BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

lunes, 17 de septiembre de 2012

Miguel Servet: Archiblasfemo y archihereje

   
 
   
   Aunque pude haber pasado este verano leyendo a los escritores de moda, como Ken Follet o C. Ruiz Zafón, preferí dedicar mi tiempo libre a estudiar la Restitución de cristianismo de Miguel Servet (1509/11 - 1553), uno de mis filósofos más admirados,  por lo atrevido de su pensamiento y por su carácter de "archiblasfemo" y "archihereje", que le otorgó el singular honor de haber sido quemado en efigie por los católicos y en persona por los protestantes. 
   Servet no fue solamente un seguidor de los planteamientos de la Academia Neoplatónica de Florencia y de los anabaptistas, sino que también fue un "uomo universale" del Renacimiento, ya que cultivó todos los campos del saber abiertos en su época: medicina, geografía, estudios bíblicos, teología y filosofía (sin olvidar otra de las disciplinas más valoradas por los filósofos del Renacimiento: la astrología).
   En la Restitución del cristianismo (1553) -libro en el que se detectan múltiples influencias, que van desde el neoplatonismo de Filón, Plotino, Jámblico y Dionisio Areopagita al hermetismo de Hermes Trismegisto, e incluso los oráculos zoroástricos y la cábala judía- Servet negaba decididamente el dogma de la Trinidad, del que no encontraba ningún testimonio en la Biblia. Para Servet, la doctrina de la Trinidad, introducida en el concilio de Nicea en el año 325, significó el comienzo de la caída de la Iglesia, y su alejamiento del comunismo y simplicidad que habían caracterizado el mensaje inicial de Cristo. Desde entonces, el poder temporal del papado había convertido a la Iglesia en "la más vil de las bestias y la más descarada de las rameras", preocupada únicamente por obtener poder y dinero. En este sentido, Servet rechazó de plano tanto el poder temporal de la Iglesia, como el culto exterior y sus riquezas, consciente de que todo ese  aparato se dirige a engañar y oprimir al pueblo, especialmente a los pobres que, según sus propias palabras, "son los que pierden siempre".
   Para Servet, la doctrina cristiana es sencilla: Cristo es Dios manifestado estrictamente como hombre, mientras que el Padre es Dios, el Sumo Uno de los neoplatónicos, inmerso en el silencio inefable, como habían mantenido antiguamente gnósticos y herméticos. El Dios de Servet es un ser dinámico, que se encuentra comprometido en perpetua autoelaboración a través de emanaciones de sí, y en constante autoexpresión de sí mismo por medio de intermediarios tales como la razón, la sabiduría y la palabra, comparables a los rayos que proceden del sol. El hombre queda erigido en el centro de la cadena del ser, siendo Cristo el que, como "luz pura", ilumina el corazón y el entendimiento de los hombres, permitiéndolos así unirse al principio divino. No existe, por tanto, el "Verbo", esa supuesta "tercera persona" de una Trinidad que no aparece por ninguna parte.

Placa dedicada a Miguel Servet, en Madrid
   Asimismo, Servet sostiene que es ilícito, y un verdadero abuso, bautizar a los niños pequeños, cuando éstos no pueden tener ningún conocimiento de las verdades espirituales y no pueden dedicirse a aceptarlas o rechazarlas con plena conciencia: el bautismo es cosa de individuos adultos, libres y plenamente formados intelectualmente, que pueden calibrar con pleno juicio la importancia del paso que van a dar. Para Servet, el afán de bautizar a los niños recién nacidos es consecuencia del deseo eclesiástico de dominar las mentes de los hombres desde su más tierna infancia, y atenta directamente contra el carácter espiritual del mensaje de Cristo. Afirma, incluso, que habría que postergar el bautismo hasta la edad de los treinta años, según el ejemplo de Cristo. Por lo demás, el bautismo, practicado por hombres adultos y libres. constituye una comunidad espiritual que es la base de la verdadera Jerusalén Celestial, de la que las Iglesias romanas y protestante no son más que un remedo aberrante, una burla grosera, centrada en lel lavado de las mentes y en la persecución de mezquinos intereses materiales.
   El Espíritu Divino se manifiesta, en diversos grados, a través de toda la creación; y lo hace, especialmente, en la circulación pulmonar de la sangre (descubierta por Servet antes que lo hiciera Harvey), así como en el ritmo de inspiración y espiración, que dota de vida al individuo.
   Estas tesis "alumbradas", en las que un Dios luminoso ilumina directamente al ser humano, sin mediación eclesial alguna, nos pueden parecer hoy en día bastante inofensivas, pero en plena época del enfrentamiento entre Católidos y Protestantes fueron tenidas por peligrosísmas, hasta el punto de que Jerónimo Aleandro, a la sazón nuncio apostólico en Alemania y gran enemigo de Lutero, en una carta a un amigo, escrita el 17 de abril de 1532, le decía que los "herejes de Alemania, luteranos o zwinglianos, si son tan verdaderos cristianos evangélicos y defensores de la fe como presumen, deberían castigar a este español dondequiera se le  encontrase, pues no es menos contrario  a su confesión que a los católicos". Al mismo tiempo, Servet era denunciado al Consejo Supremo de la Inquisición Española, para que sus libros y su estatua fuesen quemados en público, a falta del mismo Servet, que hacía tiempo había huido de su país, temiendo por su vida.
   En 1553, el protestante Guillermo Trie le escribía a su primo católico Antonio Arneys un carta parecida en la que decía: "Se ampara por ahí a un hereje [se refiere, claro está, a nuestro médico y filósofo] que bien merece ser quemado doquiera se encuentre. Me refiero a un hombre que será condenado tanto por los papistas como por nosotros, o al menos debería serlo. Porque, aunque discrepamos en muchas cosas, si tenemos esto en común: que en una sola esencia de Dios hay tres personas (...) Por eso, cuando un hombre dice que la Trinidad, que nosotros defendemos, es un Cerbero y monstruo del infierno (...) [está sosteniendo] una herejía detestable capaz de acabar con toda la religión cristiana."

Monumento a Servet, encadenado (Zaragoza)

   Como consecuencia de estas condenas, todos los ejemplares de la Restitución del cristianismo fueron destruidos (sólo han sobrevivido tres, hasta hoy), y Servet fue arrestado y encarcelado por Calvino en Ginebra. Tras un largo proceso, para que "no infectase al mundo con sus herejías y blasfemias; por ser incorregible y sin remedio", fue sentenciado a morir "sujeto a una estaca, quemado con todos sus libros, hasta reducirlo a cenizas". Era el 27 de octubre de 1553.
   Servet y su defensa de la libertad de pensamiento son quizás más actuales que nunca en los tiempos que corren, en los que han vuelto a reaparecer los viejos fantasmas del fanatismo e intolerancia (que, en realidad, nunca se han ido). Se trata de un filósofo valiente y lúcido, que , sin duda, tiene mucho que decir a una época como la nuestra, en la que, como afirma su gran biógrafo, el profesor R. Bainton, "nos horrorizamos ante ese gran hombre convertido en cenizas por ser fiel a sus ideas religiosas, pero no dudamos en reducir a polvo ciudades enteras bajo el pretexto de defender nuestra cultura."

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