BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

domingo, 7 de noviembre de 2010

Un valor por descubrir: los escritos sobre estética y arte de Luis Peñalver Alhambra

Los antiguos veneraron, sobre todo, la amistad, muy por encima del amor; y aunque Aristóteles se quejaba ante sus amigos, diciéndoles que en esta vida "no hay amigos", yo puedo atreverme a contradecir al Estagirita, y decirle que sí hay amigos y amigas: yo, por lo menos, los he tenido, dentro del margen de imperfección que acompaña a todo lo humano. Y entre ellos ocupa, sin duda, un lugar muy especial Luis Peñalver Alhambra, el Toledano.
Toda iniciación requiere un maestro y un lugar de iniciación; y Luis y su ciudad, Toledo, fueron los míos. Pues ambos forman una unidad indisoluble, de manera que, para mí, pensar en Luis es pensar en Toledo; y pensar en Toledo me lleva, invitablemente, a imaginar su alta figura -tan alta como sus pensamientos-, paseando meditabunda por sus calles. Allí, en esa ciudad milenaria y laberíntica (todo lo milenario tiene algo de laberíntico, mientras que lo reciente, moderno, suele ser plano, uniforme e insípido), escuela de magia y crisol de la sabiduría esotérica del pasado, fue donde alcancé una serie de intuiciones, sin las cuales mi mente habría continuado siendo lo que hasta aquel momento había sido: puro receptor de contenidos sin vida, de acusmos vacíos de espíritu; de manera que fue mi amistad con Luis Peñalver, así como las largas conversaciones que con él mantuve -acompañadas, desde luego, con copiosas libaciones, en honor de esos dioses que la humanidad actual niega casi visceralmente-, las que me hicieron "despertar", y renacer a una vida diferente, más plena.
Luego, separados por muchos años -en cuerpo, que no en alma-, esas intuciones maduraron en mi interior, y me permitieron acceder a un mundo superior, nuevo y mejor, que conectaba con la más profunda tradición filosófica del pasado (una tradición que nada tiene que ver con los dogmas de la filosofía académica "oficial"). Desde entonces, vuelvo una y otra vez a su ciudad, a Toledo -como vuelvo al Escorial, a la Granja o a Córdoba, otros de mis lugares "sagrados"-, en busca de ese camino que promete conducirme a lo más alto..., y también, a la vez, a lo más profundo.
Pero Luis Peñalver no solo es un gran conversador, sino que también escribe mucho y muy bien; demasiado bien para una época que todo lo hace aprisa, y casi siempre mal, como la que nos ha tocado vivir. Yo he tenido la suerte de leer sus libros, y me gustan muchísimo. Son escritos que versan, aparentemente, sobre estética o teoría del arte; pero a mi juicio son algo más: representan caminos hacia algo inefable, que siempre transparece en ellos, pero que, cuando creemos haberlo alcanzado, se nos escapa: porque se trata de la verdadera sabiduría, que sabemos está ahí, pero nos sentimos incapaces de alcanzar. Con su verbo ingenioso, paradójico, a veces barroco, que recuerda a las greguerías pictóricas de su amado Bosco, a las contorsiones espirituales de su conciudadano, el Greco, o las fantasías grotescas de su admirado Quevedo, Luis Peñalver nos hace sentir que estamos tocando con los dedos el misterio, que hemos acertado al fin con la clave del arte y la belleza; pero cuando acabamos de leer sus libros, nos damos cuenta de que algo nos queda por entender, que la cosa no era tan sencilla, que, en suma, no hemos sido capaces de hallar aquello que buscábamos; y nos vemos obligados a leerlos de nuevo, igual que, en el mismo momento en que abandonamos su ciudad, Toledo, nos sentimos incómodos, porque nos ha quedado algún monumento, algún pasadizo, algún relieve misterioso por visitar...; y nos damos cuenta de que tenemos que volver, volver lo más pronto posible...; porque ambos, escritos y ciudad son, por igual, inagotables.
¿Queréis comprobarlo? Ahí van los títulos de algunos de sus libros ya publicados, que vivísimamente os recomiendo -sé que hay otros, como uno magnífico sobre Borges, o sobre los pintores que han recreado los paisajes de Toledo, que aún no han visto la luz, porque en este desventurado país nuestro no hay dinero más que para el deporte y la jarana idiotizadora, y nunca para el auténtico talento, que aquí se agosta siempre, si es verdadero, y no está dispuesto a venderse-: Leedlos y disfrutad de ellos, como los he disfrutado yo: despacio, sin atosigarse, como se disfrutan las buenas obras de arte, un buen viaje, el buen yantar y beber, y, sobre todo, los buenos amigos.


* De soslayo: una mirada sobre los bufones de Velázquez, Fernando Villaverde ed., 2005.


* Don Quijote: la escritura y la muerte, Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Alcalá de Henares, Madrid, 2008.


* Los monstruos del Bosco, Consejería de Educación y Cultura de Castilla-León, 1999.


* El bosco en Toledo. Gregería sobre los demonios del arte, Almud ediciones, 2009.

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