BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 20 de septiembre de 2012

A las filósofas que amo (2): Egeria, la hispana viajera


 

   Aunque no podemos decir que Egeria (o Eteria) fuese propiamente una filósofa, me he decidido a incluirla en este blog por la admiración que siempre he sentido por esta viajera y escritora galaica del siglo IV, cuyo Itinerario constituye, a mi entender, un auténtico viaje espiritual e iniciático, de corte marcadamente cristiano.
   La verdad es que de Egeria no nos han quedado apenas datos contrastables. Al parecer, era oriunda de la provincia romana hispana de Gallaecia (quizás del Bierzo, quizás de Cauca [Coca]).Tampoco sabemos nada sobre su familia, aunque se ha creído que era pariente del emperador Teodosio, dadas las facilidades que encontró por parte de las autoridades a lo largo de su periplo por Oriente. Sobre su filiación religiosa cristiana no hay duda, pero sí lo hay respecto de su ortodoxia, pues A. Lambert sugirió que quizás fue seguidora de Prisciliano, el malogrado gnóstico hispano, debido a su origen galaico y a su carácter de mujer atrevida, audaz e independiente.En cualquier caso, la lectura del Itinerario, su diario de viaje, da testimonio de ella como una mujer de ascendencia noble, posición económica acomodada y notable cultura. También da muestras de gran religiosidad y de una curiosidad fuera de lo normal, pues a lo largo del viaje la vemos preguntar incansablemente a multitud de eremitas, santones y ascetas de todo tipo, acerca de los santos lugares que va visitando.
   Egeria emprendió un viaje realmente maravilloso, que le llevó a visitar los Santos Lugares (Egipto, Palestina, Siria, Mesopotamia, Asia Menor, Constantinopla...) entre los años 381 y 384. A veces la he imaginado a lomo de caballos, camellos, o sencillamente a pie, incansable,   atravesando lugares de ensueño como Jericó, Alejandría, Tebas, el Mar Rojo o el Sinaí  (al que ascendió, intentando emular al mismísimo Moisés). También me emocionó ver cómo, al final de su obra, se dirige a sus compañeras de Monasterio, que la esperan allá en la lejana Hispania, comunicándoles que  su intención es ir a Éfeso, para "orar ante el sepulcro del santo y binaventuradlo apóstol Juan", aunque no sabe si para entonces estará "viva o muerta", ya que su salud debía haber quedado muy quebrantada por el esfuerzo del viaje.

Gracias a la pax romana, una ciudadana del Imperio
podía viajar desde Gallaecia hasta Mesopotamia casi
sin obstáculos. Así lo hizo la valiente Egeria,
en busca de la iluminación espiritual



   En su narración, Egeria les describe a sus hermanas conventuales con detalle el modo de viajar a través del cursus publicus romano, la red de vías utilizadas por las legiones en sus desplazamientos (una red de 80.000 km), empleando como hospedaje las mansio (casas de postas), o acogiéndose a la hospitalidad de los monasterios implantados en Oriente desde hacía años, pero todavía casi desconocidos en Occidente. Varias menciones a lo largo del manuscrito sugieren la posibilidad de que contara con algún tipo de salvoconducto oficial que le permitió recurrir a protección militar en territorios especialmente peligrosos.
   El Itinerarium se divide en dos partes: la primera (tras un comienzo que se ha perdido), narra el viaje, y comienza bruscamente cuando Egeria está a punto de subir al monte Sinaí, una vez visitadas las localidades de Jerusalén, Belén, Galilea y Hebrón. Luego, se dirige al monte Horeb y regresa a Jerusalén atravesando el país de Gesén. Asciende después al Monte Nebo, y cuando se cumplen tres años de su partida, vuelve de nuevo a Jerusalén y decide regresar a Hispania. Durante su regreso, visita Tarso, Mesopotamia y Edesa, donde adquiere una copia de la legendaria (y probablemente falsa) carta del rey Agbar a Jesús, y la respuesta que le dio éste. Desde allí, pone rumbo a Bitinia y Constantinopla. El diario del viaje termina en ese punto, aunque antes de concluir aún expresa su deseo de visitar, como dijimos anteriormente, la ciudad de Éfeso. La segunda parte del diario describe la liturgia tal y como se celebraba en Palestina, durante las fiestas de Pascua y Semana Santa.
   Así, mientras su contemporánea, la pagana Hipatia, defendía la filosofía griega ante el fanatismo religioso, sucumbiendo heroicamente en el empeño, Egeria, la devota cristiana, buscaba el conocimiento guiada por su fe en ese mismo Dios al que invocaban los crueles asesinos de Hipatia. Me pregunto de qué habrían hablado, si hubiesen llegado a conocerse. En cualquier caso, ¡qué mujeres! Resulta imposible no enamorarse de ellas, al menos intelectualmente.

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