BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

domingo, 19 de agosto de 2012

La crisis dilucidada (y 8): ¡Adorad a Mammon, vuestro dios!


Mammon
George Frederick Watts, 1885

    ¡Ahí tenéis al dios verdadero, cuyo culto ha desplazado a todos los demás en nuestra época! ¡Éste es el causante de la crisis que atravesamos, provocada por aquellos que le rinden pleitesía a diario en el altar de los Mercados!: Mammon, el demonio del materialismo, las riquezas y la avaricia. En la magnífica exposición que dedica en estos días la sede de Caixa Forum en Madrid al genial William Blake, podéis contemplar en directo esta impresionante obra, que a la vez fascina y repugna.
   En arameo, "Mammon" significa «riqueza» o «tesoro», mientras que en hebreo, al parecer, significa "dinero". En griego se dice μαμωνάς (mamonás), y en fenicio este nefando nombre suena mommon: "beneficio" o "utilidad"; pero da lo mismo como se transcriba: siempre hace referencia a los grandes y maravillosos "valores" que invoca a cada paso nuestra infeliz época, una vez consumada, al reves, esa "transvaloración de los valores" preconizada por Nietzsche. Quizás el "viejo Dios" haya muerto; pero el Demonio está muy, pero que muy vivo... y coleando.
   En el Nuevo Testamento (Mateo, 6:19-21.24), dice Cristo:
«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón [...] Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón».
   Con ello anticipaba Cristo la interpretación medieval de Mammon como el demonio de la avaricia, la riqueza y la desigualdad social. Así, Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, afirma que "Mammón viene a inflamar el corazón humano con su avaricia".
   Sin embargo, la mejor descripción de Mammon aparece en el Paraíso perdido del genial John Milton, quien nos lo presenta como un ángel caído, que goza del poder que confiere el oro, y que se alía con Satanás y Belcebú para luchar contra los ejércitos divinos. Según el inmortal poema de Milton, Mammon se encarga de sembrar en el corazón del hombre la codicia de excavar la tierra, para extraer de ella sus tesoros.
   Thomas Carlyle lo interpretó, con gran acierto, como la mejor personificación del materialismo que domina la mentalidad contemporánea. Igualmente Watts y otros artistas prerrafaelitas, al cuestionar las ventajas y propósitos de la industria y el mercantilismo moderno, por sus efectos deshumanizadores, identificaron dicha deshumanización con Mammon. En 1880, Watts escribía: "La posperidad material se ha convertido en nuestro auténtico dios, pero nos sorprende descubrir que el culto a esa deidad visible no nos hace felices."  Como comenta la leyenda que acompaña al cuadro en la exposición, Watts personificó tres años más tarde su aguda crítica al materialismo con esta figura bestial y estúpida, que somete despóticamente a dos jóvenes -¡precisamente!-, los cuales yacen impotentes, caídos a sus pies.
   Y, por una vez -al menos por una vez-, la Iglesia Católica da en el clavo; el mismo Papa Benedicto XVI, en su hermosa Homilia pronunciada en la Catedral de Velletri (23-09-2007), poco antes de iniciarse la actual crisis, afirmaba: "La palabra que usa el evangelio de Lucas 16.13, para decir dinero - Mammona- es de origen fenicio y evoca seguridad económica y éxito en los negocios. En definitiva -dice Jesús— hay que decidirse: "No podéis servir a Dios y al dinero". Por consiguiente es necesario una decisión fundamental para elegir entre Dios y mammona, es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad». ¡Ojalá predicase la Iglesia con el ejemplo! Seguramente tendría muchos más adeptos.
   Y, siguiendo con el símil religioso: ¿Alguien duda de que Mammon recibe verdadera y realmente culto? ¿Es concebible que todos los días millones de personas de todo el mundo se reúnan en iglesias, mezquitas, pagodas, etc. para adorar a sus dioses, y no haya otras muchas que se reúnan para adorar al mismisimo demonio, bajo esta forma fofa, rastrera, vulgar, pero tremendamente poderosa? ¿Serán las Bolsas de todo el mundo esos templos del culto a la peor y más decadente versión del Maligno?
   Todo lo que hace el hombre con la razón, está basado en alguna creencia, que es, por principio irracional; lo que importa es qué valor tiene esa creencia, y qué la orienta: el corazón, o las pasiones más bajas, simbolizadas por este ídolo repugnante. 
   Hay que tener muy claro, por tanto, que, mientras no cambien los dioses, nada habrá cambiado: mientras no derribemos el ídolo demoníaco del dinero, la competencia y el benefico a ultranza, esta crisis no tendrá remedio, y, si lo tiene, será pasajero, hasta que llegue la próxima. En nuestras manos está elegir la dirección hacia la que deben encaminarse nuestros corazones, y decidir, de una vez por todas, en qué merece la pena creer. Yo ya he elegido.

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