BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

lunes, 10 de septiembre de 2012

Frederic Myers y las fronteras de la psicología




Siempre que se alude al pensamiento psicológico anglosajón de finales del siglo XIX citamos a William James, pero olvidamos mencionar a Frederic W. H. Myers (1843-1901), íntimo amigo de James y creador del concepto de "telepatía".
Myers, igual que otros muchos intelectuales de su época (Sidgwick, W. Crookes, E. Bulwer-Lytton, A. R. Wallace, Sir A. Conan-Doyle...), fue alguien obsesionado con el mundo de lo oculto y sobrenatural, al que no consideraba ajeno, ni contrario, al pensamiento cientifista y positivista de  fondo del que todos ellos partían. Muy influido por Platón (especialmente por su teoría sobre el alma y la reminiscencia, expuesta en el Fedón), Myers intentó encontrar un método rigurosamente científico, capaz de explorar los fenómenos "paranormales", en el marco de una teoría de la evolución espiritualista, que combinaba las aportaciones de Darwin con el misticismo de Platón, Plotino, J. Böhme y Schelling. La creación de la Society for Psychical Research hacia 1882, fue la consecuencia  más conocida de sus esfuerzos por investigar lo trascendente.
   En su obra principal: La personalidad humana: su supervivencia y sus manifestaciones supranormales (póstuma, 1903), Myers partía de tres creencias fundamentales, que constituían la base de su "psiquiatría gótica" (como la llamaron André Breton y el propio William James): 1) La supervivencia humana tras la muerte; 2) la existencia de una especie de "memoria cósmica", en la que se recogen todas las escenas y pensamientos del universo, y 3) un progreso moral y espiritual  continuo, tendente hacia una meta situada en el infinito.
   Según Myers, la distinción entre mente y materia es difusa, porque, por un lado, la materia es mucho más espiritual o mental de lo que pudiera creerse, y, por otro, lo mental puede tener efectos directos e insospechados sobre el mundo material. El descubrimiento de la radiación electromagnética constituía la prueba, según Myers, de que nosotros sólo captamos una parte del "espectro de la consciencia", por lo que buena parte de la realidad permanece oculta para nuestra percepción habitual, y únicamente podemos acceder a ella en determinados momentos en los que nuestra consciencia rompe con las limitaciones del hemisferio izquierdo del cerebro, y se expande libremente, más allá de los estrechos límites de la lógica. 
   Distingue Myers tres grados de percepción, que son, al mismo tiempo, tres grados de realidad: el umbral, que corresponde al ámbito de lo percibido; lo supraliminar, que coincide con la identidad personal y social del hombre, y el dominio de lo subliminal, que abarca los sueños, presentimientos, formas alteradas de conciencia, etc. Dicha identidad subliminal, aunque coincide parcialmente con el inconsciente freudiano, tiene más que ver con ese "continuo de consciencia cósmica", descrito por William James, "en el que se sumergen nuestras mentes como en la mar materna o una reserva de agua."
   El ámbito de lo "supernormal", como él lo llamaba (o de la "consciencia cósmica", como la bautizó Richard Maurice Bucke), se extiende mas allá de las dualidades aparentes que establece la razón lógica, y correpondería aproximadamente a la X nouménica, la "cosa en sí" de Kant. Según esta interpretación (que coincide con la de Bergson o A. Huxley), el cerebro no produce la consciencia, sino que se limita a filtrar o concretizar su naturaleza infinita, focalizándole en un punto temporal concreto.
   Es la consciencia supernormal la que explicaría los presentimientos, los fenómenos coincidentes (llamados luego por Jung fenómenos de "sincronicidad acausal"), las comunicaciones "telepáticas" y la "telestesia" , o clarividencia. Es muy importante resaltar que para Myers esa conexión "a distancia" entre la mente de los sujetos (vivos o muertos),  capaz de  trascender las fronteras del tiempo y del espacio, es, sobre todo, emocional y simbólica (o "imaginal", en el sentido que daba a este término H. Corbin), no causal: Es como si varios sujetos compartieran a la vez un mismo SIGNIFICADO, viviéndolo con una intensidad emocional capaz de conectarlos muy estrechamente entre sí. Dicha conciencia superior sería, además, signo de que el sujeto ha alcanzado un nivel más elevado dentro de la evolución espiritual del universo, la cual está dirigida, según Myers, por  una energía cuya máxima expresión es la fuerza del amor: ésa es la fuerza subliminal más fuerte y penetrante; la potencia "metapsicológica" por excelencia.

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