BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

viernes, 7 de septiembre de 2012

A las filósofas que amo (1): Hildegard von Bingen

  
La filosofía medieval incluye siempre los nombres de San Agustín o Santo Tomás de Aquino, y quizás también los de otros filósofos "menores", como Hugo y Ricardo de San Víctor o Guillermo de Ockham; pero no se incluye en ella casi nunca a una de mis pensadoras más queridas y admiradas: Hildegard von Bingen, quien supone, a mi entender, la práctica de una vía diferente, a medio camino entre la filosofía, la mística, la poesía y la música, que trasciende los límites del seco pensamiento escolástico. La suya es, sencillamente, una vía "femenina" para acceder a la contemplación de la divinidad, al mismo tiempo a través de los sentidos, el entendimiento y el corazón, en el marco de un pensamiento marcadamente VISIONARIO, es decir, más "visual" (en el sentido contemplativo del término) que estrictamente racional. Para Hildegad, el conocimiento entra, literalmente, por los ojos y por los oídos, a través de las imágenes y la música, "caminos" por los que podemos acceder a la sabiduría celestial, que siempre se expresa en forma simbólica, más que conceptual. Por eso, sus manuscritos están iluminados con maravillosas pinturas, cuyo objetivo es comunicar la "iluminación" experimentada por la vidente a los espíritus de sus lectores, hasta conseguir "iluminarlos".
   Hildegard, que vivió entre 1098 y 1179, creció junto a su pariente Jutta de Sponheim en una clausura próxima al monasterio benedictino de Disibodenberg, cerca de Maguncia; luego, al morir Jutta, fue designada sucesora suya, como "magistra", e inició hacia 1141 la redacción de sus primeros escritos visionarios, compilados luego bajo el título de Scivias: Conoce los caminos, que completó hacia 1161, gracias a la colaboración del monje Volmar y la joven monja Richardis von Stade, que actuaron como secretarios y testigos de sus visiones (Volmar, hasta su muerte en 1173 y Richardis hasta que se trasladó a otro monasterio, lo que causo un enorme disgusto a Hildegard). También mantuvo una intensa actividad como médica, experta en remedios naturales (Causas et curae y Physica), y como compositora, con una serie de soberbias obras litúrgicas reunidas en el volumen Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales (h. 1150), al tiempo que está en contacto epistolar con personajes tan señeros como Bernardo de Claraval, el papa Eugenio III y el propio emperador Federico Barbarroja. 
   Tras experimentar una "visión" muy especial, que le ordenaba fundar su propio monasterio en Bingen, a orillas del Rin, en la colina del Rupertsberg, Hildegard se puso a cumplir con el mandato divino con enorme empeño. Mantuvo su decisión de separarse del monasterio de Disibodenberg con enorme obstinación, a pesar de la oposición cerril de su abad, Kuno, y también la de muchos monjes y monjas de su cenobio, impregnados del ambiente machista característico de la época: ¡Qué soberbia la de aquella monjita pretenciosa, envanecida por sus sospechosas visiones, que tenía el atrevimiento de crear su propio grupo religioso, al margen de la tutela masculina! ¿No estaría poseída por el mismísimo demonio? Lo cierto es que, detrás de estos recelos había también importantes motivos económicos, puesto que el monasterio recibía importantes dotes por las monjas, que pertenecían a familias ricas, además, las curas practicadas por Hildegard atraían a muchos peregrinos y enfermos, que llenaban las arcas del monasterio.
   Mientras que el Liber vitae meritorum (1158-1163) contiene su ética cristiana, basada en la lucha entre los vicios y virtudes -lucha que también protagoniza el bellísimo drama litúrgico Ordo Virtutum, en el que el diablo seduce al alma humana, engañándola hasta que encuentra la salvación practicando las virtudes (sobre todo la humildad)-, Scivias, escrito durante más de diez años, contiene, por así decirlo, la "metafísica" de Hildegard (si es que este término puede aplicarse a los vuelos de su razón poético-religiosa, que atiende más a los "ojos del corazón" que a los razonamientos intelectuales). En Scivias Hildegarda cuenta una serie de visiones procedentes de la "Luz viva", que le exponen el orden del universo, tanto celestial (Trinidad, Jerarquías Angélicas, Cristo, la Virgen) como terrenal (hombre e Iglesia), en su terrible lucha con las fuerzas malignas del vicio y el pecado, simbolizadas, como no, por el demonio, serpiente, dragón o el Anticristo, el cual aparece representado en una serie de imágenes muy pregnantes, no exentas de un ingenuo dramatismo (que a veces resulta, incluso, un poco divertido para la mentalidad actual, pero que debió impactar profundamente a sus contemporáneos).
   Ante los embates del Maligno, el hombre ha de conocer los caminos de la vida, tanto buenos como malos, para elegir cuál quiere recorrer, porque Dios ha hecho al hombre libre, a fin de que sus actos sean loables o condenables, y le ha otorgado su razón para que, a través de la "ciencia especulativa"  (que es como un espejo del orden divino), conozca la verdad y el bien. La lucha se prolonga desde los orígenes del ser humano hasta el momento del Juicio Final, en el que sobrevendrá la serena y eterna calma de un "fulgor sin fin".
   Scivias es una  auténtica sinfonía de conceptos y símbolos, dirigida a motivar lo que los filósofos orientales iranios llaman el "mundo imaginalis": las imágenes, más que las palabras, son el vehículo del pensamiento en este libro, un tanto enigmático. A ellas se unen las composiciones musicales reunidas en Sinfonía, que responden más a la tradicion neoplatónica, representada por Regino de Prüm, que a la pitagórica de Boecio: Para Regino, la música vocal es, al mismo tiempo, natural e inspirada por Dios. Análogamente, para Hildegard, en la música vocal, la palabra designa al cuerpo, y el canto, al espíritu, que a través de la entonación musical despierta a la vida eterna. Gracias a la música es posible alcanzar la Sapientia divina, que Hildegard representa simbólicamente como una feminea forma, y metafísicamente como una armonía que, a modo de energía circular, abraza el cosmos entero; de ahí la importancia que en sus obras musicales y coreográficas tiene la estructura anular o en círculo.
   Muchos de estos aspectos de la vida y obra de Hildegard aparecen recogidos en la película Vision. Aus dem Leben von Hildegard von Bingen, dirigida por Margarethe von Trotta en 2009. La película es bastante fiel a la vida de la abadesa, aunque, a mi juicio, posee algunos matices femenistas, e incluso de carácter homoerótico, a la hora de describir las relaciones entre Hildegard y la joven Richardis, que no sé si resultan fieles a la época y a la figura de la "Sibila del Rhin". Pues, si bien es verdad que nuestra filósofa se mostró valiente y genial en muchos aspectos de su vida, en otros fue una mujer de su tiempo, conservadora y tradicional, en todo aquello que se refería a la sexualidad, o al orden social establecido, que a su juicio, era el querido por Dios.
   Aquí tenéis la película sobre Hildegard (no sé si en el orden correcto, porque tuve algún problema al secuenciarla, pero podéis encontrarla sin problemas en la red), así como una muestra de sus composiciones. Si sirven para que os aficionéis a su música y a sus escritos, me alegraré de compartir con vosotros algo tan bueno.

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