BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

domingo, 9 de enero de 2011

La teoría unificada del universo de Nassim Haramein

   Una de las teorías más interesantes desarrolladas en los últimos años es la del físico Nassim Haramein. Se trata de una teoría unificada del universo, basada en los fractales, que mezcla elementos de la física estándar con aspectos tomados del esoterismo. Para unos, Haramein es un genio; para otros, simplemente un estafador, pero sus conferencias y escritos no dejan a nadie indiferente.
   En los enlaces:
* http://medicinacuantica.net/?p=1094
* http://deregresoacasa.wordpress.com/2010/01/01/nassim-haramein/
 puede encontrarse más información sobre su biografía y actividad, mientras que en el enlace: http://www.theresonanceproject.org/ se puede acceder al The resonance Project, con el que Haramein y un equipo de científicos afines trabajan -según ellos- para crear una nueva conciencia en la Humanidad. Seguidamente, os ofrezco algunas de sus tesis más importantes:
   La teoría del campo unificado de Nassim Haramein, basada en estructuras fractales que se repiten en todos los niveles del universo, y que aparecen en mitos y monumentos de todas las épocas (mito de Osiris, las pirámides de Egipto, México, etc.), recuerda en algún sentido la teoría junguiana de los arquetipos. Su idea de que cada individuo es una singularidad, un agujero negro, vinculado a otros agujeros negros, recuerda, asimismo, a la monadologia de Leibniz y a la noción de “armonía universal”; igualmente interesante es su propuesta según la cual hay vórtices que recorren toda la realidad, impulsados por la dinámica materia-vacío (yin-yang), o que en el centro del corazón humano hay una singularidad, un agujero negro que es el responsable de nuestra vida, y que desaparece tras nuestra mente (lo que explicaría el llamado “peso del alma”).
Haramein mantiene la naturaleza fractal del universo: todo se encuentra contenido en un punto (infinito dotado de infinita energía), singularidad originaria, de la que brota todo lo existente en el mundo físico; de este modo, todo está formado por una infinidad de puntos que se relacionan cada uno de ellos con todos los demás, mediante estructuras matemáticas fractales. Esas estructuras equivalen, de algún modo a los antiguos sólidos pitagóricos o platónicos (Haramein utiliza especialmente la esfera –símbolo de lo infinito- y el tetraedro –la figura geométrica más simple existente) que, combinados con el principio de polaridad, dan lugar a todo lo que existe en la naturaleza.
   Como puede verse, se trata de una nueva versión del Én Kai Pan (Uno y Todo), pero reducida al plano físico, que necesita de complemento metafísico o filosófico, sin el cual queda sin fundamento. Consciente de ello, Haramein habla de que ese infinito (que, como dijimos, concibe bajo el concepto de “agujero negro”) se encuentra también en nuestro interior, y por eso en la tradición se ha hablado siempre de que es en el interior del hombre donde se encuentra la verdad, y que es desde ese interior desde donde es posible conectar con la totalidad de los seres, con la totalidad del universo.
   La realidad sería el vacío, dotado de energía infinita, estructurado por fractales. Para Haramein, el vacío no está vacío, sino que es denso, lleno, porque todo irradia en el vacío, llenándolo.
   El universo se expande, al tiempo que el vacío se contrae al infinito (momento del Big-Bang), haciendo emerger toda la realidad de la energía procedente de la retroalimentación entre expansión y contracción. La parte expansiva es la radiación electromagnética y la contractora la curvatura espacio-tiempo, yendo hacia una singularidad, que se sitúa en el centro del sistema. La parte expansiva es la percibida como realidad (átomos, planetas, estrellas, irradiación de energía), mientras que la parte en contracción que no vemos, sería la energía del vacío, que engendra una singularidad. Así se relacionan electromagnetismo, gravedad y singularidad (agujero negro).
   Si el universo se está contrayendo y expandiendo, debe haber una geometría que refleje este proceso. Si las cosas se expanden desde un punto en el centro, han de hacerlo en forma de esfera. La contracción del vacío permite comprender los cimientos de la creación: es lo que crea y mantiene activas las cosas; la clave de la fuerza creadora. La geometría expansiva es esférica, mientras que la geometría del vacío supone colapso en la forma geométrica más pequeña posible: el tetraedro (tal como mantuvieron Pitágoras y Platón).
   Haramein señala como multitud de estructuras piramidales están alineadas exactamente con acontecimientos astronómicos. Para Haramein, esas civilizaciones conocían de algún modo el logos de la realidad, la geometría del vacío, la estructura fundamental de la que todo emerge, basada en la repetición de las relaciones entre lo más grande (esfera infinita) y lo más pequeño (tetraedro), que se inscribe en ella.
   La matriz isotrópica de vectores de Buckmeister Fuller 9/8, es el mapa matemático fundamental del universo (10 tetraedros de base, 6 en medio, 3 arriba, y luego 1 formado un tetraedro gigante. Dentro de él se encuentra el octaedro, donde se encuentra la pirámide. Dado que el universo está polarizado, debe haber dos matrices isotrópicas de vectores, reflejándose mutuamente. Cuando se introduce una matriz isotrópica de vectores en otra, se genera una esfera en equilibro; se trata de una estructura “macho-hembra”, que, juntándose, da lugar a un nuevo punto central, un nuevo ser. Desde la singularidad central, aparecen 12 vectores positivos y 12 negativos, con la singularidad en el centro (Emmanuel). Surge así la red de 164 tetraedros, equilibrados en el centro: una estructura fractal, que crece hasta el infinito. Los fractales son octaedros perfectos: la estructura del vacío. Así encontramos equilibrio hasta el infinito, desde lo infinitamente grande a lo infinitamente pequeño. Una matriz fractal 3 D, que genera expansión y contracción.
   La geometría fractal tetraédrica es el secreto que permite encajar el infinito en un espacio finito.
   Haramein presenta, así, una teoría física del campo unificado, que abarca con sus estructuras fractales tanto el mundo físico como el biológico. Se trata de un sistema fractal que abarca toda la realidad física, y basado en la proporción áurea 1,618… (el número phi), y que emerge de la estructura del vacío, rigiendo toda la realidad. La realidad, la naturaleza, retrata, por así decirlo, la estructura del vacío.
   Vivimos, según esto en un agujero negro; por eso la noche es oscura: la luz se contrae hacia la singularidad. Dentro de él hay otros agujeros negros: átomos, estrellas, galaxias: son agujeros negros de diferentes escalas (es lo que Haramein llama la ley de la escala). Con ella reconstruye, de algún modo, la antigua idea de “la gran cadena del ser”, que une e macrocosmos con el microcosmos, conectados entre sí por la proporción áurea phi. Nosotros nos situamos en el límite, en el horizonte de sucesos entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño (idea que resultaría cara a Eugenio Trías, o que coincide con la mía, según la cual el hombre se sitúa en la frontera entre la luz material y la luz espiritual).
   La geometría del colapso genera, pues, todas las escalas de la dinámica de los agujeros negros, siendo cada límite una resolución de la geometría fractal, que va desde el universo hasta las partículas subatómicas.
   A mi entender, esas estructuras de las que Haramein habla, en el ámbito espiritual, aparecen, ya no como simples estructuras físicas o biológicas, sino como símbolos del mundo ideal superior, que también funcionaría “fractalmente” –si queremos emplear su terminología, válida en realidad sólo para el mundo físico-, pero en un plano inmaterial: por este motivo, los símbolos de la tradición suelen tener carácter geométrico. Dichos símbolos tienen aplicación, en su nivel más bajo, a las estructuras físicas y biológicas, pero luego continúa su expresión en el plano superior de las estructuras espirituales.
   Así, Haramein muestra cómo dentro de las células del embrión se produce la división en 2, 4, 8, 16, 32…, hasta llegar a 64 (6+4=10), donde comienza a producirse una diferenciación de las mismas, para formar los distintos órganos, siguiendo siempre una estructura fractal, dominada por polos opuestos.
   La realidad es, pues, el vacío contemplándose a sí mismo, aprendiendo de sí mismo. La retroalimentación entre lo interno y lo externo es lo que impulsa todas las fuerzas del universo, que Haramein reduce a dos: gravedad y electromagnetismo, y el feed-back entre ambas.
   Todo está, según su teoría, interrelacionado en el universo: no hay sistemas aislados, pues los fractales relacionan todos los sistemas del universo unos con otros. Cada sistema existe para que existan los demás. No hay caos, sino diferentes niveles de organización que siguen distintos niveles de geometría fractal. Se trata, además, de una teoría del campo que es determinista (porque se basa en formas geométricas simples), pero a la vez indeterminista (pues existe un infinito progreso en las mismas).
   Nassim Haramein mantiene que la estructura del vacío es tetraédrica: ésa es la dinámica del espacio que crea la realidad. La parte en contracción es tetraédrica; la parte en expansión, esférica.
   Las esferas interactúan, creando estructuras lobuladas, en forma de “pétalos” (correspondientes a las nubes electrónicas o a las ecuaciones de probabilidad de los electrones).
   En el universo, todo son vórtices: las ondas, el movimiento de los planetas alrededor del sol, que se mueve en la galaxia…: espirales. Así es como se organiza el tiempo: por eso está compuesto de momentos distintos, ya que cada punto de la espiral es distinto a los demás. El tiempo es espiral, no circular. Así, cada punto del espacio-tiempo por el que nos hemos movido, ha dejado una huella (esto nos permite, en el plano psicológico, retroceder en el tiempo, y localizar momentos importantes de nuestras vidas). Asimismo, esta estructura vorticial permite comprender la dualidad onda-corpúsculo (teoría de las cuerdas de Haramein).
Nuestro planeta se mueve alrededor del Sol; y éste lo hace alrededor de la galaxia, la cual se mueve orbitando un círculo de galaxias; el círculo orbita uno mayor, que da vueltas al universo, el cual es una espiral más grande, que da vueltas a un multiverso, y así hasta el infinito. Ahora bien, en un fractal infinito de rotación, cada punto es el centro; de manera que cada individuo constituye el centro del universo, y lo observa desde él. Ése punto se convierte en un punto inmóvil, porque todos los spins del universo se cancelan en él, creando quietud. Así es como se producen las singularidades, siendo cada una de ellas el punto en el centro de nuestra experiencia del universo: es el punto inmóvil desde el cual lo contemplamos.
   Así pues, el universo tiene una estructura fractal, y lo observamos desde nuestro punto central particular: nuestra singularidad.
   En el centro de la singularidad, ya se trate de una galaxia, del centro del sol, etc. hay quietud y frío. Todo lo que está en el exterior de ese centro es la parte que irradia, y la que observamos del universo, porque se encuentra en rotación.
   De aquí concluye Haramein que, como el centro del Sol es un agujero negro, una singularidad conectada con otras singularidades del universo, una civilización que utilizase una tecnología basada en fractales, podría utilizar el centro de los soles para viajar a través del universo.
   La teoría, aparentemente original de Nassim Haramein, no es sino una variante contemporánea del pitagorismo, del platonismo, de la filosofía del primer Schelling, o de la psicología analítica de Jung; porque, ¿qué hay detrás de las singularidades y agujeros negros que este físico sitúa en el origen de la realidad, sino estructuras ideales, metafísicas? ¿No consideraban ya estos filósofos la matemática como mediadora entre las ideas y la materia? Con todo, Haramein tiene dos méritos (y, dada la penuria de nuestra época, no son pocos, ciertamente): resucitar este pensamiento “perenne”, y mostrar que la física contemporánea puede apoyarlo.
   Haramein muestra cómo las estructuras geométricas fractales organizan la materia; pero su problema, a mi juicio, es que se queda ahí: no ve la metafísica que hay detrás de sus propias teorías, ni cómo esas estructuras, entendidas como símbolos, juegan un papel decisivo en la organización del mundo espiritual. Pero, sin duda, el camino que ha recorrido es tan importante como sugerente.
   Seguidamente, os presento la larga conferencia que podéis encontrar en Internet, ofrecida por Haramein en La Rogue Valley Metaphysical Library en 2003:



2 comentarios:

  1. EL UNIVERSO EN MI ESPIRITU,
    MI ESPIRITU EN MI ALMA,
    MI ALÑMA EN MI CUERPO,
    MI CUERPO EN MI CUARTO,
    MI CUARTO EN MI CASA,
    MI CASA EN EL TERRENO,
    EL TERRENO EN LA MANZANA,
    LA MANZANA EN EL BARRIO,
    EL BARRIO EN LA CIUDAD,
    LA CIUDAD EN EL DISTRITO,
    EL DISTRITO EN LA PROVINCIA,
    LA PROVINCIA EN EL PAIS,
    EL PAIS EN EL CONTINENTE,
    EL CONTINENTE EN EL PLANETA,
    EL PLANETA EN EL SISTEMA SOLAR,
    EL SISTEMA SOLAR EN LA GALAXIA,
    LA GALAXIA EN EL UNIVERSO, EL UNIVERSO EN MI ESPIRITU,
    MI ESPIORITU EN MI…

    ResponderEliminar
  2. Estimado amigo: Ése es el sentido de la conferencia, sin duda. Gracias por la atención prestada.

    ResponderEliminar