BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

miércoles, 22 de agosto de 2012

Prometheus: El mal de la creación


   ¡PROMETHEUS! Digno nombre para una película realmente "titánica", cargada, como otras obras maestras de Ridley Scott, de connotaciones filosóficas e incluso teológicas. Una película a la que, sin embargo, le está sucediendo lo mismo que les ocurrió al comienzo a sus antecesoras Alien y Blade Runner: buena parte del público, así como los eruditos cinematográficos de turno, la están considerando un producto mediocre, carente de valor, e incluso chapucero. Quizás dentro de unos años también le pase a Prometheus lo que les ha ocurrido a estos dos filmes antológicos, y consiga colarse en la lista de los clásicos de la ciencia-ficción. Yo creo que se lo merece; pero reconozco que lo va a tener difícil, sobre todo con tales antecedentes. A la espera de ver si hay suerte, por lo que a mi respecta, voy a tratar de ofrecer algunas claves, que considero necesarias para entender la película, y enmendar en lo posible la opinión negativa que se está difundiendo sobre ella.
  Lo primero que sorprende es el título, que, como siempre sucede en los filmes de Scott, no es casual. "Prometeo" es un nombre que cala profundamente en nuestro inconsciente, porque tiene resonancias mitológicas muy intensas. Carl Gustav Jung afirmaba que los mitos son una expresión de los arquetipos fundamentales del inconsciente colectivo, y que de ellos emana un energía muy potente, que es la que explica por qué nos atraen con tanta fuerza; además, señala que el contenido de esos arquetipos puede "encarnarse" en muy diferentes historias a lo largo del tiempo; de ahí el carácter "inmortal" de la mitología. Por eso, el mito del titán Prometeo, el hijo de Jápeto que formó a los hombres a semejanza de los dioses con agua y arcilla, nos cautiva, sin duda, en las versiones clásicas de Hesíodo y Ovidio; pero también puede tener una lectura actual, "tecnológica", en el marco de una película de ciencia-ficción dotada de tanto impacto visual y emocional como esta.
   Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, Prometeo, previendo el fracaso de la revuelta, se puso al principio del lado de Zeus. Era el más sabio de su raza, puesto que Atenea le había enseñado todo tipo de conocimientos, que él había transmitido a la humanidad, tras entrar secretamente en el Olimpo y encender una antorcha con el mismísimo "fuego de los dioses" (trasunto de la inteligencia), que transmitió a los seres humanos. Esto suscitó la ira de Zeus, que observó cómo los hombres iban creciendo en sus facultades y aptitudes, y decidió vengarse, primero de Prometeo, al que encadenó en las montañas del Cáucaso, donde un voraz buitre le desgarraba las entrañas durante todo el día. Luego Zeus ofreció a los mortales la fatídica "Caja de Pandora", en la que se encerraban todos los males que podían infestar a la Humanidad, y que fue abierta por Epimeteo, el hermano tonto de Prometeo, lo que provocó que todas las enfermedades y vicios se extendieran entre los mortales, quedando dentro de la caja únicamente la Esperanza. Desde entonces, la humanidad padece una existencia llena de muerte, miseria y desgracia.
   Lo segundo que hay que tener en cuenta para aproximarse a esta película, es la hipótesis de base de la que parte, que no es otra que la "teoría del Astronauta prehistórico", sostenida, entre otros, por Erich von Däniken (en sus libros Recuerdos del futuro, Regreso a las estrellas y El oro de los dioses) y Zecharia Sitchin (en su serie Crónicas de la Tierra, especialmente El 12º planeta). Esta hipótesis o teoría para-científica, mucho más difundida de lo que se piensa (1), sostiene que los seres humanos son el producto de un experimento genético llevado a cabo por una raza extraterrestre de "gigantes", que en la prehistoria más remota visitaron nuestro planeta. Ambos autores argumentan que la citada visita aparece citada en muchas leyendas antiguas, y se encuentra plasmada en numerosos restos  arqueológicos dispersos por los cinco continentes.
   Los motivos de la supuesta "creación", sin embargo, difieren: Sitchin, basándose en su peculiar interpretación de ciertas tablillas sumerias, piensa que esos extraterrestres (los Annunaki o Nefilim, como se los llama en la Bíblia) crearon a los seres humanos para que trabajasen como esclavos en sus minas, cuya posesión se disputaron luego los "dioses" en terribles guerras fratricidas, que recoge la mitología; Von Däniken, por su parte, mantiene dos versiones diferentes de la historia: una "optimista", según la cual estos seres crearon a los hombres para que, al desarrollarnos tecnológicamente, pudiésemos preguntarnos por nuestro origen y contactar con ellos, ampliando así nuestra conciencia; y otra, más "pesimista", en la que sugiere que los dioses mantenían un largo conflicto bélico entre ellos, y una nave perdida, perteneciente a uno de los bandos en liza, llegó a la tierra, donde crearon a los seres humanos mediante ingeniería genética, para así poseer unos futuros "aliados" en sus batallas.
   Increíblemente, esta "hipótesis" paracientífica está siendo considerada por muchos como una alternativa a la polémica entre el Creacionismo y el Evolucionismo darwiniano: La vida sería fruto de la evolución; pero el curso de esta se habría visto "acelerado" por unos "creadores", o "ingenieros" extraterrestres, que habrían intervenido en el caso del origen del hombre, ya que de otro modo -dicen los que mantienen esta "teoría"- no cabe explicar la enorme rapidez del proceso de hominización.



   Con estos presupuestos, centrémonos ahora a la película de Scott que, a mi entender, parte de la siguiente pregunta: "¿Qué pasaría si la hipótesis del Astronauta Prehistórico fuese cierta?" La contestación que ofrece Ridley a este interrogante a través de sus geniales imágenes cinematográficas (porque no olvidemos que las reflexiones de un cineasta, como las de cualquier otro artista, son más gráficas que conceptuales) es, cuando menos, estremecedora.
   En las primeras secuencias del film, vemos una panorámica de la Tierra, en sus primeros estadios geológicos, con un ambiente prebiótico. Una nave colosal sobrevuela el planeta, y luego se aleja, dejando a uno de sus tripulantes abandonado -o "exiliado"- en él.  Asumiendo su condena, como si fuese una suerte de "Sócrates galáctico", el extraterrestre se suicida, ingiriendo el contenido de un extraño frasco que contiene un brebaje negro (una especie de cicuta), que altera su composción genética, y cae en el cauce de un río, donde su material genético se mezcla con los elementos que contiene el agua, dando lugar a los primeros procesos de la vida.
   Pasan millones de años, y la sigiente escena nos muestra a una pareja de arqueólogos que han logrado reunir diversos testimonios, pertenecientes a civilizaciones diferentes, que parecen apuntar a la existencia de una lejana constelación, de la que provendrían los "dioses" responsables de la creación de los seres humanos, y a los que, muy significativamente, los protagonistas dan el nombre de los "ingenieros". 
   La empresa Weyland (una multinacional, que ya aparecía en Alien), financia una expedición estelar, para averiguar si realmente existen esos "creadores" del género humano. La tripulación de la nave, llamada Prometheus, está formada por los dos arqueólogos mencionados, varios científicos (aparte de los pilotos, claro está) y el atildado androide David. Luego se descubrirá que en la nave también viaja oculto el propio Weyland, un anciano magnate de las finanzas y de la tecnología más avanzada, que desea responder a la cuestión de cuál es el origen del hombre, y averiguar, de paso, qué le espera tras la muerte (pues supone que quienes han "creado" al hombre deberán saber más cosas sobre el Más Allá que nosotros).
   Al llegar al planeta, se encuentran con una misteriosa construcción "piramidal", presidida por un gigantesc busto, que recuerda a los Moai de la Isla de Pascua, o a la supuesta "esfinge" que algunos creyeron localizar sobre la superficie marciana. Tras penetrar en el recinto, descubren, asimismo,un inquietante "retablo", en el que aparecen figuras demoníacas (que, por cierto, recuerdan a Alien, por lo que quizás representen el modelo del ser que estaban intentando crear los extraterrestres en sus laboratorios), así como una gran cantidad de ánforas y muchos cadáveres de los "ingenieros", que parecen haber muerto mientras huían de algo. Recogen muestras genéticas de los cadáveres, y comprueban que -¡como no!- coinciden prácticamente al cien por cien con el genoma humano.
   Hasta aquí, como vemos, todo parece coincidir con la hipótesis del astronauta prehistórico que antes mencionaba. Cabe suponer que la cabeza monumental representaría al líder de los extraterrestes, o a un dios (dotado de rasgos semejantes a ellos, igual que los dioses griegos se parecen a los hombres); y éstos habrían elegido el planeta Tierra como prisión, o lugar de exilio, para aquellos que, igual que el mítico Prometeo, hubiesen tenido la osadía de rebelarse contra la autoridad de ese lider, o poner en duda el poder del su dios. Al optar por el sucidio, el extraterrestre del comienzo de la película habría dado origen a la raza humana, que tendría así un componente terrestre y otro "titánico" (¿la inteligencia?), procedente del extraterrestre "rebelde", castigado por sus superiores, los "dioses-ingenieros". (En clave religiosa, también podría interpretarse al personaje del alienígena suicida como un´"ángel caído", una especie de Satán, que se había alzado contra su Señor; no olvidemos que la propia actriz protagonista, Noomi Rapace, afirma que rodando la película "tuvo sueños muy extraños sobre Dios, el demonio y ángeles negros" [Cinemanía, agosto 2012, p. 59].)
   Jacques Monod, en su libro El azar y la necesidad, mantenía que la vida y el ser humano han surgido por azar en la Tierra; y es esto, precisamente, lo que nos está sugiriendo la película, aunque desde un punto de vista que habría escandalizado al bueno de Monod: El hombre no ha sido creado a propósito, como creen los protagonistas de la película, sino que surgió de forma casual, por un azar fatídico, tras el suicidio del líder rebelde extraterreste del comienzo. Nuestros orígenes, por tanto, no obedecerían a un premeditado plan divino, organizado por un espíritu superior, sino que serían absolutamente fortuitos... y están lastrados por un elenco de fatales consecuencias, como luego se verá.
   Lo que Scott parece estarnos diciendo es que la hipótesis del origen extraterrestre de la vida y de la humanidad no explica nada, ni ofrece una alternativa creíble a la polémica entre creacionismo y evolucionismo; pues, como dice la protagonista de la película: "Si estos "ingenieros" nos han creado, ¿quién les creó a ellos?" Se trata de una especie de versión galáctica de la 5º vía tomista para demostrar la existencia de Dios, lo que explica por qué nuestra arqueóloga permanece fiel a su fe cristiana hasta el final: Esos "dioses" no son, ni pueden ser Dios, ya que, si Este existe, se encuentra en otra "dimensión", una dimensión estrictamente espiritual, que "no es de este mundo", ni pertenece a este universo material, por lo que buscarlo entre las estrellas es completamente absurdo. La ciencia, por muchas naves que emplee, y por muy poderosas que sean, nunca resolverá el misterio de la Creación utiizando procedimientos físicos.
   El problema es que la capacidad de crear inteligencia también se la transmitieron los dioses al hombre, tras el acto suicida de nuestro extraterrestre prometeico. Y así, el androide David, sofisticada creación humana, también va adoptando a lo largo de la película una actitud cada vez más independiente, curiosa y desafiante, frente a sus creadores terrícolas. De manera que se decide a experimentar por sí mismo, y tras descifrar el contenido de la escritura seudo-cuneiforme que hay sobre las paredes del recinto, recoge una de las ánforas misteriosas y la lleva a la nave, haciendo que uno de los arqueólogos se infecte con su contenido. Una verdadera "chiquillada" -¿o habría que verla, más bien, como una "rebelión contra el padre"-, que todos pagarán caro; porque lo que encierra el anfora es precisamente el oscuro brebaje negro que vimos tragarse al comienzo a nuestro progenitor extraterrestre, y que no es otra cosa que una peligrosa arma bioquímica, capaz de hibridar el material genético de diversos seres, y que estaba destinada posiblemente a ser empleada en las guerras de esta raza de seres, que, al comienzo de la película tenían el rango de "dioses", y que, a medida que avanza el film, se nos van mostrando cada vez más  como auténticos "demonios"... (o, mejor, como "demasiado humanos", porque son tan violentos, celosos y vengativos como sus descendientes terrestres; de hecho, en algunos momentos parece, incluso, como si los extraterrestres que habitaban el planeta hubiesen sido una especie de "soldados", o algún tipo casta guerrera, pues no parecen pertenecer a las altas jerarquías de su raza).
   Las malignas "travesuras" de David-Epimeteo hacen, pues, que, la "Caja de Pandora" genética quede abierta, y el mal se extienda por la nave. El joven arqueólogo mantiene relaciones sexuales con su pareja, que también queda contaminada, y varios miembros de la tripulación perecen, cuando entran en contacto con las ánforas que han quedado en el recinto. Afortunadamente, la arqueóloga logra librarse de la fatal semilla que tiene en su seno, mediante una cruel operación quirúrgica, y expulsa un peligroso aborto híbrido, que desde ese momento anda suelto por la nave, y que reaparecerá por sorpresa al final de la película.
   Ahora ya sabemos por qué los extraterrestres murieron cuando huían: trataban de eludir el "arma letal" que ellos mismos habían creado, y que se les había escapado de las manos. Scott hace gala de ese lúcido pesimismo que revelan otras de sus producciones: Los habitantes del espacio exterior, si los hay, no son probablemente ni mejores, ni peores que nosotros; nada parece indicar que el universo vaya a estar poblado por afables ETs, sino que puede estar lleno de criaturas capaces de hacer tanto o más mal que el hombre (idea que coincide, por lo demás, con algunas declaraciones admonitorias del mismísimo S. Hawking relativas a un posible contacto fatal con una posible inteligencia foránea). Todo parece ir mal, en suma, en una Creación en la que, de un extremo al otro del universo, domina la lucha darwiniana por la supervivencia).
   Pero hay más: David, en su vagabundeo por el recinto, ha descubierto una nave, cargada con una enorme cantidad de ánforas, y en la que queda un extraterrestre vivo, aunque hibernado; asimismo, descubre un mapa espacial, que indica que el objetivo de la nave era la Tierra. Parece claro que los "dioses" habían averiguado que los hombres son los descendientes de ese rebelde "Prometeo" del comienzo, y se disponían a aniquilarlos, a fin de conseguir que su semilla desapareciese para siempre. Sin embargo, cuando la expedición se disponía a partir, se produjo un problema con el letal experimento genético, que acabó con toda la tripulación... salvo con uno. Cabe concluir, por tanto, que la humanidad no sólo surgió por azar, sino que también se salvó de la aniquilación por otro azar, que puso fuera de combate a los miembros de la raza que había decidido acabar con nuestra especie. Y lo destacable en toda esta historia es que, por decirlo vulgarmente, el hombre "ni pincha, ni corta", sino que se nos muestra como un simple títere en manos de fuerzas que se le escapan, y que, además, no son moralmente superiores, sino mezquinas y crueles; unas fuerzas que "van a lo suyo", sin importarles el eventual sufrimiento que pudiesen causar en seres técnicamente inferiores (igual que nosotros sentimos una completa indiferencia por el insecto al que espachurramos sin contemplaciones).
   David vuelve a la nave, y conduce a su "creador", Weyland, a que visite, a su vez, a su creador extraterrestre. Pero, una vez despierto, cuando David le traduce las preguntas de su amo sobre la vida y la muerte, el humanoide reacciona violentamente, al darse cuenta de hasta qué punto se ha perfeccionado la inteligencia humana, que ha sido capaz de llegar a descubrirles, gracias a sus avances tecnológicos: El "fuego de la inteligencia", regalado a los hombres por el rebelde Prometeo, se ha vuelto extremadamente peligroso.
   Tras acabar con Weyland (quien expira, como buen materialista, creyendo que tras la muerte "no hay nada"), el astronauta humanoide destroza a David (aunque no consigue cortocircuitarlo por completo), y se deshace a golpes de la arqueóloga, retomando el control de su nave, con el evidente propósito de terminar la misión que tenían encomendada hace milenios: acabar con la Tierra.
   A partir de aquí, la película se acelera, y pierde intensidad intelectual, para convertirse en la típica pirotecnia de acción a la que nos tiene acostumbrados el cine más reciente: La heroica intervención de los tripulantes de la Prometheus logra con su sacrifio destruir la nave extraterrestre, pero no a su terco tripulante, que persigue a la joven arqeóloga, aunque esta logra matarlo in extremis, haciendo que el hibrido que nació de sus entrañas (que entretanto ha alcanzado un tamaño similar al de un Kraken) lo atrape y devore. El horroroso resultado de la combinación genómica entre el liquidito negro de marras, el código genético humano y el del extraterreste es... Alien, un verdadero símbolo del mal en su versión más fría, fuerte e inteligente: un demonio en estado puro.


  

  
   Pero de esto ya no se entera nuestra protagonista, porque, ayudada por los restos de David (reducido ahora a una cómica cabeza parlante), tripula otra de las naves que hay en la base planetaria, y emprende de nuevo el "regreso a las estrellas", en busca de una respuesta para todas esas preguntas que han quedado en el aire: ¿Por qué querían destruirnos los "ingenieros"? ¿Quién les creó a ellos? ¿Existe algún tipo de Dios, mejor que los calamitosos "dioses" recién descubiertos?; y si es así, ¿dónde se encuentra?
   La película tiene, como he dicho antes, un trasfondo fuertemente pesimista, que recuerda, en cierto sentido, al pensamiento gnóstico, para el cual, el Dios creador del Antiguo Testamento es el genuino "Príncipe del Mal", que ha encerrado al hombre en este universo material, para que ignore sus orígenes espirituales, y asegurarse de que nunca sepa la verdad, ni se rebele contra él.
 También parece como si el hombre fuese, no la última, pero si una de las criaturas más ínfimas del universo, condenada a no saber nada sobre su procedencia y su destino (pues no hay que olvidar que los protagonistas de Prometheus no saben que los ingenieros les crearon sin proponérselo, y creen hasta el fin que su aparición sobre la Tierra obedeció a algún propósito). Cabe concluir, en definitiva, que el ser humano no importa mucho; es prescindible, está sometido a poderes -casi todos maléficos, y alguno positivo- que lo trascienden, y lo único que le pertenece propiamente es ese "espíritu" -vamos a llamarlo así-, que le lleva a no resignarse nunca, a seguir buscando nuevas respuestas, y, sobre todo, a combatir incansablemente un mal, del que él mismo está también infectado.
   Resulta clara, por otra parte, la crítica que dirige Scott, una vez más, a una razón instrumental que, liberada de cualquier control ético, conduce inevitablemente a la destrucción. En la "Era de los Titanes" -como llamó E. Jünger a nuestra época, caracterizada por el despliegue desencadenado de la técnica-, es la razón técnico-manipulativa la que preside todas las acciones de corporaciones como Weyland, que se muestran capaces de sacrificar toda la tripulación de la Nostromo, para incorporar a un belicoso monstruo a su división de armamento; pero también parece ser el tipo de racionalidad que predomina en todo el universo, pues es ella la que conduce a los extraterrestres de Prometheus a construir el terrible arsenal bioquímico, del que ellos mismos serán  las primeras víctimas. Es, asimismo, dicha razón la que ha producido los repelentes androides Ash y David, esos robots que, campando por sus respetos, acaban por poner siempre en peligro la vida de sus creadores humanos. El deseo de venganza que anida en la mente de los extraterrestres, y la soberbia que domina a los hombres (recuérdese que, cuando David le pregunta al arqueólogo por qué le han creado, este le responde, despreciativo: "Supongo que porque podíamos"), proyectadas en la tecnología, desembocan en una catástrofe sin remedio.
   Así pues, ese espacio infinito que tanto horrorizaba a Pascal, y en el que "nadie puede escuchar tus gritos", no está tan vacío como parece, y es el "Demonio" (es decir, la violencia, el odio, la muerte y la destrucción ciega) lo que en él domina, de cabo a rabo. Por eso, cuando la película termina, tenemos la sensación de que el viaje que acaba de emprender nuestra protagonista se perderá en el vacío, pues nunca encontrará las respuestas a unas preguntas cuyo sentido -si es que lo tienen- trasciende el ámbito de lo puramente material.
   Para despedir este improvisado comentario, que ya va haciéndose un poco pesado, os abro un enlace con otro de los aspectos interesantes de Prometheus: su banda sonora, compuesta por Mark Streitenfield, que contiene algunos pasajes sumamente inquietantes y "metafísicos", aunque a mi entender flojea en otros. Empapaos de su ambiente, y relajaos, no sea que esta noche, igual que Noomí, tengáis pesadillas.


 
(1) Unos de los primeros en proponer esta hipótesis fue H. P. Lovecraft. En su alucinante relato En las montañas de la locura, nos habla de "los mitos antiguos sobre los Grandes Antiguos que llegaron de las estrellas y formaron vida terrestre por broma o error". Parece que las broma les ha salido cara.

   Por cierto, recientemente he leído un buen análisis de la película, que añade información importante a lo que acabo de exponer; a él os remito: Prometeo y la iluminación. No os lo perdáis.
  

4 comentarios:

  1. Me he topado de casualidad con este blog y esta entrada, que me permito comentar aunque ya esté algo atrasada.

    Aunque yo soy de los que tienen una opinión tirando a "negativa" de la película "Prometheus", también creo que en general, se ha exagerado demasiado ese juicio negativo, y que la película tampoco es tan mala. De hecho, me gustaron bastantes cosas de ella, como su apartado visual y alguna escena de terror perturbador bastante lograda (el momento de la cesarea.)

    El análisis que haces me parece muy bueno. Hace poco he leído por ahí que Ridley Scott y la 20 Century Fox tienen problemas para encontrar un guión con el que continuar la historia para una secuela, ya que Damon Lindelof, el guionista, se ha desvinculado del proyecto. Después de leer esta entrada, pienso que no sería mala idea que recurriesen a ti...

    Me han gustado especialmente las connotaciones mitológicas/teológicas que has comentado, y que como dices, no son nuevas en la obra de Scott.

    Mencionas que el Ingeniero suicida del inicio se puede entender como trasunto del titán Prometeo o, en clave religiosa, como un "ángel caído". Lo cierto es que puede ser ambos, porque muchos consideran a Lucifer la versión "cristianizada" del mito de Prometeo, que es castigado por Dios por dar al hombre el "conocimiento" (simbolizado en su caso por la manzana, en vez de por el fuego.) Durante la promoción de la película, se distribuyó un vídeo de una hipotética edición de la feria T.E.D. de 2023, donde aparece Guy Pearce encarnando a un joven Peter Weyland que, a parte de recordar mucho a Bill Gates o Steve Jobs, tiene también amplias connotaciones "luciféricas" al pronunciar la frase "ahora nosotros somos los dioses" (similar al "sereis como dioses" de la serpiente del Génesis.)

    En su día, en Blade Runner, también creí ver esta dimensión "luciferiana" en el personaje de Roy Batty, que se rebela contra su dios Tyrell. Entonces pensé que era solo una paranoia mía, ya que veia improbable que la intención de Scott fuera por esos tiros. Pero tras ver todo este simbolismo en "Prometheus", ya no me parece tan descabellado. Después de todo, parte del origen de todo este "luciferismo" está en Inglaterra, con escritores como John Milton y William Blake, y Ridley Scott es un inglés con pinta de haber ido a la universidad (y además, Roy Batty cita a William Blake en una escena de "Blade Runner"...)

    Enhorabuena por la entrada y por el blog.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por haberlo leído, y por tu comentario,que me resulta enormemente sugerente. ¡Ojalá tuviera más tiempo para cuidar el blog, pero, de momento, he de conformarme con el que tengo!
    Espero que no te hagan caso en lo que dices de queme consulten para el guión: ¡El fracaso estaría asegurado! El genio es Ridley, no yo, desde luego.
    Tus reflexiones sobre el aspecto luciferino de estos personajes me resultan muy interesantes, y tomaré nota mental de ellas. Te animaría a escribir sobre ello, si tienes tiempo, y publicarlo. Se necesitan buenos comentaristas de cine.
    Un agradecido saludo, y a seguir viendo buenas películas.

    ResponderEliminar
  3. El año pasado fui al cine para ver esta película que me había llamado bastante la atención tras ver el trailer y conocer que su director era el gran Ridley Scott. Sin embargo, salí con una sensación bastante extraña del cine ya que, aunque me gustó, no conseguí entender el trasfondo de la película ni lo que el director nos quería trasmitir con ella... Pero gracias al destino, me he encontrado con esta entrada que me ha ayudado a entenderla y, sin duda, volveré a ver otra vez la película para disfrutar completamente de ella. Quería darte las gracias por escribir esta entrada, y espero (aunque se que no dispones de mucho tiempo últimamente) que puedas publicar mas entradas sobre otras grandes películas y ayudarnos a aquellos que estamos empezando a sumergirnos en el magnífico mundo del cine a apreciarlas en su totalidad.
    Un saludo de parte de una de tus alumnas de 2º.

    ResponderEliminar
  4. Si mi comentario a la película ha valido para que alguien con talento se inicie en el maravilloso mundo del cine filosófico, este blog ha merecido la pena. Grazie mille!

    ResponderEliminar