BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 17 de noviembre de 2011

"Perlas filosóficas" para el día internacional de la Filosofía 2011: Aristóteles y Kant defienden la educación pública

   Con motivo del actual debate sobre la educación que atraviesa nuestro país, me gustaría proponeros la lectura de estas dos "perlas filosóficas" que rompen una lanza a favor de la educación pública. Valen más que todas las declaraciones de las Sras. Figar y Aguirre:

Aristóteles, Ética a Nicómaco, X 9, 1179 b20-1180 a5 y 1180 a14-33:
 
«El llegar a ser buenos piensan algunos que es obra de la naturaleza, otros que del hábito, otros que de la instrucción. En cuanto a la naturaleza, es evidente que no está en nuestra mano, sino que por alguna causa divina sólo la poseen los verdaderamente afortunados; el razonamiento y la instrucción quizá no tienen fuerza en todos los casos, sino que requieren que el alma del discípulo haya sido trabajada de antemano por los hábitos, como tierra destinada a alimentar la semilla para deleitarse y aborrecer debidamente, pues el que vive según sus pasiones no prestará oídos a la razón que intente disuadirle, ni aun la comprenderá, y ¿cómo persuadir a que cambie al que tiene esta disposición? En general, la pasión no parece ceder ante el razonamiento, sino ante la fuerza. Es preciso, por tanto, que el carácter sea de antemano apropiado de alguna manera para la virtud, y ame lo noble y rehúya lo vergonzoso.
           Pero es difícil encontrar desde joven la dirección recta hacia la virtud si no se ha educado uno bajo tales leyes, porque la vida templada y firme no es agradable a la mayoría, y menos a los jóvenes. Por esta razón es preciso que la educación y las costumbres estén reguladas por leyes, y así no serán penosas, habiéndose hecho habituales. Y no basta seguramente haber tenido la educación y vigilancia adecuadas en la juventud, sino que es preciso en la madurez practicar lo que antes se aprendió, y acostumbrarse a ello, y también para eso necesitamos leyes y, en general, para toda la vida, porque la mayor parte de los hombres obedecen más bien a la necesidad que a la razón, y a los castigos que a la bondad. [...]
           Pues bien, si, como se ha dicho, el que ha de ser hombre bueno debe ser bien educado y acostumbrado, y después vivir de este modo, entregado a buenas ocupaciones, y no hacer ni contra su voluntad ni voluntariamente lo que es malo, todo esto no será posible más que para los que vivan conforme a
cierta inteligencia y orden recto que disponga de fuerza; ahora bien, las órdenes del padre no tienen fuerza ni obligatoriedad, ni en general las de ningún hombre aislado, a menos que sea rey o algo semejante; en cambio,
la ley tiene fuerza obligatoria, y es la expresión de cierta prudencia e inteligencia. Además, los hombres suelen odiar a aquellos otros hombres que se oponen a sus impulsos, aun cuando lo hagan rectamente, mientras que
la ley no se atrae resentimientos al hacer el bien.
           Sólo en la ciudad de Esparta, o en pocas más, parece haberse cuidado el legislador de la educación y de las ocupaciones de los ciudadanos; en la mayor parte de las ciudades no se ha tenido cuidado alguno de estas cosas y vive cada uno como quiere, legislando sobre sus hijos y su mujer, como los Cíclopes. Lo mejor es, sin duda, que la ciudad se ocupe de estas cosas pública y rectamente; pero si públicamente se descuidan, parece que debe corresponder a cada uno encaminar a sus hijos y a sus amigos a la virtud, y el poder hacerlo, o al menos proponérselo».


KANT, Lecciones de Pedagogía, «Introducción», Ak IX 453-454:

«Uno de los mayores problemas de la educación es cómo puede reunirse el sometimiento bajo la coacción legal y la capacidad de servirse de la propia libertad. ¡La coacción es necesaria! ¿Cómo cultivo yo la libertad con la coacción? Debo acostumbrar al pupilo a tolerar la coacción de su libertad y, al mismo tiempo, enseñarle a usar bien su libertad. Sin esto todo se reduce a mero mecanismo y el “educado” no sabe servirse de su propia libertad. Tiene que sentir pronto la inevitable resistencia de la sociedad, para conocer la dificultad de controlarse a sí mismo [sich selbst erhalten], de prescindir [zu entbehren] y de adquirir [zu erwerben], para ser independiente.
          Aquí debe observarse lo siguiente: 1) que se deje al niño ser libre desde su primera infancia en todos los aspectos (con excepción de las cosas con las que se puede hacer daño, por ejemplo, si coge un cuchillo afilado), siempre que esto no ocurra de manera que se interponga en el camino de la libertad de otros, por ejemplo, cuando grita o se divierte de un modo escandaloso, pues así molesta a otros. 2) Hay que indicarle que él no puede alcanzar sus propios fines más que si otros le dejan también alcanzar sus fines, por ejemplo, si no se le da ninguna satisfacción, cuando no hace lo que se quiere, que debe aprender, etc. 3) Hay que demostrarle que se le somete a una coacción que le conduce al uso de su propia libertad, que se lo cultiva con
el propósito de que alguna vez pueda ser libre, esto es, para que pueda dejar de depender del cuidado de otros. Esto último es lo más tardío. Pues en los niños la observación llega después de que uno haya tenido que preocuparse, por ejemplo, de su manutención. Opinan que todo será siempre como en la casa paterna, donde obtienen comida y bebida sin tener que preocuparse de ello. Sin aquel tratamiento, los niños, especialmente de padres ricos, y los hijos de los príncipes, pasan la vida sin dejar de ser niños, como los
habitantes de Tahití. Aquí la educación pública tiene sus manifiestas ventajas, pues con ella se aprende a medir las propias fuerzas, a ser restringido por el derecho de otros. Aquí nadie disfruta de privilegios, porque por todas partes se siente resistencia, porque sólo de esa manera se advierte que se destaca por el mérito. La educación pública da la mejor proyección del futuro ciudadano».

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