideologías como el racismo y el marxismo dogmático. Se trata de regímenes -dice Arendt- en los que no existe la argumentación lógica, sino únicamente el ciego dominio de los prejuicios y de las más vulgares pasiones, que líderes sin escrúpulos manejan para conseguir sus objetivos.
   La característica fundamental de este tipo de regímenes es lo que esta filósofa llama la "alianza entre el populacho y la élite", es decir, entre determinados sectores de la intelectualidad y las masas descerebradas. Los miembros de la élite -sirva como ejemplo su maestro y amante de juventud, Heidegger- están convencidos de que el partido totalitario y sus líderes realizarán sus fantásticos proyectos ideológicos, mientras la masa piensa que identificándose con el poder absoluto de los líderes, puede adquirir la importancia histórica y el papel decisivo del que realmente carece. En el proceso de adoctrinamiento de las masas, ocupa un lugar fundamental la propaganda difundida por el régimen totalitario, que adula sus pasiones más bajas, utilizándolas en su propio beneficio, a fin de reforzar su poder.
   La esencia del totalitarismo es el terror y el ejercicio arbitrario del "derecho al asesinato" indiscriminado a través de pandillas violentas, o de una policía omnipresente (Gestapo, KGB), que actúa al margen de cualquier legislación moral. Los campos de exterminio nazis, o los gulags soviéticos, supusieron la culminación de esta dominación total ejercida sobre los individuos. Significaban la perfecta simbiosis entre el "mal radical" (Kant) y la "banalidad del mal" anteriormente mencionada, centrados ambos en la aniquilación completa del individuo y de sus derechos (lo que Arendt llama el "asesinato de la persona moral").
   Lo interesante es que esta "mecanización de la muerte" venía posibilitada, según Arendt, por el desarraigo y falta de humanidad de la sociedad de masas moderna, en la que los individuos, al hallarse atomizados y dispersos, a la vez que concentrados en las grandes multitudes, no pueden reaccionar unidos ante la opresión que sufren, porque, en el fondo, se sienten aislados por completo de sus congéneres, con los que no les une ningún lazo verdaderamente humano, ni solidaridad alguna.
   En el siguiente documental, asistimos al desarrollo del pensamiento apasionado de la Arendt (que recuerda en algunos aspectos al de su admirado San Agustín, tema de su tesis doctoral), expuesto con una pasión y pathos poético que enganchan sin remedio al espectador:





  Salvando las distancias históricas, sociales y económicas, pienso que los análisis realizados por Arendt quizás resulten válidos para algunas actitudes y conductas que han surgido en el actual momento de crisis globalizada, en el que la decadencia de las democracias corre paralela con la aparición de actitudes cada vez más fanáticas e intolerantes, y con la búsqueda de soluciones despóticas por parte de una muchedumbre que se ha vuelto cada vez más fácil de adoctrinar y dominar. Leamos otra vez a Arendt, para estar sobre aviso.

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