BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

viernes, 9 de noviembre de 2012

La crisis dilucidada (y 13) : El Imperio neoliberal y las formas políticas aristotélicas

   A la búsqueda de claves para entender la crisis actual, topo con este magnífico texto de Hardt y Negri, que no tiene desperdicio:   

   

   "A lo largo de todo el período moderno se produjo un movimiento continuo hacia la privatización de la propiedad pública. En Europa, las grandes extensiones de tierras creadas como consecuencia de la desintegración del Imperio romano y el ascenso de la cristiandad fueron transferidas finalmente a manos privadas en el curso de la acumulación primitiva capitalista.(...) durante la consolidación de la sociedad industrial, la construcción y destrucción de los espacios públicos se desarrolló en una espiral siempre creciente. Es verdad que cuando hubo necesidad de acumulación (para poder fomentar una aceleración o un salto en el desarrollo, para concentrar y movilizar los medios de producción o para hacer la guerra, entre otros motivos), la propiedad pública se expandió expropiando amplios sectores de la sociedad civil y transfiriendo riquezas y propiedades a la colectividad. Sin embargo, las manos privadas pronto volvieron a apoderarse de esa propiedad pública. En cada proceso, la posesión comunal, considerada natural, se transformó, a expensas públicas, en una segunda y tercera naturaleza que finalmente funciona en favor del provecho privado. Por ejemplo, se creó una segunda naturaleza al construir presas en los grandes ríos del oeste estadounidense e irrigar valles secos, y luego esta nueva riqueza fue a parar a las manos de los magnates de los negocios agrícolas. el capitalismo pone en marcha un ciclo continuo de reapropiación privada de los bienes públicos: la expropiación de lo que es común.
   El ascenso y la caída del Estado del bienestar registrados durante el siglo XX son un ciclo más de esta espiral de apropiaciones públicas y privadas. La crisis del Estado del bienestar significó principalmente que las estructuras de asistencia y distribución públicas, que se habían construido con fondos públicos, fueran privatizadas y expropiadas para que el sector privado obtuviera ganancias. La actual tendencia neoliberal a la privatización de los servicios de energía y comunicaciones es otra curva de la espiral que consiste en asignar a los negocios privados las redes de energía y comunicación construidas con enormes desembolsos de los dineros públicos. Los regímenes de mercado y el neoliberalismo sobreviven en virtud de estas apropiaciones de segunda, tercera y enésima naturaleza. Las tierras comunes, que alguna vez se consideraron la base del concepto de lo público, se expropian y transfieren a manos privadas y nadie puede elevar un dedo en contra. Lo público queda así disuelto, privatizado, incluso como concepto. O, en realidad, la relación inmanente entre lo público y lo común es reemplazada por el poder trascendente de la propiedad privada. (...)
   Rousseau decía que la primera persona que quiso obtener una porción de la naturaleza para que fuera de su excluisiva posesión y la transformó en la forma trascendente de la propiedad privada fue quien inventó el mal. El bien, por el contrario, es lo común." (Michael Hardt / Antonio Negri, Imperio, Paidós, Barcelona, 2002, pp. 279.280)

   Claro que este otro, en el que se alude a la comparación entre el Imperio creado por el Mercado mundial contemporáneo y las formas de gobierno que distingue Aristóteles no está tampoco nada mal:

   "Para Polibio, el Imperio Romano representaba el pináculo del desarrollo político porque reunía las tres formas "buenas" de poder [distinguidas por Aristóteles]: la monarquía, la aristocracia y la democracia, encarnadas en las figuras del emperador, el senado y los comitia populares. El imperio impedía que estas buenas formas cayeran en el círculo vicioso de la corrupción por el cual la monarquía se transforma en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en oclocracia o anarquía. (...) El imperio [global de los Mercados] con el que tenemos que vérnoslas hoy también está constituido -mutatis mutandis- por un equilibrio funcional entre estas tres formas de poder: la unidad monárquica del poder y su monopolio global de la fuerza; las articulaciones aristocráticas que se establecen a través de las grandes empresas transnacionales y los Estados-nación, y los comitia democráticos y representativos, encarnados ahora en la forma de los Estados-nación junto con los diversos tipos de ONG, las organizaciones de los medios y otros organismos "populares". Podría decirse que la constitución imperial [actual] reúne las tres buenas clasificaciones tradicionales de gobierno en una relación que es formalmente compatible con el modelo de Polibio, aun cuando, por cierto, sus contenidos son muy diferentes de las fuerzas sociales y políticas del Imperio romano. (...) 
   Hasta podría sostenerse que nuestra experiencia de la constitución (...) del imperio es, en realidad, el desarrollo y la coexistencia de las formas "malas" de gobierno, antes que de las formas "buenas", como pretende la tradición. En realidad, a primera vista, vemos todos los elementos de la constitución mixta como si los miráramos a través de una lente deformante. La monarquía, antes que sustentar la legitimación y la condición trascendente de la unidad del poder, se presenta como una fuerza policial global y, por lo tanto, como una forma de tiranía. La aristocracia transnacional parece preferir la especulación financiera a la virtud empresaria y, por consiguiente, se presenta como una oligarquía parasitaria. Finalmente, las fuerzas democráticas que en este marco debieran constituir el elemento activo y abierto de la maquinaria imperial se expresan más como fuerzas corporativas, como un conjunto de supersticiones y fundamentalismos, con lo cual dejan traslucir un espíritu conservador, si no ya francamente reaccionario. Tanto en el interior de los Estados individuales como en el plano internacional, esta esfera limitada de "democracia" imperial está configurada como un pueblo (una particularidad organizada que defiende privilegios y propiedades establecidas) antes que como multitud (la universalidad de las prácticas libres y productivas).

   Aquí tenéis más información sobre Michael Hardt (1960) y Antonio Negri (1933), aunque nada puede sustituir la lectura de Imperio, el "Manifiesto Comunista del siglo XXI", un libro a veces discutible, pero siempre sugerente y muy lúcido.

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